“Hay que tener paciencia, tiempo y dinero”

Cristina tiene 40 años y hace sólo seis que le diagnosticaron la celiaquía, una enfermedad que ella, hasta ese momento, desconocía. Es una más de las miles de personas celíacas que son diagnosticadas en la adultez. Cuando le detectaron la enfermedad se cuidaba “a rajatabla” y seguía estrictamente la dieta libre de trigo, avena, cebada […]

Cristina tiene 40 años y hace sólo seis que le diagnosticaron la celiaquía, una enfermedad que ella, hasta ese momento, desconocía. Es una más de las miles de personas celíacas que son diagnosticadas en la adultez. Cuando le detectaron la enfermedad se cuidaba “a rajatabla” y seguía estrictamente la dieta libre de trigo, avena, cebada y centeno (Tacc). Sobre todo cuando estuvo embarazada, ya que conocía que los abortos espontáneos son una de las consecuencias más frecuentes de su enfermedad. Sin embargo, ahora no se cuida tanto. “Hay que tener paciencia, tiempo y dinero”, asegura. Sabe que es un riesgo, pero afirma que en las condiciones actuales es desgastante llevar una dieta libre de gluten.

“Durante el primer tiempo me cuidé , pero después ya no, porque cansa. Es como si todos los meses me tuviera que comprar un remedio que sale 200 pesos. Es todo muy caro. Compro productos para una semana, sólo para mí, y gasto entre 60 y 70 pesos. Si los alimentos estuvieran rotulados sería mucho más fácil porque por ahí hay alimentos que puedo consumir pero no lo sé por la falta del logo que indica que no tiene gluten”, cuenta.

Al momento de detectarle la enfermedad, Cristina padecía diversos problemas intestinales que desaparecieron al dejar de consumir alimentos con los cereales Tacc. Confiesa que al no tener síntomas, se cuida menos. “Si tuviera diarrea o me doliera la panza me cuidaría más. Por eso este año tuve altibajos, a veces me cuido, a veces no”, reconoce.

Cristina tiene dos hijas y sabe que los familiares de primer grado tienen un alto porcentaje de probabilidad de tener la enfermedad. Sin embargo, asegura que “gracias a Dios” su hija mayor no es celíaca. Para hacerle los estudios a la menor, que sólo tiene un año y medio, habrá que esperar 12 meses más. Pero no está preocupada. “Por lo que veo no tiene celiaquía porque crece, es gorda, grandota y alta y en los chicos te das cuenta cuando son celíacos porque no crecen”.

Su caso es bastante extraño. La enfermedad celíaca es un mal genético, pero en su familia no hay ningún otro enfermo. Luego de que se la diagnosticaran, todos sus parientes se realizaron estudios y en ninguno aparecieron señales de celiaquía. Cristina considera que “a lo mejor alguno es portador de celiaquía, pero no padece la enfermedad”.

AUNO 19-06-08 CL/EV

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