Carlos Belloso, un ilusionista

Una entrevista al actor que presentó su unipersonal Pará fanático, en Brancaleone, una de las primeras salas independientes de Monte Grande.

Maneja el humor como el drama. Es un actor multifacético que reparte su tiempo entre el Centro Cultural Gargantúa, del barrio de Chacarita, y la presentación de su unipersonal Pará fanático, en Paseo La Plaza. Es bien conocido por su papel de El Vasquito, en Campeones de la vida, vieja tira de Pol-Ka. “Después de eso querían que siguiera haciéndolo, sin boina y sin anteojos, un tontito de siempre”, le cuenta a esta agencia. “Dije no. No soy eso. Porque la televisión es muy cuadrada y no se da cuenta de que un actor puede hacer muchas cosas.” Su carrera demuestra que es así: pasó por Culpables, Tumberos, Sol negro, Mujeres asesinas y Lo que el tiempo nos dejó, entre otros programas televisivos. También se dedicó intensamente al cine. Felicidades, La niña santa y Peligrosa obsesión son sólo algunas de las películas en las que participó.

—¿Cómo llega a Pol-Ka?
—Lo primero que hice fue teatro, a partir de ahí te vas interesando. Luego, hice iluminación, escenografía y mucha publicidad. Después me metí de a poco en televisión. Cuando me llamó Pol-Ka ya tenía experiencia en televisión en vivo, con Ta te show. Fui entrenado. Al principio es como una beca: te paga pero vas trabajando. Después de RRDT vino El Vasquito. Un personaje que pegó, gustó. Muy popular, me encantó, y a partir de ahí fue otra cosa.
—A la hora de componer otros personajes, ¿pesó el éxito del Vasquito?
—Si y no. Sí, porque te piden lo mismo. Pero al mismo tiempo vos podés decir que no. Entonces ahí te marcan como un actor con ciertas pretensiones que se hace valer. Lo más entretenido del actor es hacer personajes, no siempre el mismo.
—¿El teatro es mas libre en ese sentido?
—Sí, da más posibilidad porque hay más rangos. Nunca se establece el mismo personaje. Hay variedad. Entonces, el actor se entretiene. Un personaje cansa al público y al actor. Además, tiene que ver con la expresión: qué quiero decir con cada personaje.
—¿Le gusta más el trabajo individual o grupal?
—Las dos cosas me gustan. Siempre aconsejo a los actores que armen un unipersonal porque te saca del hambre en cualquier momento. Si me quedo sin un mango, me pongo en la esquina y lo hago a la gorra. Además, tiene que generar una llamada de atención continua: no se apoya en nadie. Me gusta mucho la ilusión, de la nada hacer algo, como un mago, un ilusionista. El teatro es obviamente un grupo de gente, siempre el mismo, es toda una convivencia, una fiesta. Solo es una experiencia para apretarse a uno mismo.

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AUNO-29-11-10

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