Del tipo que fallaba tiros libres al presidente de los socios

Perfil de Hernán Lewin, el dirigente que marcó un antes y un después en la historia de Temperley.

Manuel Rodríguez

Lomas de Zamora, noviembre 2 (AUNO).- Todavía es demasiado prematuro para decir qie Hernán Lewin puede haber sido el mejor presidente de la historia de Temperley. Seguro es el nombre más importante desde la resurrección de la quiebra. Es también un ejemplo más de la desprotección que tienen los clubes ante cualquiera que se atreva a decir “esto es mío porque sí”. También es un hincha reciente que abrazó los colores de grande y aprendió a querer a ‘Celeste’ malogrando tiros desde la línea de foules.

Hace casi una década, en 2007, el básquet masculino del ‘Gasolero’ deambulaba por la Primera C de Capital Federal con un equipo de jugadores formados en el club y algún que otro recién llegado. En ese segundo grupo estaba Lewin. Alto, flaco y con un recorrido deportivo similar al de cualquier federado metropolitano. Ninguna distinción.

Su reciente mudanza al Sur del Conurbano bonaerense en compañía de la que era su esposa lo hizo recalar en una institución que atravesaba un momento difícil, tal cual lo dicta la mayor parte de su historia reciente. Pero ninguno parecía tan difícil como el que empezaba a atravesar Hernán con una larga enfermedad que padecía su hijo, Lautaro.

El básquet era una buena forma de despejar la mente para el empresario de turismo estudiantil que cambió San Isidro por Temperley. Sin embargo, dentro de la cancha, la figura de basquetbolista de Lewin se desdibujaba entre jugadas no resueltas y un porcentaje de tiros libres para el olvido.

No hubo caso en todo el año: el nivel de Lewin fue bajo y del equipo en general también y el ‘Cele’ cerró otra temporada pobre en un básquet de pocas aspiraciones, reflejo del fútbol y el momento del club por esos días.

El primero en darse cuenta cuál era su lugar fue él mismo, de la mismas forma que se dio cuenta de su nueva pasión. Dejó el parquet y se dedicó a la gestión. En principio reunió un grupo de trabajo, personas que toda su vida hicieron lo que pudieron por el deporte de la naranja en el club, los potenció (una de sus habilidades más destacadas) y armó un plantel con aspiraciones y hasta exjugadores profesionales. Los resultados no se dieron y aprendió de sus errores para llevar al equipo tan sólo a la Primera B capitalina.

Un año más tarde, con un proyecto consolidado, fue por más y llegó a lo más alto del básquet regional. Con el mismo esquema, en 2012 se quedó con la espina clavada de pelear una final para llevar a Temperley a los planos nacionales, pero ese año presentó desafíos más importantes.

En medio de la crisis institucional generada por Mauro Morrone, un grupo de socios lo convocó para que tomara las riendas del club y evitar una segunda quiebra. Tuvo sus dudas y las consultó con cada ‘Celeste’ que conocía, lo siguieron buscando y lo encontraron. Decidió ser el presidente.

El éxito del básquet lo impulsó, pero el nuevo desafío poco tenía que ver. Otra vez se valió de un equipo, una centena de socios enfermos dispuestos a poner de sí todo lo que tuvieran y muchos más preparados para asegurar que “el club es de los socios”.

Parado frente a la línea de tiros libres más importante de su carrera en la gestión tomó una bomba de tiempo con pocos segundos en el contador, flexionó las rodillas, la picó y se irguió con gesto técnico prolijo y la bola chasqueó con la red.

Temperley creció por donde se lo mire: en gente, en niños jugando, en logros, en sueños, en alegrías, en deportes, en infraestructura, en participación, en vida, en socios y Hernán fue el presidente de esos socios. Lo de Lewin no fue un tiro libre ni un doble ni un triple, fue pedazo inmenso de historia que no se puede borrar, de esas que los ‘Gasoleros’ más jóvenes les contaremos a nuestros hijos cuando pregunten por qué tal tribuna lleva ese nombre.

Lo que no queremos contarle a los que nos sucedan es la de un club que lo perdió todo a manos de los mafiosos que hicieron de la “pasión” un negocio sostenido en la violencia, la de un deporte cada vez más podrido.

Eso está en manos de todos. Soñamos un club familiar, en crecimiento y abierto y Lewin nos convenció de que “somos capaces de lograr lo que somos capaces de soñar”.

AUNO 02-11-16
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