Crónica de un hospital marginal

Funciona hace 50 años en Budge, a cuadras del Riachuelo. Buena parte de sus profesionales son residentes y recién egresados, porque pocos quieren hacer carrera allí. Hay veces que la falta de insumo es tal que la situación lleva a los médicos a recurrir al trueque: cambian agujas por agua oxigenada con otros centros de salud. Está bajo la órbita municipal pero, por orden judicial, debe pasar a la Provincia.

Pablo Tallón

Lomas de Zamora, agosto 27 (AUNO).- El olor a desinfectante es el mismo que en todo centro de salud. Penetrante al principio, pero el olfato se acostumbra a los pocos minutos. El blanco de los azulejos contrasta con el barro oscuro que brota por las rajaduras y los huecos del asfalto. El “silencio de hospital” se quiebra con el chirrido de una silla de ruedas que lleva a una embarazada rumbo a la sala de partos. “¡¿Justo hoy tenía que nacer?!”, grita la mujer ante la curiosa mirada de quienes aguardan que les saquen sangre para un análisis. El enfermero que traslada a la parturienta, tal vez por años de experiencia, encuentra en ese momento (desesperante para el resto) un instante lúdico: a medida que avanza con la mujer, desliza sus zapatos, como un niño que patina mientras maneja un chango en el supermercado.

El Hospital Materno-Infantil Oscar Alende, ubicado desde la década de 1960 en la esquina de Claudio de Alas y Azamor, en Ingeniero Budge, es el único hospital municipal de Lomas de Zamora. Concebido en sus orígenes bajo el nombre de “Ricardo Gutiérrez” y con el visto bueno del por entonces gobernador bonaerense, Oscar Alende, se encuentra en la zona más populosa y vulnerable del distrito, a escasos metros del Riachuelo y donde se encuentra la mayor parte de los 130 mil hogares lomenses que no poseen cloacas, según las estadísticas que arrojó el Censo 2010.

Casi cien personas están amontonadas en un pasillo de unos 20 metros de largo y dos de ancho. Es allí donde se ubica “Medicina familiar”, y por donde las médicas deben ejercitar sus caderas y gambetear a madres, niños y carritos de bebé. Todo entre gritos, llantos, toses y retos maternos: “¿A vos no te gusta estar acá, Jeremías? A mí menos. Tuve que venir a las tres de la mañana para conseguirte el turno”, vocifera la mujer a su hijo, quien acata la orden, mientras frunce el ceño y arruga los labios, con ojos llorosos.

En junio de 2011, el juez federal de Quilmes, Luis Armella, quien se encuentra a cargo de la causa por el saneamiento de la cuenca Matanza-Riachuelo, ordenó que los hospitales municipales de la región debían pasar a la órbita provincial o nacional. El Alende es uno de ellos. Hace un mes, el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, sostuvo que la idea es presentar en la Legislatura bonaerense “todas las carpetas técnicas y administrativas” en octubre, “para tratar de que el 1 de enero se haga realidad” y “sea parte del presupuesto provincial para el 2013”.

“El hospitalito” era el nombre que le daban lo vecinos de Cuartel IX al por entonces Gutiérrez, ya que, a pesar de la definición oficial, no era mayor a una unidad sanitaria. Pasados los años y los gobiernos, en 1999, bajo la gestión bonaerense de Eduardo Duhalde, el Alende tuvo una expansión edilicia que no entraba en la economía local. En un acto de campaña y un intento de dar un salto cuantitativo en su imagen pública de quien aspiraba a ser elegido presidente en los comicios de aquel año, el centro de salud pasó de ser algo más que una salita barrial a tener un edificio de tres pisos. “Para poder contratar profesionales para el hospital tuvieron que despedir a gente de otras unidades sanitarias”, manifiesta a AUNO el psicólogo y titular de la Asociación de Profesionales de la Salud de Lomas de Zamora (Apslz), Pablo Torres.

La mayoría de los trabajadores del hospital materno-infantil no supera los 25 años. Es como caminar por los pasillos de la Facultad de Medicina. Hombres y mujeres jóvenes lucen sus ambos con poca experiencia. La razón de esta cualidad etaria que caracteriza al Alende es, según los dirigentes gremiales, “los bajos sueldos que paga la Municipalidad”. “A primera vista, uno podría decir que es como un hospital-escuela, pero, si indaga, se da cuenta de no hay gente de experiencia para transmitir el conocimiento, ya que a los dos o tres años, ante la primera oportunidad de mejorar económicamente, los profesionales se van”, lamenta Torres, para quien “ante el éxodo es imposible formar grupos de trabajo”.

