Los 16 de 2016, los libros del año que hay que leer

El Cruce, a modo de balance, entrega una caprichosa selección de las obras que se publicaron y que no hay que dejar de leer. Para tomar nota, guardarlos en el bolso de mano y disfrutarlos donde sea. En la playa, las sierras, los lagos del Sur, la Puna, o al lado de una pileta.

Martín Canziani

Tres clásicos caracterizan la llegada del fin de año: el calor agobiante con sus respectivos fundamentalistas, las comidas que sólo se comen una vez durante todo el año y los balances que llevan por título un sinfín de clichés pretenciosos. Por obvias razones esta nota se enmarca dentro de la última categoría. Acordado de entrada el carácter caprichoso de lo que leerán a continuación, reivindico la lista de libros. Ya sea en su carácter de emoción bibliófila de corto alcance como es la lectura playera; como emoción neurótica de leer cualquier lista en contexto navideño, o simplemente como recordatorio público y colectivo de lo que se leyó durante el año. Las elecciones hechas por este librero privilegian tres objetivos: destacar autores nacionales jóvenes, elegir y dar a conocer editoriales pequeñas con buenos proyectos literarios y dar cuenta del fenómeno del libro de cuentos que este año ha pegado un salto de calidad. Disfruten y péguense una vuelta por esta lista. Que es la mía, y se las comparto.

El amor cruel, de Juan Terranova (El cuervo)

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En una entrevista que Juan Terranova le brindó a Télam, explicó que el amor “siempre viene adjetivado”, y es en el poder de esa adjetivación que el autor construye sus historias. Los cuentos que componen El amor cruel son una selección hecha por el autor de relatos escritos en los últimos diez años. Evidencia de ello es la mutación de las historias. Desde descripciones científicas típicas de los ‘90, hasta relaciones amorosas propias de la vida 2.0. La mitad de los relatos abordan escenarios de catástrofes, escenas finales de la vida humana o ruinas de la misma. Es el amor lo que muta y evoluciona readaptándose a esas transformaciones. De la desaparecida Entel a Facebook, el libro circunda los tópicos de una década. Motivo que queda reflejado en la tapa, que tiene en cada cara de los personajes que la componen el cuadrado de reconocimiento para etiquetar personas que aparece en Facebook. Terranova retoma en sus cuentos algunos temas que Pola Oloixarac, Hernán Vanoli o Luciano Lamberti han tocado en el último tiempo y refieren a una ciencia ficción más nuestra, con características propias de la tierra y no del objeto.

Tacos altos, de Federico Jeanmaire (Anagrama)

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Ir al chino, ese ejercicio cotidiano toma otra dimensión después de la lectura de Tacos altos, el nuevo libro de Federico Jeanmaire, en el que el autor se mete en la vida de una adolescente con identidad indefinida, que está en la transición de la niña a la mujer. Esta novela de menos de 170 páginas, publicada por Anagrama, tiene dos escenarios: Suzhou y Glew, donde transcurre la vida de esta quinceañera nacida en China pero criada en el conurbano bonaerense, que se pregunta cuál es la nacionalidad que la define y la cultura que la identifica. Esta novela no es sólo un debate filosófico sobre los orígenes y los choques culturales, en la historia también se narra la dramática muerte de un padre, el deseo de venganza y el lugar del olvido. Todo esto contado en presente, como ocurre siempre en el idioma chino en el que no hay tiempos verbales, y con fórmulas gramaticales difusas, propias de quien atraviesa una confusión entre lenguas. Con esta novela, que tiene registro de diario, el multipremiado autor se mete en un chino para hablar de quienes están del otro lado del mostrador.

Tres veces luz, de Juan Mattio (Aquilina)

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Un crimen múltiple en alta mar. Un barco que une seis nacionalidades. Migrantes africanos que escapan como polizones y el trabajo de la Fiscalía de Rosario para llegar a la verdad. Son algunos de los ingredientes que Juan Mattio utiliza para construir un clima opresivo que se vive dentro de un conteiner en alta mar y en los muelles rosarinos. Basada en hechos reales, que parecen propios del cine policial, y reconstruida con elementos del género negro, la historia que transcurre en Tres veces luz es la de un triangulo compuesto por un militante revolucionario, un niño que huye de África como polizón y una fiscal rosarina. La investigación periodística llevó al autor a reconstruir aquello que el relato periodístico y la Justicia no pudieron: la cabeza y las interpretaciones de los personajes implicados. Una suerte de Odisea inversa a la planteada por Homero. Una en la que los personajes escapan en pos de salvar lo humano que aún queda en ellos.

Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enríquez (Anagrama)

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La vuelta de Mariana Enríquez a los cuentos es de las mejores cosas que dejó el 2016. El género del terror en Argentina se amplió y complejizó en el último tiempo. Ya no es solamente el gancho recurrente con lo siniestro o lo esotérico, en la narrativa local se le agregan condimentos de lo social con vetas del policial, que permiten ampliar el campo de injerencia y ensanchar el horizonte del terror nacional. La calidad del género ha crecido exponencialmente y en buena parte se lo debe a Enríquez. Este libro es prueba de ello: ambientaciones reconocibles, terrores urbanos, clímax bien armados y mejor desarrollados, contextualizan cada uno de los cuentos. Todos los personajes de Mariana son femeninos y la cuestión de género no sólo es declamativa, el cuento que cierra el Las cosas que perdimos en el fuego y le pone título al libro es una fuerte crítica a la violencia que sufren las mujeres en su forma más descarnada. Un recorrido por todas las vetas que el terror tiene para ofrecer, con personajes femeninos que no transitan apaciblemente las historias, toman parte y forjan su propio destino.

Un cementerio perfecto, de Federico Falco (Eterna Cadencia)

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Desde que en 2010 la revista británica Granta, especializada en literatura, lo nominó como uno de los autores sub 35 más prometedores de la escena literaria latinoamericana, de Federico Falco siempre se espera un salto de calidad, casi como una suerte de presión futbolera como la que se les exige a los pibes de las inferiores que juegan sus primeros partidos en un club. En definitiva, Falco le ha escapado a los clichés y sigue sorprendiendo por la calidad de sus relatos. En este caso, e iluminado por el cuento Silvi y la noche oscura, tal vez el más destacado de este volumen, Falco busca reinventarse una vez más. La búsqueda del amor de una chica católica que trabaja con su madre, quien se dedica a darle la extremaunción a personas que están a punto de fallecer; choca con la inquebrantable voluntad de un joven mormón, que en el contexto de una religiosidad profana pasa sus días recorriendo pueblos del interior. Acaso ese sea el hilo conductor: una serie de escenas convertidas en relatos que buscan cristalizar todo aquello que ocurre entre siesta y siesta.

La máquina de rezar, de Bob Chow (Marciana)

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Unos cuántos autores vienen describiendo hace años un futuro en que las máquinas ya nos habrán desplazado por completo. Los robots sexuales, por ejemplo, dejarán de dar servicio para amarse entre ellos. Y así todo. Bob Chow cree en este tipo de cosas. “¿Qué se podrá esperar de las supermáquinas extraterráqueas cuando bajen las escotillas?”, lo pone a decir a Ron Tudor, historietista protagónico de La máquina de rezar, una de las tres novelas que publicó este año. Es la continuación de Un momento de debilidad (2014). Los mismos actores (aunque intercambiados). Y “mujeres que te enloquecen”, drogas y extraterrestres: “Esos tres temas que necesito”. Stéphane Charbonnier, el caricaturista de Charlie Hebdo, le presta al protagonista un departamento cerca del centro de París. El inquilino es un tipo obsesivo que se pone a revisar y en un desván encuentra algo que se parece a una máquina. Charbonnier le dice, suelto de cuerpo, que se trata de “la máquina de rezar”. La ponen a funcionar. Hay un zumbido de rezo, repetitivo y completamente anodino. Ahí viene el punto: ¿Qué clase de Dios es ese al que hay que aplacar con repeticiones? En una novela de acción, el representante del “dandismo deforme” (una definición que acepta de buen grado), se divierte sobre un futuro en el que tal vez estemos repartidos en varios cuerpos y tendremos que hacer averiguaciones para saber cómo nos llamamos.

La luz mala dentro de mí, de Mariano Quirós (Factotum)

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Ganador del primer premio Fondo Nacional de las Artes 2014 al Mejor Libro de Cuentos, distinguido por la Legislatura chaqueña y editado por Factotum en 2016, los relatos de Mariano Quirós dosifican e intercalan temáticas cotidianas con apariciones y mitos rurales del norte chaqueño. El lobizón y la luz mala interactúan con las dificultades que encierra la vida plena de la sexualidad en el contexto aletargado de la siesta norteña. Con personajes que rompen la monotonía y tramas con buenos cierres, Quirós entreteje una serie de relatos que componen un friso con el que decora de forma provocativa la vieja armazón social de la vida chaqueña. Alejado de los lugares comunes,_ La luz mala dentro de mí_ se destaca y brilla desde su primer cuento. Tal vez, el mejor de todos, justamente,_ Toda la luz mala_.

Subsuelo, de Marcelo Luján (Revólver)

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El policial negro en Argentina ha perdido detectives y ha ganado potencia a base de poner de relieve la trama social que se esconde detrás del delito. El último libro de Marcelo Luján no escapa a esta lógica. Ganadora del premio Dashiell Hammett 2016 en la XXIX Semana Negra de Gijón, Subsuelo juega en los bordes del género, se nutre de sus recursos, de su ambiente y lo hace sin la palpable necesidad de caer en lugares comunes del policial. Escrita en un castellano español, como producto de los quince años que su autor ha pasado en el país ibérico, la obra del escritor oriundo de Mataderos pone en el centro del relato a las relaciones familiares. No necesita escenarios sórdidos, se sirve de una apacible parcela utilizada como lugar de descanso. Con esos recursos moldea una historia que no puede parar de leerse. Es en la dinámica que Luján le da a su lenguaje donde encontramos la potencia narrativa del policial. Aún cuando se prescinde de la figura central del investigador, hecho que queda delegado en la participación del lector.

