“No lo llamaría un año perdido, sino un año de nuevos y otros aprendizajes”

Rosana García, docente que participó del programa “Seguimos educando”, analiza cómo será la vuelta a clases presenciales, y reflexiona sobre la educación a distancia.

Por Loana Tejero*

Rosana García es maestra normal superior. Ejerció desde sus 20 años hasta los 50, cuando se jubiló. Trabajó en Virrey del Pino en escuelas estatales. Su último cargo fue de vicedirectora en una escuela primaria y bibliotecaria en una escuela secundaria en González Catán.

Cuando se retiró no quería quedarse en su casa sin ninguna actividad, y como también es narradora oral escénica decidió armar una compañía con la que iba a las escuelas y contaba historias. Se colocaba un delantal con dibujos y comenzaba a narrarles un cuento a los niños y niñas. Al comenzar la pandemia fue una de las docentes de la TV Pública en el programa Seguimos educando, que impulsó el Ministerio de Educación para garantizar los contenidos a la distancia. Daba clases para segundo y tercer grado, pero una falta de ortografía la convirtió en blanco de críticas e insultos en las redes sociales.

Los maestros también se tuvieron que reinventar, fue un desafío. Se vislumbraron las desigualdades, pero la tele y el celular también igualan. Los contenidos les pueden llegar a los que viven en el centro como a los que viven en la periferia”, asegura la maestra, para quien no obstante “no hay nada que reemplace la escuela”. A pesar de este año escolar tan atípico, considera que “no hay pérdida, sino ganancia”.

-¿Cómo llegó Seguimos educando a su vida?
-Recibí un mensaje de Facebook de un amigo docente que me decía que me estaban buscando del Ministerio de Educación de la Nación. Se contactaron conmigo y me contaron acerca del proyecto que estaban gestando para la tele. Me preguntaron si yo quería ir y accedí. Primero me tomaron una prueba para ver si yo daba para la tele porque querían que en el programa apareciera un docente real, para poder llegar de una mejor manera a todos los chicos. Me llevé mi delantal de cuentos al casting. Entré al set y me preguntaron qué haría en las clases que tenía que dictar, y respondí: contar un cuento y me puse mi delantal. Después de la prueba me llamaron para informarme que había quedado seleccionada, y me enviaron mi primer guión.

-¿Qué retos se le presentaron a la hora de estar como docente en la pantalla chica?
-Fue mi primera vez en la televisión. Yo tengo un título de narración y desde ese lugar hice algunos espectáculos de contar cuentos en escenarios, pero ahora entrar en un canal, y encima de la TV Pública, sumado a la cuestión del vivo era otra cosa. Los conductores estaban acostumbrados porque son actores. Yo me contactaba por celular con una directora de Pakapaka que me ayudaba con el guión. Cuando llegaba al canal hacía un repaso con mis compañeros de lo que tenía que decir. El primer mes sentí mucha adrenalina, sufrí mucho estrés. La mayor cantidad de horas de mi día eran para la TV Pública. No podía dormir, no podía comer porque todo el tiempo estaba pasando letra o hablando con el Ministerio o con la productora. Al principio fue muy duro, pero después todo fue mejorando.

-¿Qué aprendizaje le dejó este trabajo en su vida?
-Me quedo con que pude hacerlo. Hay personas que me siguen de otras provincias y me cuentan cómo aprenden sus hijos. Aprendí a relacionarme con el mundo de la televisión, pero también la padecí por el tema de la falta de ortografía. Yo tenía en mi cabeza todo el guión, mil cosas y me equivoqué en una palabra: escribí “sepillo” en vez de “cepillo”. Me empezaron a llegar mensajes a facebook, un montón de insultos. Ese día no podía parar de llorar. Hay personas que utilizan estas situaciones para otro fin. No les importaba que Rosana García fuera una burra dando clases, sino cómo podían utilizar mi error para ir en contra del Gobierno.

-¿Cómo le hizo frente a esta situación?
-Tuve que entender que yo no era Rosana García en la televisión, sino que era la representante directa del Ministerio de Educación de la Nación. Tuve que avisarles a todos mis familiares que estaban hablando e iban a hablar de mí. Le comenté a una vecina lo que pasaba y ella me contó que una prima la había llamado para saber si ella sabía lo de “la maestra de la Cámpora que era una burra”. Yo apoyo al Gobierno, pero no pertenezco a ningún movimiento; eso me sirvió para entender de qué se trata este cuarto poder que son los medios que pueden darte cualquier noticia, sea real o sea una fake news.