Según los cálculos de la Apslz, los trabajadores lomenses de las 44 unidades sanitarias y el hospital Alende cobran “entre un 50 y un 70 por ciento menos que en otras jurisdicciones vecinas”. El presupuesto designado para el área de Salud para este año es de 108.423.484 pesos, para un partido en el que viven 616.279 habitantes. Es decir, por año el gobierno municipal invierte poco menos de 176 pesos por persona.

Enfrente del tumultuoso pasillo de “Medicina familiar” se encuentra la Sala de juegos, donde padres soñolientos acompañan a sus hijos en un momento de distracción. Mientras los pequeños crean mundos imaginarios a partir de autos y muñecas, los grandes distraen la mente con lo que sea que esté en la televisión: da lo mismo si es un noticiero matutino o un resumen deportivo de la semana. Para cuando el estómago pide protagonismo, la opción más rápida y cercana es recurrir a la improvisada “panadería” que diariamente se monta en una de las entradas del Alende. Allí, los niños seleccionan las facturas con dulce de leche, crema pastelera y azúcar impalpable que terminará en paredes y asientos, cual pinturas rupestres.

La provincialización ordenada por la Justicia y apoyada por la Municipalidad tiene en vilo a los médicos y enfermeros, ante lo que Torres afirma: “Estamos entusiasmados y preocupados, porque a nosotros nadie nos informa de las tratativas, por lo que no sabemos qué será nuestro futuro. Por ejemplo, qué es lo que va a pasar con los contratados, con aquellos que ya tengan un trabajo en la Provincia”. Claro, no se pueden ocupar dos cargos bonaerenses simultáneamente.

Las raíces de dos robles sin hojas levantaron las baldosas de uno de los patios internos del Alende. En el piso, el excremento de palomas abunda. Los médicos aprendieron a lidiar con las aves y deben mantener las persianas metálicas casi cerradas durante todo el año, porque sino los alados animales quedan atrapados y se mueren. A más de uno le ha tocado llegar al consultorio y sentir el hedor a descomposición que despiden las palomas que, buscando refugio del frío o la lluvia, sólo encuentran la muerte en un centro de salud.

Los médicos sostienen que las afecciones pulmonares ya dejaron de ser propias del invierno y los casos se suceden a lo largo de todo el año. La pobreza, la mala alimentación consecuencia de la primera, o tal vez la cercanía de las contaminadas aguas del Riachuelo hicieron que la bronquiolitis sea una “epidemia” que debe ser combatida con lo poco que se tiene a mano. “Vienen chiquitos con los pulmones llenos de líquido y, como sólo hay un aspirador de secreciones, hay que ir rastreando quién lo tiene. Es una especie de comunismo por necesidad”, bromea una especialista del área de kinesiología. Situaciones como ésta se dan cotidianamente, según denuncian los trabajadores, ya que la falta de presupuesto, el cierre de las importaciones o la mala administración provoca una “crisis” en la provisión de insumos médicos. Ante la escasez, aparece el trueque: los profesionales contactan a sus pares de otros centros de salud para “cambiar” agujas por agua oxigenada, por ejemplo.

“Es un hospital expulsivo, tanto para los pacientes ya que acá muchas veces no se le pueden brindar respuestas, como para los trabajadores que no ganan un salario acorde”, manifiesta Elisa De Vita, laboratorista del Alende y referente gremial de Apslz.

En la apertura de sesiones del año pasado, el intendente Martín Insaurralde dijo ante el Concejo Deliberante: “No quiero pasar por alto las grandes obras de infraestructura. Una es nuestro Hospital Alende, que no sólo fue renovado por completo al mejorar las condiciones de recepción, atención e internación con refacciones en terapia intensiva, neonatología, guardias, baños, habitaciones y salas de insumos, sino que también está en proceso de reequipamiento. El Alende fue hecho a nuevo por esta gestión. Le agradezco al personal el esfuerzo que puso y que pone todos los días”. Por ahora, estas afirmaciones contrastan con la realidad denunciada por quienes están día a día en el hospital que, a pesar de que pertenece a la órbita municipal, ni siquiera figura en la nómina de la página web de la Municipalidad.

PT-AFD
AUNO-27-08-12

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