María Elena dejó sus personajes y su ejemplo

María Elena Walsh fue una de las escritoras que mayor influencia ha tenido en generaciones de argentinos, educados en su mundo imaginario, pero además fue una intelectual que supo leer su tiempo y no dudó en polemizar aún a costa de ser criticada.

Se podría afirmar que María Elena Walsh es una de las intelectuales que ha hecho aportes más decisivos en la conformación de una cultura e identidad nacional a través de sus poesías, canciones y cuentos, gran parte de ellos dirigidos a los niños.

Manuelita, tal vez sea uno de sus personajes más reconocidos, como así también el Brujito de Gulubú, la Reina Batata y tantos otros conforman tópicos ineludibles a la hora de entender la literatura infantil argentina, cuyo mundo imaginario pasó a ser referente de generaciones de argentinos de todas las clases sociales.

Una de las mayores virtudes de María Elena Walsh es haber logrado conjugar una poesía de singular belleza y profundidad con lo popular.

Pero sobre todo, era capaz de interpretar su tiempo, de polemizar y decir lo que creía en su contexto histórico sin medir en consecuencias.

El 16 de agosto de 1979, en plena dictadura, escribía en el suplemento de cultura de Clarín. hablando de “la autora”, o sea, de ella misma, en Desventuras en el País Jardín de Infantes: “porque no es una revolucionaria pero está muy cansada, no se exilia sino que se va a llorar sentada en el cordón de la vereda, con un único consuelo: el de los zonzos. Está rodeada de compañeritos de impecable delantal y conducta sobresaliente (salvo una que otra travesura). De coeficiente aceptable, pero persuadidos a conducirse como retardados y, pese a su corta edad, munidos de anticonceptivos mentales”.

Pero el 21 de diciembre de 1997 también fue capaz de escribir “La Carpa tambien debe tomarse vacaciones”, una nota dirigida a la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA) criticando la célebre Carpa Blanca que batalló contra la política educativa de Carlos Menem instalada frente al Congreso. El artículo apareció en la edición del domingo de La Nación:
“Aseguran que buscan el diálogo, y me permito irrumpir desde el disenso. La asistencia a la carpa huele a compulsión setentista: los ausentes parecemos antisociales, voceros del Gobierno, dinosaurios o Plateros sin poeta.
Como me honra sentirme amiga de ustedes y creo haberlos acompañado durante toda la vida, les confieso que esta larga protesta multimediática se ha convertido en moda y en un paradójico factor de poder que pocos se atreven a cuestionar públicamente.
Sin embargo, es un secreto a voces que su permanencia es tan intolerable como inofensiva. Intolerable por autoritaria, ya que piensan usurpar indefinidamente espacios públicos. Porque necesitamos maestros que representen la contracara del bazar de frivolidad y cholulismo que a muchos abochorna y ustedes fomentan de tal modo que ya parece una finalidad y no un medio”.

La crítica a la Carpa Blanca, ya por aquel momento agotada como método de protesta contra la política educativa, le valió duras críticas de dirigentes embanderados en el progresismo que por aquel momento pasaban a sacarse fotos junto a los docentes.
María Elena Walsh fue una escritora, poeta, cuentista, música, pero sobre todo fue una intelectual que siempre dijo lo que pensaba…

AUNO 10.01.2011

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