Cuando el hospital deja de ser un manicomio

El Hospital Neuropsiquiátrico José Esteves aplica un programa que une actividades comunitarias y tratamientos de recuperación: permite la externación y resocialización de pacientes con problemas sociales. Unas setenta personas conviven en catorce casas alquiladas por el Ministerio de Salud de la provincia. “Mucha gente ingresa por loca y se queda por pobre”, sostuvo su director.

Martín Silles

Unas setenta pacientes del Hospital Neuropsiquiátrico José Esteves, de Temperley, lograron ser externadas y conviven en catorce casas alquiladas por el Ministerio de Salud, en el marco del Programa de Rehabilitación y Externación Asisitida (Prea). Se trata de una propuesta terapéutica que apunta a evitar internaciones prolongadas y promover la resocialización de las internas. “Acá, mucha gente ingresa por loca y se queda por pobre porque están desamparados. Para ellos, tiene que haber una activa política social”, enfatizó el director del hospital, Julio Ainstein.

“El proyecto que tenemos es tratar de evitar la mayor cantidad de internaciones posibles trabajando con las guardias, consultorios externos y hospital de día, o en el caso de que la internación sea necesaria, tratar de que sea por el menor tiempo posible, porque, la idea es que las pacientes vuelvan pronto con sus familias o a la comunidad”, dijo Ainstein a AUNO.

El Estéves, que cumplió cien años el 26 de septiembre último, tiene un promedio de 900 egresos anuales sobre un total de 1200 internaciones. “Hay unas trescientas personas, que hace muchos años que están internadas por algún tipo de dependencia institucional y que, posiblemente, no puedan salir del hospital por causas sociales: se trata de personas pobres, sin familia o bien abandonadas por sus vínculos más directos”, explicó Ainstein.

“Trabajamos para darles a los pacientes la dignidad que se merecen: estoy orgulloso porque este hospital no tiene olor a manicomio y eso se logra porque hay consenso entre mucha gente para que las cosas funcionen y se hagan bien”, enfatizó el director.

Ainstein explicó que el hospital dejó de lado el modelo tradicional de asistencia en salud mental, por el que los pacientes estaban aislados durante semanas. “La idea es que la internación no sea por tiempo indeterminado porque, a diferencia de lo que pasaba hace cien años, hoy contamos con un trabajo en equipo de las distintas disciplinas que conforman un equipo terapéutico, también hay psicofármacos que antes no existían, las psicoterapias de orientación a las familias y además hay una orientación en políticas de Estado que sirve para que a las personas vulnerables se les promueva su reinserción social y su no institucionalización”, argumentó.

Con ese fin, el hospital cuenta con dos herramientas: por un lado, el Programa de Rehabilitación y Externación Asistida” (PREA) y por el otro, el “Vuelta a Casa””.

“El PREA es un programa por el cual las pacientes que están en condiciones de recuperar su vida normal comienzan a readaptarse a la vida cotidiana y enfrentar situaciones que, para alguien que no pasó por una institución de este tipo, pueden ser sencillas como, por ejemplo, cambiar una bombita de luz, pero que, después de estar internada en una Institución psiquiátrica, puede plantear dificultades”, precisó Ainstein. En este programa hay 14 casas en las que viven 70 mujeres

Por otra parte, otras 30 pacientes transitan por los talleres previos a la salida, preparándose para egresar del hospital y convivir en grupo en las viviendas alquiladas por el Ministerio de Salud provincial.

El “Vuelta a Casa”, en tanto, tiene como finalidad ayudar a los familiares de las personas externadas para que puedan hacer frente a los gastos de la vuelta de las ex pacientes.

El PREA se inauguró en 1999 y la primer casa se habilitó en el año 2000. El programa implica un dispositivo intrahospitalario de capacitación en las actividades de la vida diaria, como poder manejar pequeñas cantidades de dinero o higienizarse solas.

“Son talleres que permiten fortalecer las capacidades que nos permiten vivir en sociedad, retomar estudios y capacitación laboral”, dijo el director. “Gastamos en promedio, 700 pesos en el alquiler de cada casa”, comentó.

“Hay muchas personas que permanecen en el hospital aunque no necesitarían estar internadas porque tienen estabilizado el cuadro por el que ingresaron y muchas podrían vivir en las casas de convivencia o con sus familiares o cuidadores”, sostuvo Ainstein

Otra particularidad que tiene el PREA es el Dispositivo de Visitas Domiciliarias, que consiste en “un grupo de personas que integran la comunidad que hizo cursos de capacitación para visitar a los pacientes y ayudarlos a recuperar los hábitos de vida cotidianos que comenzaron a recuperarse acá con talleres previos a la integración domiciliaria”.

Ainstein, quien además fue director del Esteves ente 1992 y 1994, recordó que en el hospital se produjeron algunos hitos, como “en 1969, cuando funcionó un Centro Piloto que comenzó a trabajar con el concepto de Comunidad Terapéutica, es decir, una relación no autoritaria entre los pacientes y los profesionales, una experiencia de avanzada en todo el país que tuvo como referente a Mauricio Goldemberg”. Esa experiencia quedó trunca durante la dictadura pero se retomó en los ’80, con la vuelta a la democracia.

AUNO 16-10-08 MS/EV

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