Una vida de militancia

En el barrio platense de Los Hornos, se encuentra la casa de Jorge Julio López, a quien se lo conocía como Tito. Militó en la Unidad Básica Juan Pablo Maestre de la Juventud Peronista y, a causa de eso, fue uno de los tantos secuestrados y torturados por la última dictadura militar. A López, ex […]

En el barrio platense de Los Hornos, se encuentra la casa de Jorge Julio López, a quien se lo conocía como Tito. Militó en la Unidad Básica Juan Pablo Maestre de la Juventud Peronista y, a causa de eso, fue uno de los tantos secuestrados y torturados por la última dictadura militar.

A López, ex montonero, se lo llevó un grupo de tareas al mando del ex director de Investigaciones, Miguel Etchecolatz, el 27 de octubre de 1976. Durante cinco meses pasó por distintos centros clandestinos, como la Unidad de Cuatrerismo, el Pozo Arana y las comisarías 5ª, la 8ª y la 9ª de la capital bonaerense.

Sobradas razones fueron las que lo llevaron a ser testigo clave en el juicio en contra del ex represor, ya que en una de sus declaraciones puntualizó que pudo reconocerlo “porque le vendaron mal los ojos”.

También, atestiguó en otros tantos de los “Juicios por la Verdad” desde 1999 porque mientras sufría torturas con picanas logró identificar al Echecolatz y, durante su cautiverio, fue testigo de los asesinatos de Patricia Dell’Orto y su marido, Ambrosio De Marco, y compartió celda con Nilda Eloy y el ex detenido-desaparecido Julio Mayor.

El 20 de diciembre de 1976, López y Mayor fueron trasladados a la comisaría 8ª y el 26 de marzo del año siguiente fueron “blanqueados” al pasar a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN), aunque su detención finalizó el 25 de marzo de 1979 en la Unidad N°9 de esa ciudad.

En sus testimonios, López se consideró “afortunado”, ya que señaló que no volvió a ver a varios de sus compañeros de militancia que fueron secuestrados durante los años de plomo.

Hubo varias las hipótesis que se barajaron sobre su desaparición del 18 de septiembre de 2006. Entre ellas, la posibilidad de que haya cruzado la frontera a Paraguay, que haya sufrido un shock emocional o que se encontraba “en la casa de una tía” tal como indicó Aníbal Fernández, entonces ministro del Interior. De todas maneras, hasta hoy no hay testigos ni pruebas que den pistas de su paradero.

CP-MFV
AUNO-17-09-08
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