«Seamos libres para pensar y que nadie nos persiga por eso», aseguró Tereza Carrazan durante un homenaje a su esposo Carlos Felipe Ochoa y a muchos otras vecinas y vecinos de Esteban Echeverría que fueron secuestrados y desaparecidos en la última dictadura cívico-militar. Con esas palabras quedó inaugurada Echeverría construye memoria, una muestra que recorre la historia de las víctimas y de los sitios de memoria de ese partido al sur del conurbano bonaerense.
El evento fue realizado el pasado sábado 21 de marzo en el Centro Cultural El Telégrafo, pocos días antes de conmemorarse el 50° aniversario del Golpe de Estado. Quienes se acercaron hasta ese lugar pudieron acceder a la información y las imágenes de las y los desaparecidos del municipio, así como datos relevantes sobre los sitios de memoria, en medio de un cortinaje de pañuelos blancos colgados.
También hay un homenaje a Aida Bogo de Sarti, la Abuela de Plaza de Mayo de Monte Grande. Una imagen suya con la frase Nunca Más es parte de la presentación.

Su hija Beatriz Cristina Sarti, militante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), fue secuestrada junto a su pareja Ángel Arias en la localidad de Monte Chingolo, en el partido de Lanús, el 17 de mayo de 1977. Ambos continúan desaparecidos. Aida falleció en marzo del año pasado a los 94 años.
Una noche que lo cambió todo
Carlos Felipe Ochoa tenía 31 años, era empleado del Banco Nación de Monte Grande y estaba casado con Tereza Carrazan, con quien tenía dos hijos. En la madrugada del 21 de agosto de 1976, el hombre fue secuestrado en su casa en la localidad de Monte Grande.
«Los militares y los policías tiraron abajo la puerta de una patada. Corrí hacia la habitación de los chicos y sentí que me apuntaban. Nos encerraron en el baño. A él lo torturaron y pedían a la nena. Después, entró alguien y comenzó a torturarme«, describió Carrazan. Cuando se fueron con su marido, ella salió y lo buscó esa misma noche por todos lados.

De acuerdo a testimonios de sobrevivientes, pudieron saber que Ochoa fue visto en dependencias de la Policía Federal de Avellaneda, aunque hoy continúa desaparecido.
Carrazan consideró que, a pesar de que se llevaron a su marido, le devolvieron otra cosa: «Hoy tengo a mis hijos grandes y a mis nietos. Cada vez que me despierto, agradezco de estar viva«.
«¿Verdad? No se va a saber nunca qué pasó. Justicia, no la hay. Lucho por la Memoria, para que no pase más«, enfatizó.
Secuestros en una fábrica
La muestra Echeverría construye memoria también recupera la historia de la química Mebomar, en El Jagüel, donde cinco trabajadores fueron detenidos de manera ilegal entre 7 y 8 de diciembre de 1976. Ellos eran los hermanos Dardo, Edgardo y Armando Torres, Raúl Manrique y Óscar Sarraille.
Todos integraban una comisión gremial que reclamaba mejoras salariales. «Rodearon la manzana con nueve Falcon verdes. En esos autos se llevaron a los padres de ellas«, relató Karina, hija de Manrique, acompañada por Verónica y Lorena, hijas de Armando y Dardo Torres.

Manrique, por otro lado, fue secuestrado en su casa: «Entraron 12 personas. Rompieron ventanas y puertas. Mi hermanita tenía un año y uno de ellos le decía ‘cuidá la bebé, escondela’. Otro levantaba los colchones. No puedo recordar esa noche, pero mi hermano sí», describió la mujer, que tenía 4 años en ese momento.
«Dormíamos todos en una habitación porque éramos muy humildes. Vivíamos con papá, mamá, mis tres hermanos y un tío de 18 años, al cual también se lo llevaron porque no sabían bien cuál era papá», explicó. Al joven lo soltaron a las seis horas cerca del del autódromo de la ciudad de Buenos Aires. «Nunca contó nada y respetamos su silencio. Es tal lo que le ha quedado que todavía vive en mi casita donde mi papá fue secuestrado, no se quiere mover de ahí», siguió Karina conmovida.

Ella creció sin poder preguntar que había pasado. Sabía que Manrique no estaba muerto, porque no tenían una tumba donde dejar una flor. A los 18 años, cuando empezó a estudiar, se encontró con el libro Nunca más, de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas. Al abrirlo, la primera imagen es de la de su padre: «Raúl Eduardo Manrique, desaparecido el 8 de diciembre 1976 en la calle La Rioja, Monte Grande».
Durante muchos años, la mamá de Karina fue todos los sábados al cementerio de Lomas de Zamora a llevarle una flor a las tumbas NN. Uno de esos días, el director le contó que habían exhumado una tumba donde había nueve cuerpos. Así, Karina se hizo un estudio de ADN y dio 99 por ciento de compatibilidad con los restos que habían encontrado.
De acuerdo a la investigación, todos fueron ejecutados el 23 de diciembre de 1976 en el paredón de Banfield y arrojados a una fosa común al día siguiente. De esa manera, encontraron los cuerpos de los hermanos Torres y de Manrique en el cementerio de Lomas, mientras que Saraville continúa desaparecido.
«Cuando era chica, no entendía porque las personas estaban feliz el 24 de diciembre y qué festejaban», contó Karina, a lo que su mamá le respondía: «Tienen que estar contentos, vino Papá Noel». Sin embargo, ella sentía una gran angustia hasta que pudo comprender qué pasaba en esa fecha a sus 39 años.
Hasta cuándo se puede visitar la muestra en Monte Grande
La muestra se podrá visitar hasta el 30 de marzo en el Centro Cultural El Telégrafo, ubicado en Leandro N. Alem 275, en la localidad de Monte Grande, con entrada libre y gratuita.
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