Continúa el juicio por la muerte de un joven en una comisaría

En los Tribunales de Lomas tendrá lugar la quinta jornada del juicio por la muerte del joven Diego Gallardo en una comisaría de Avellaneda. Las declaraciones de varios testigos complicaron la situación de los cuatro policías involucrados.

Las declaraciones de los testigos de la muerte de Diego Gallardo comprometieron aún más a los cuatro policías acusados del asesinato de ese joven de 20 años en una comisaría de Avellaneda, en enero de 2005. La Justicia de Lomas de Zamora avanza en el juicio, que promete resolverse antes de lo previsto.
El 11 de enero de 2005, ocho presos de la Comisaría Tercera de Avellaneda fueron descubiertos cuando intentaban abrir un boquete para escapar. Según varios testimonios, los policías dieron cuenta de ese hecho, los sacaron de su celda y tuvieron un largo rato en el patio, hasta que los reingresaron de a uno y con la orden de armar su “mono” (ropa y pertenencias), para trasladarlos a otras dependencias. A medida que fueron ingresando, “recibieron su escarmiento”, dijeron los testigos.
Diego Gallardo tenía 20 años, fue quien tuvo la idea de la fuga y el más golpeado. Los ocho detenidos fueron trasladados a diferentes comisarías, y Gallardo fue a la Primera de Avellaneda, donde después de 15 horas de agonía murió.
Por estos hechos, el subcomisario Rubén Gómez, el sargento ayudante Julio Alberto Silva, el oficial inspector Marcelo Adrián Fiordomo y el oficial Hernán Javier Gnopko son juzgados acusados del delito de “homicidio agravado en concurso con apremios ilegales”.
En cambio, según un análisis elaborado por la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (Correpi) deberían ser juzgados por el delito de “tortura seguida de muerte”, que es el reclamo de la familia.
Según la abogada de esa organización Maria del Carmen Verdú, los cuatro policías “apalearon a los ocho detenidos, y en particular a Diego Gallardo, con el fin de infligirles dolor y castigarlos por una presunta tentativa de fuga descubierta en la comisaría”.
“Luego de la golpiza, Gnopko falsificó constancias médicas para certificar que estaban en perfectas condiciones de salud previo a su traslado a otras dependencias”, agregó la abogada.
Según el informe publicado por la Correpi, “la autopsia describe 57 lesiones en el cuerpo (de Gallardo) producto de golpes con ‘objetos de superficie lisa de 4 centímetros de diámetro’; es decir, los bastones de madera policiales. Tenía fracturados cinco huesos del cráneo, su abdomen y pleura contenía medio litro de sangre producto de la hemorragia interna”.
Además, “la lesión neurológica le produjo vómitos incoercibles que le causaron el estallido de la cúpula gástrica y del esófago. Los peritos calcularon, por la presencia de coágulos en el corazón y otros signos típicos, que el joven agonizó en medio de tremendo dolor durante 15 largas horas”, añadió el texto.
En la primera jornada del juicio, el 26 de marzo pasado, el fiscal de cámara Jorge Luis Michelini anunció ante los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal 1 —integrado por los jueces Guillermo Rolón, Fernando Bueno y Rodolfo Lanza— que intentará probar en el debate que el 10 de enero de 2005 “los imputados mataron a golpes a Diego Gallardo”. Por estos motivos, acusó a los bonaerenses de “homicidio calificado (por la participación de más de dos personas y por su condición de policías) en concurso real, con severidades de las que fueron víctimas los otros siete presos”. Además de estas figuras, a Gnopko se le agregó la de “falsificación ideológica de instrumento público calificado”.
Según la Correpi, en este juicio “se trata de desenmascarar a un Estado torturador”; en su criterio, “la discusión (sobre el caso) es netamente política: ¿tortura o no el Estado argentino en 2007? ¿Tortura o no el Gobierno ‘de los derechos humanos’?”.
En la segunda jornada del juicio contra los policías Gómez, Gnopko, Fiordomo y Silva declararon tres jóvenes que compartían con Gallardo la misma celda de la Comisaría Tercera.
Martín Gavilán, uno de ellos, relató que “uno (de los uniformados) se llamaba Silva; otro era grandote y con un mechón blanco en el pelo renegrido; el tercero, igual de grande pero rubio y de ojos claros; y el cuarto era el subcomisario”.
Durante la declaración, el fiscal Michelini pidió al testigo que mirara a las personas presentes en la sala e indicara si veía a sus agresores. Sin dudarlo, Gavilán señaló a Fiordomo (el “morocho grandote”) y a Silva; y al ser mostradas las fotos de los cuatro imputados tomadas el día de su detención reconoció al subcomisario Gómez.
También señaló en las fotos a Gnopko como “el otro grandote, blanquito”. Ellos cuatro, afirmó, abrían sido quienes, armados de los palos “que usan en la cancha”, los golpearon antes de llevarlos al camión de traslado.
La quinta jornada del juicio oral y público contra los policías de la Comisaría Tercera de Avellaneda tendrá lugar en el tercer piso de los Tribunales de Lomas de Zamora, este viernes 13 de abril a partir de las 8:30.

JC-AFD

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