A la espera de una sentencia

Durante los alegatos, la abogada de la familia del joven asesinado por un policía en 2006 se apoyó en las pericias que rechazaron la hipótesis del tiroteo, y pidió la pena máxima. La defensa argumentó que el acusado “se defendió como lo haría cualquier argentino en una situación de inseguridad como la que se vive a diario”.

“Todo el debate tuvo una falla vital ya que se ha conseguido soslayar por completo el hecho de que Benítez es policía”, concluyó la abogada de la familia de Rubén Darío Galarza, que falleció luego de que José Luis Benítez le disparara tres tiros en agosto de 2006. En ese detalle estuvo basado su alegato que solicitó al Tribunal Oral Criminal Nº4 de Lomas de Zamora que sentencie a cadena perpetua al acusado por haber cometido “homicidio simple agravado por la función”. La Fiscalía consideró que Benítez se “excedió” en su reacción de “legítima defensa”, delito por el que, consideró, le corresponderían cinco años de cárcel. Para la defensa, Benítez debe ser absuelto. La definición llegará en una semana, cuando los jueces expongan su veredicto.

“Benítez actuó como un ‘justiciero’”, determinó la abogada Claudia Ferrero, compañera de Gustavo Mendieta en el asesoramiento legal de la familia del adolescente muerto. Si bien coincidió con lo expuesto por la fiscal Sandra Rull en cuanto a “lo poco que los testigos aportaron” para la resolución del caso, a ella y a su socio le bastaron los resultados de la autopsia y de las pericias balísticas para concluir que el acusado cometió “homicidio agravado” al disparar tres tiros “contra Rubén en una situación en la que la víctima se encontraba en estado de total indefensión”.

Los estudios sobre el impacto de las tres balas que –-se sabe— Benítez disparó al adolescente de 17 años en la mañana del 2 de agosto de 2006 se convirtieron en la base más sólida del alegato de Ferrero y Mendieta. En ellos quedó demostrado que dos de los tres impactos sucedieron de arriba hacia abajo, “una posición de indefensión de la víctima en relación al victimario o, por lo menos, de control de quien disparó por sobre quien recibió el disparo”, interpretó Ferrero.

Es más, en su criterio, el hecho de que Benítez haya trasladado al joven herido al hospital Allende de ingeniero Budge “le convino al acusado para romper evidencia. Sabía lo que hacía”. Así, los letrados del particular damnificado estimaron que el acusado actuó “en abuso del poder que ejerce como miembro de una fuerza de seguridad pública” en la comisión de “homicidio agravado”, por lo que le cavería la pena de cadena perpetua.

Por su parte, la representante de la Fiscalía nº 9, que tomó de la causa en su etapa oral, solicitó condenar a cinco años de cárcel al acusado, por “exceso en legítima defensa” y, de manera subsidiaria, lo acusó de “homicidio culposo”, por el que pidió 11 años de condena. La hipótesis que se convirtió en el eje de su alegato situó los hechos en el centro de “una agresión” por parte de Galarza y otros tres jóvenes en la que el policía Benítez, al defenderse, “demostró un exceso en su accionar”.

Si bien Rull remarcó que “hubo una gran falta de compromiso a la verdad en muchos de los testimonios” que se oyeron a lo largo de las audiencias, reconoció que en dos de ellos –-el de la pareja del policía, Ramona Mereles, y en el de un hombre que vio todo desde la calle, ambos aportados por la defensa— se basó para reconstruir su hipótesis: el acusado reaccionó sobremanera cuando Galarza y los otros tres chicos se abalanzaron sobre su auto en el momento en que tuvo que frenar su marcha sobre diagonal 62, en el barrio El Olimpo de Lomas de Zamora, ante un charco de agua difícil de traspasar.

Por otro lado, desistió de la hipótesis de robo, ya que “en ningún momento del testimonio de Mereles se menciona ese móvil”, así como tampoco lo hizo con la versión de la existencia de un tiroteo, ya que “no está probado que los chicos tuvieran armas ni hubiesen disparado”.

Desde la primera fila de la Sala I de Tribunales de Lomas de Zamora, la mamá de Rubén Galarza, Vilma, escuchó cada palabra con calma. Ni siquiera perdió su tranquilidad cuando, Federico Hier, el defensor de Benítez, argumentó que el acusado “se defendió como lo haría cualquier argentino en una situación de inseguridad como la que se vive a diario”, para justificar su pedido de absolución.

“Mató a un pibe inocente. La única manera en que esto se resuelva es que se pudra en la cárcel”, concluyó luego Vilma.

Para Hier “no se sostiene” el exceso en legítima defensa, eje sobre el que la fiscal Rull construyó su alegato, ya que “a una agresión ilegítima, le siguió una legítima defensa. Benítez podría haber descargado 15 tiros (tenía en su poder dos cargadores), y sin embargo utilizó sólo uno”, señaló.

En ese sentido, sostuvo que su defendido “se encontró con una agresión desmedida de cuatro muchachos –entre los que se encontraba Galarza– que quisieron robarle”. Hier apoyó su alegato sobre los mismos testimonios que la fiscal en los que, en contrapunto con la opinión de Rull, “quedó evidenciada sin dudas la intención de robo”.

Además utilizó la supuesta existencia de un disparo efectuado por uno de esos chicos “que desencadenó la reacción” del acusado, pese a que los resultados de las pericias balísticas confirmaron que en el lugar del hecho fueron encontradas siete vainas servidas correspondientes a proyectiles de la pistola 9 milímetros reglamentaria de Benítez, y a que los investigadores no hallaron ningún impacto de bala en los alrededores, vainas de proyectiles que no se correspondan con la pistola de Benítez o incluso armas en el lugar, que evidenciaran que esos pibes hubieran participado de un supuesto tiroteo.

El veredicto del tribunal estará a disposición de las partes el 29 de octubre, a las 10. “Parece que no tuvieran vergüenza de decir todas las mentiras que dijeron. Pero confiamos en la Justicia”, se esperanzó Vilma.

AMB-AFD
AUNO-23-10-09
aauno@yahoo.com.ar

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