Violencia familiar: cada vez se denuncian más casos

El fenómeno crece en distritos del Gran Buenos Aires. Aún existen inconvenientes en las dependencias estatales porque las denuncias a veces no se toman en serio. Además, no hay estadísticas confiables y las políticas de prevención son desordenadas.

La titular de la Comisaría de la Mujer de Almirante Brown, teniente primero Sandra Re, aseguró que “la violencia familiar aumenta cada vez más” y destacó que en la seccional reciben “entre treinta y cuarenta y cinco denuncias diarias por abusos de diversa índole”.

“En febrero se recibieron trescientas cuarenta y siete denuncias, de las cuales figuran ciento cuarenta y siete fueron por lesiones físicas, treinta y seis por abuso de menores por parte de algún familiar, y el resto por malos tratos en general”, precisó Re, en diálogo con la Agencia Auno.

Pasaron casi veinte años de la formación de las primeras Comisarías para la Mujer. Pero funcionan sólo 15 en toda la provincia.

La violencia familiar sigue siendo una asignatura pendiente para el Estado bonaerense en términos de diseño de estrategias, campañas de concientización, actualización de estadísticas y retribuciones para aquellas instituciones que trabajan en un campo complejo.

Las estadísticas de la provincia de Buenos Aires no están actualizadas y no hay estudios recientes que brinden parámetros para realizar un enfoque eficiente para que desde el Estado se construyan herramientas que modifiquen un problema social que va en aumento. Esto puede comprobarse con el sólo hecho de recurrir para solicitar datos a las autoridades y dependencias oficiales.

De acuerdo con el Proyecto Balance Regional sobre Violencia emprendido en 2003 por las organizaciones Cladem y Unifem, hay cerca de 60.000 mujeres abusadas, maltratadas, violentadas física y psicológicamente en la Argentina cada año por alguien de su entorno más inmediato y personal (en la región, según el BID, en su informe Violencia Doméstica, del año 1997, 4 de cada 10 mujeres sufren violencia).

“La violencia familiar es un problema social y cultural, hace tiempo se descartó que sea patológico y esto es muy importante porque anteriormente a las víctimas se las consideraba enfermas y a los victimarios también, psicológicos o psiquiátricos, y eso se fue desacreditando al ver que esto es un problema mucho más complejo y multicausal”, explicó a esta agencia la licenciada María Eva Sanz, directora de la Asociación Mutual Grupo Buenos Aires.

Esa asociación lomense trabaja en la prevención, asistencia, capacitación e investigación de la Violencia Familiar. Si bien en Lomas de Zamora no hay comisarías de la mujer, la asociación interactúa con casi todas las seccionales del distrito articulando una tarea específica con los casos de violencia de género.

Algunos de los ejes fundamentales para trabajar en este campo es la “interdisciplina y la red social, es decir, todo el trabajo que se realiza desde lo interdisciplinario volcarlo a la red social”. Pero, para que esa red funcione “todos los que formamos esa red, primero tenemos que reconocer que la violencia existe, o sea nuestro propio sistema de creencias entra en juego”, señaló Sanz.

Respecto de las autoridades que deben tomar las denuncias, esa especialista destacó que “se forman velos porque las autoridades no les creen a las denunciantes y esto pasa mucho con el abuso sexual, por eso hay gran cantidad de casos y cifras negras, porque no se ponen realmente a investigar”.

Las agresiones están escudadas en relaciones de poder asimétricas, muchas veces brutales, alimentadas por patrones culturales de sumisión femenina a los deseos masculinos. Es una violencia que se da también en el lenguaje sexista no sólo en los ámbitos laborales y sociales en general, sino, en los medios masivos también.

Un punto importante para tomar como referencia son las continuas denuncias que llevan las mujeres a instituciones ligadas a la violencia de género como Cladem, por ejemplo, donde se registran malos tratos a pacientes embarazadas en situación de riesgo.

El común denominador de estas denuncias hacia hospitales públicos es por el tipo de lenguaje y el tipo de actitud que toman desde los profesionales hasta el personal subalterno cuando las pacientes van a atenderse por problemas de embarazo, y lo primero que surge es el prejuicio hacia la práctica abortiva.

En este sentido, vale la afirmación realizada por Gloria Schuster, especialista en cuestiones de género y miembro integrante del Comité de América Latina y el Caribe en Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem): “Socialmente, hay concepciones muy arraigadas”.

“Una creencia que englobaría que el cuerpo de las mujeres no es de las mujeres y que cualquiera podría decidir sobre él. Así, es sobre el aparato reproductor donde están las concepciones más fuertes arraigadas, y que son en parte el producto de una situación patriarcal”, concluyó Shuster.

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