-¿Cómo fue llegar a los chicos y chicas a través de un formato con el que quizás no están familiarizados o que no es tan habitual para ellos ya que suelen utilizar otros dispositivos electrónicos?
-Una amiga que es directora me contó algo sobre una familia de cinco hermanos que yo conocí. En esa casa sólo había un celular. Ellos le agradecieron porque me veían en la televisión, a la seño Ro, la vice Ro, y la mamá de los chicos le comentó que a los hijos les hacía mirar la tele para que me vieran y aprendieran los contenidos. Mi motor era saber que a aquél nene, a aquella familia que se encontraba lejos le podía llegar la educación aunque sea de esta manera. Otra directora que trabaja en el centro de La Matanza me felicitó, y yo le pasé los temas que iba a dar la semana siguiente para que las maestras estén al tanto y puedan trabajar sobre esos contenidos, y que después se puedan apoyar en lo que veían en la tele. Los maestros también se tuvieron que reinventar, fue un desafío. Se vislumbraron las desigualdades, pero la tele y el celular también igualan. Los contenidos les pueden llegar a los que viven en el centro como a los que viven en la periferia. Lo mismo que está viendo en la tele un nene que va a un colegio privado lo puede ver un nene que va a una escuela pública, y en eso iguala.

García y su delantal de cuentos.

-¿Cómo fue el feedback? ¿Los chicos estaban conectados?
-Fue parte del aprendizaje. Nos mandaban dibujos a través de las redes. Y también aprendí cómo funciona la televisión y cómo es el contacto con la gente de manera virtual. Nietos de amigas también me veían y me mandaban sus trabajos, y a su vez me pedían que les mandara mensajes por la tele. Eso me llenó de energía.

-¿Qué cambios considera que dejó la pandemia para la educación?
-Creo que ni las autoridades tienen bien claro cómo va a ser el tema de la vuelta a clases. Hay muchos intereses políticos dando vueltas. Yo pienso que los docentes están agobiados porque tuvieron que amigarse con la tecnología. Deben mandar las valoraciones y ellos mismos se sienten con contradicciones porque ahora tienen que poner que los nenes no se conectan, y la verdad es que no se puede saber qué puede llegar a estar viviendo ese niño en este contexto. En las escuelas en las que yo trabajé van muchos chicos y hay poco espacio, por eso deseo que salga la vacuna, pero los colegios deberán adaptarse y garantizar todos los cuidados.

-¿Qué piensa de que vuelvan las clases presenciales para aquellos chicos y chicas que no pueden conectarse? ¿Considera que es correcto que vuelvan en este momento con personal no docente?
-Eso no lo tienen que hacer. Los docentes estudiamos, nos formamos, y ni siquiera con el docente a través de una pantalla sucede lo mismo que ocurre en las aulas. De esta manera uno no puede ver cómo se sienten los chicos. Considero que no va a aprender igual un nene que no comió, entonces no se le tiene que enseñar de la misma manera. Que habiliten un aula en una plaza es una mentira, no se puede enseñar de esa manera. No estoy de acuerdo, y más a esta altura. ¿Para qué? la manera convencional de enseñar ya no fue posible este año.

-¿Considera que los chicos y chicas se adaptaron bien a la modalidad virtual?
Creo que no hay nada que reemplace la escuela, no sólo con el docente, sino con el par. La parte humana, lo que transmitimos con el cuerpo, con los gestos hacen a la comunicación entre los chicos y con el docente y eso es irremplazable, pero para los chicos el aprendizaje en cuanto a tecnologías es súper rápido, en cambio a los docentes quizás les cuesta un poco más este tema, pero creo que hay que aceptar los cambios y transformarlos en algo útil.

Muchos padres y madres, a través de las redes sociales, afirman que es un año perdido y que los niños/as no deberían pasar de grado, ¿qué cree sobre esto?
-La enseñanza es un espiral, uno como docente no puede enseñar un tema sin retomar algo que se vio con anterioridad. Cada chico tiene su ritmo de aprendizaje, uno debe darle ese tiempo. También está el tema de la continuidad pedagógica, si uno se tomaba licencia venía un docente suplente, y cada vez que el titular del curso no podía ir se lo llamaba a ese mismo suplente, para asegurar la continuidad de contacto. Pienso que hay que tener empatía para poder enseñar y aprender, porque si uno no tiene amor por lo que hace y por los chicos, no puede enseñar. Para mí, cuando se vuelva a la presencialidad se deberán evaluar los contenidos que tiene cada docente y observar qué es lo que realmente se aprendió y buscar un piso para poder trabajar. No lo llamaría un año perdido, sino un año de nuevos y otros aprendizajes, pero no igual.

Cuando los chicos y chicas vuelvan a las escuelas, ¿cómo piensa que será la adaptación?
-Va a ser rápida porque todos tienen ganas de volver. Todos estos meses nos sirvieron para adaptarnos a lo nuevo, pero no va a ser lo mismo, y no tiene que ser lo mismo. Ahora todo lo de la tecnología es un nuevo conocimiento adquirido que puede servir para realizar tareas cuando se vuelva a la presencialidad. Hay que tomar todo lo aprendido. Y seguro va a existir un trabajo de los pedagogos, de los docentes, pero no hay pérdida, sino ganancia.

LT-SA-MDY

*Nota realizada en el marco de la cátedra Taller de Periodismo Gráfico

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