Poemas de una militante víctima de la dictadura

Raquel Camps editó “Hubiera querido”, un trabajo que reúne todos los poemas y versos que escribió du madre, Rosa María Pargas, militante montonera detenida y desaparecida durante la última dictadura cívico-militar.

Marina Pandolfi

Lomas de Zamora, octubre 9 (AUNO).- Con el gimnasio lleno de alumnos y docentes, Raquel Camps, hija de Rosa María Pargas, detenida-desaparecida durante la última dictadura cívico-militar, presentó en el ENAM de Banfield el libro “Hubiera querido”, una compilación de poemas y versos que su madre escribió dentro las celdas del penal de Rawson, donde estuvo presa durante los fusilamientos de 1972, y en el centro clandestino El Vesubio, donde fue vista por última vez en 1978.

“Hubiera querido traspasarte/ hasta diluirme en tu sangre somnolienta,/ y conocerme al revés,/ y salirme/ y verme al verte. (…) Hubiera querido tantas cosas, dije/ y no me alcanzó el tiempo”, dice uno de los versos que Rosa María escribió pocos días después de la “Masacre de Trelew” desde su celda, cuando todavía pensaba que su compañero Alberto Camps había sido muerto junto con otros 19 presos políticos durante los fusilamientos del 22 de agosto de 1972, luego de un intento de fuga.

Rosa María Pargas nació en Gualeguaychú, Entre Ríos, en 1949. A los 20 años viajó a La Plata para estudiar Sociología, luego decidió trasladarse a Buenos Aires para continuar su carrera y fue allí cuando comenzó su militancia en distintas agrupaciones políticas de la izquierda peronista. En 1972 fue detenida por primera vez en el barrio porteño de Flores y traslada al penal de Rawson, donde conoció a quien sería de ahí en más su compañero tanto de militancia como de vida, Alberto Camps.

En 1973, tras la amnistía del gobierno de Héctor Cámpora que otorgó libertad a todos los presos políticos, ambos decidieron exiliarse en Perú, México, Italia y París. No obstante, al poco tiempo regresaron al país en forma clandestina para sumarse en las filas de la agrupación Montoneros. Tuvieron dos hijos y vivieron en Banfield, sobre la calle Beltrán al 400.

Su vida transcurrió normalmente hasta que el 16 de agosto de 1977, mediante un operativo parapolicial, Alberto Camps fue asesinado y Rosa María fue secuestrada. A través de relatos de testigos, el último lugar donde se la vio con vida fue “El Vesubio”, centro clandestino de detención ubicado en el partido de La Matanza.

LAS PALABRAS QUE NO SE PERDIERON
Para Raquel, la idea de recopilar los poemas en un libro no fue casual. “A mí me parece que mi mamá escribía muy bien y por eso se me ocurrió hacer un libro casero, digamos, para tenerlo en familia”, contó. Hasta el 2008, Raquel presentaba los poemas de su madre en forma ocasional. Ese año, mientras estaba en la muestra “Para la libertad. Cárcel y política 1955-1973”, en el Museo del Arte de la Memoria de La Plata, se le acercaron Julián Axat y Juan Aiub, dos jóvenes también hijos de desaparecidos que se ocupan de rescatar todo tipo de versos y poemas escritos por las víctimas de la represión ilegal en la dictadura, y le propusieron publicar el libro que finalmente salió a la venta en 2011.

“Estuvimos tres años hasta sacar el libro. Ver toda la poesía que había escrito mi mamá fue muy fuerte, y más cuando encontré un CD con unos versos que ella misma había grabado junto a mi tío. El momento de escucharlo fue terrible: uno escucha la voz de la madre cuando está en el vientre, y yo no tenía recuerdos de eso, así que escucharla fue como volver, de cierta manera, al vientre de mi madre”, recordó Raquel.

Cuando las fuerzas parapoliciales irrumpieron en su casa, Raquel Camps tenía once meses. Hoy tiene 36 años y fue reconstruyendo tanto su identidad como su vida a través de anécdotas y recuerdos contados por terceros. “Mi viejos eran muy jóvenes y pasaron la mayor parte de su vida en la militancia” dijo a AUNO, mientras daba una pitada al cigarrillo y la ceniza caía al suelo. Con pesar, agregó: “A eso hay que sumarle que mis abuelos no hablaban del tema, entonces la historia de mis viejos estuvo vedada durante muchos años para mí. Las palabras ‘mamá’ y ‘papá’ hace ocho años que las empecé a decir. Antes no sabía nada, en mi casa no tenía fotos de mis viejos”.

Alberto Camps era jefe de la zona sur de Montoneros y también fue uno de esos militantes que, según describió Raquel, cuando volvieron al país tras el exilio tenían la convicción de “ganar o morir”. En la actualidad, Raquel es delegada del gremio de judiciales de la Ciudad de Buenos Aires y milita en una agrupación del colectivo de HIJOS y contó que “siempre están esas personas que te cuentan maravillas de tus padres, pero vos también lo tenés que humanizar, ¿entendés? Tenés que tener ese momento en que les reprochás cosas como cualquier hijo a su padre, para poder sacarlos del papel de héroes. Es necesario para saber quién sos”.

No fue sino a través de las cosas materiales, “esos tesoros” como ella los define, que pudo recuperar su historia. También, fue por medio de este libro que pudo rescatar las cosas más cotidianas que le permitieron hacer su duelo. Ya con caída la noche y antes de que cayera la última ceniza de su cigarrillo, Raquel reflexionó: “Para mí, este libro es la reconstrucción de mi madre para sacarla de la desaparición. Tanto a ella como a mí, porque durante mucho tiempo sentí que yo no sabía quién era, que yo también estaba desaparecida”.

MP-AFD-EV
AUNO-09-10-12

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