Funciona en Lomas el único centro del país que estudia modalidades del consumo de alimentos

Los investigadores del Centro de Estudios del Sistema Agroalimentario, que depende de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNLZ, destacan la importancia de conocer el comportamiento de los consumidores para diseñar políticas productivas.

Martín Silles

El Centro de Estudios del Sistema Agroalimentario (CEAgro), dependiente de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, es el único organismo del país que se ocupa de estudiar el comportamiento de los consumidores de alimentos, y de proveer información para diseñar políticas productivas, destacan sus responsables. “Si no se estudia el consumo para poder aumentar la producción de alimentos que se utilizan habitualmente vamos por mal camino, ya que vamos a seguir exportando pero también vamos a seguir teniendo desnutrición”, advirtió el director adjunto del CEAgro, José María Aulicino.
El investigador puso el ejemplo de países desarrollados, como España, donde “hay un ministerio de sanidad y consumo con siete mil quinientas familias monitoreadas de manera constante, por lo que cualquier cambio de hábitos o consumo se refleja de manera muy rápida”. “En cambio nosotros estamos en un estado primigenio y tampoco las empresas quieren colaborar”, afirmó.
Al respecto, la investigadora María Viola, integrante del equipo, consideró que “la Argentina necesita considerar sus formas de consumo interno para poder competir en el mundo, es decir que, no puede desconocer lo que ocurre a nivel local.” Esto es así dado que los productores prefieren exportar los productos más cotizados en el mercado internacional, con lo cual se podría derivar en un desabastecimiento y aumento de precios en el mercado interno.
En cuanto al consumo de productos elaborados con carnes, como las hamburguesas o las empanadas, “el estudio determinó que existen algunos elementos que generan desconfianza en los productos elaborados y no en los frescos, por la presencia de conservantes y la creencia de que no es la mejor carne la que se utiliza para la elaboración de esos productos”, señaló Viola.
Según los estudios de CEAgro, al momento de la compra, en el consumidor “hay una ‘negociación’ entre la practicidad de un producto elaborado para personas que están mucho tiempo fuera del hogar por su trabajo, y la condición de ‘saludable’ que se le atribuye al producto fresco.
La investigadora plantea que, según los estudios realizados, la gente “sabe que estos alimentos pueden tener riesgos para la salud y por eso estamos frente a dos modelos de alimentación, uno natural, basado en carne fresca, donde la cadena de valor se da desde la faena y termina en la carnicería y otra basada en la conservación del producto a través de una elaboración de un alimento listo que va a góndola con una cierta cantidad de conservantes, con un determinado tiempo de vida. Ante eso, muchas veces el consumidor prefiere la practicidad frente a la frescura del producto fresco”.
Viola, además de ser Ingeniera Agrónoma y Zootecnista tiene una maestría en Política y Gestión de la Ciencia y Tecnología de la UBA, una Diplomatura en Suficiencia de Investigación de la Universidad Politécnica de Valencia (España).
El trabajo del equipo que integran Aulicino y Viola se inició hace once años.
“En 1997 empezamos a trabajar con este nuevo concepto de Sistema Agroalimentario porque creíamos que había que ver que era lo que había fuera de la tranquera”, explicó el director adjunto a AUNO
Los investigadores intentan responder cómo producir el alimento necesario para los 11 mil millones de habitantes que tendrá el mundo entre 2060 y 2080. La pregunta no es ociosa ya que la Argentina viene ocupando el rol —y lo seguirá haciendo— de proveedora de alimentos.

“Estar en una parte del sistema agroalimetario permite descubrir las necesidades de la gente y eso es a lo que nos dedicamos nosotros porque los cambios en el consumo involucran a mucha gente”, afirmó Aulicino. En el CEAgro trabajan, además de ingenieros agrónomos y zootecnistas, biometristas, licenciados en matemáticas, en comunicación , psicología y, desde hace poco, psicopedagogas.
El investigados explicó que, desde los resultados de sus investigaciones se ve como “las verduras y hortalizas siempre fueron olvidadas y la conducta alimentaria, desde el año 1998, cuando comenzamos nuestra investigación, fueron cambiando: como el ama de casa trabaja y tiene poco tiempo, debe resolver el tema del alimento de la forma más eficaz posible en muy poco tiempo pero satisfaciendo los requerimientos de todos los integrantes de la familia”.
“Entonces –sostiene Aulicino— aparecen lo que llamamos alimentos de conveniencia, aquellos que la gente sabe que no son lo mismo pero son rápidos, y como ejemplo decimos que si se pregunta a alguien si ¿es lo mismo hacer un jugo de naranja de sobre que uno exprimido? todos contestan que el exprimido es mejor pero tomamos el otro porque es rápido.”
El equipo también investigó el consumo de los denominados productos de cuarta generación, es decir los alimentos termoprocesados (bandejitas con verduras cortadas ya listas para cocinar o consumir). “Nos encontramos con que a muchas personas no les importa pagar cinco o seis veces más antes que ponerse a cortar las verduras: hace un tiempo descubrimos que cuatrocientos gramos de lechuga embolsada cuesta lo mismo que ochocientos de la que esta suelta en una verdulería pero la gente la paga”.
Acerca de las diferencias entre nutrición y alimentación, Aulicino expresó: “Si a una persona que está necesitada de nutrición se le da soja, no va a saber qué hacer, porque no es considerada alimento. Entonces el alimento es una concepción social que pasa primero por el cerebro y después por el estómago: si no es aceptado por el cerebro nunca será aceptado en nuestro estomago”.
Sobre la variación alimenticia de nuestra sociedad, señaló que “hay producciones exitosas que no son consideradas alimentos, por ejemplo la carne de conejo, que se consume muy poco porque el animal es considerado una mascota”.
Aulicino se pregunta también cómo se llevarán a cabo políticas de producción si no se tiene la base para sustentarlas. Y responde que en nuestro país “la política para este tema es la no política”. “De esa manera nunca se puede llevar una perspectiva a futuro como país, como sí lo hacen Uruguay, Brasil o Chile”.
Respecto del financiamiento del trabajo del CEAgro, en investigador destacó que “ese es nuestro problema, ya que los recursos son totalmente propios, incluso los encuestadores son alumnos de la Facultad: lamentablemente los niveles políticos de decisión están ocupados en otras cosas porque hoy el consumo no es una preocupación”.

AUNO 19-08-08 MS-EV

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