Principio de fuga, de Francisco Cascallares (Notanpuan)

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_Notanpuan _no solo es una editorial y librería: en 2016 trascendió esas fronteras para convertirse en un proyecto integral que busca promover nuevos autores. El catálogo creció a base de escritores jóvenes y publicaciones con temáticas variadas y novedosas. La más destacada, y acá juega la subjetividad de quien escribe, es el libro de Francisco Cascallares Principio de fuga. Se trata de un libro que es mucho más que un mero compendio de relatos ruteros. Es una yuxtaposición de cuentos que se entrelazan para mostrar la totalidad del rompecabezas que la obra busca construir. Todos los relatos confluyen y se entrelazan en pequeños detalles que tejen una metatextualidad que el autor logra construir con mucha eficacia. La potencia de la escritura de Casacallares reside en que aún en los cuentos cuya trama pareciera no estar a la altura del resto del libro, se le impone una forma narrativa implacable capaz de pavimentar cualquier bache en el seno de la historia.

Vivir entre lenguas, de Sylvia Molloy (Eterna Cadencia)

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Sylvia Molloy es una escritora que arriesga sin que corra peligro la sencillez de su lenguaje. La belleza de su narrativa está en pasar una anécdota personal por el tamiz de la ficción para concebir una nouvelle demoledora. Vivir entre lenguas, el libro publicado por Eterna Cadencia a comienzos de año, está a mitad de camino entre el ensayo y la novela autobiográfica. Es sí, una exquisita miscelánea que permite entender cómo es convivir con una simultaneidad de lenguas. La escritora, ensayista y crítica, que está radicada desde hace décadas en los Estados Unidos, atraviesa con humor y reflexión el desconcierto de una mujer que vive tironeada entre el inglés y el español, solo cuando no se mete a disputar terreno el francés. El libro, que ahonda en cómo piensa, cómo teme, cómo sueña una bilingüe, está lleno de preguntas, pero es quizás la del cierre, la que queda sin respuesta, la que define mejor a esta obra y a su escritora: “Después de todo, ¿en qué lengua soy?”.

Los diarios de Emilio Renzi: los años felices, de Ricardo Piglia (Anagrama)

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El diario es un género inclasificable. Es ese que podés escribir vos, o vos, o yo. Es un libro íntimo que recoge anécdotas, pecados, notas de viaje, frases y ficciones. Es el consuelo del que no escribe y el cielo del consagrado. Piglia eligió este género tan íntimo para narrar las aventuras de Renzi, el único componente de ficción en esta publicación de Anagrama que llega después de Años de formación y que se completará con un libro más. Esta vez, el autor recorre el periodo 1968-1975, esos años a los que llama felices, pero que están plagados de muertes, abandonos y dictaduras. Pero habla de él, aunque no aparezca nunca, de su camino en el mundo de las letras, de sus influencias literarias y de su relación con escritores consagrados como Borges, Puig o Roa Bastos. De esta forma, el diario se transforma en un pasaje al corazón de la obra pigliana, pero también en un decálogo de la literatura argentina de las últimas décadas.

La uruguaya, de Pedro Mairal (Emecé)

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“A veces a la realidad hay que tergiversarla, mejorarla o meterle un catalizador para hacer que en la historia suceda algo que tal vez en la vida no sucedió, o sucedió un poquito”, dijo Pedro Mairal, en una entrevista a La Nación, sobre La uruguaya, su nueva novela. La experiencia asoma de cuerpo entero en este libro publicado por Emecé, en el que el autor explora los vaivenes emocionales de Lucas Pereyra, un cuarentón que atraviesa una crisis de pareja y financiera de la que se escapa vía Uruguay. A ese viaje va a buscar dólares en tiempos de restricciones cambiarias y a encontrarse con una amante seductora. Eso que parece el escape perfecto toma un girón inesperado que le da sentido al relato. El autor de Una noche con Sabrina Love y El año del desierto se mete en los hiperexplorados mundos del deseo, la infidelidad y la culpa con un componente intriga y humor que hace efectivo al relato y ágil a la lectura.

La maestra rural, de Luciano Lamberti (Random House Mondadori)

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Primera novela de Luciano Lamberti luego de una serie de libros de cuentos entre los que se destacan El asesino de chanchos, Los campos magnéticos y el genial_ El loro que podía adivinar el futuro_. Estructurada de forma coral, ya que cada capítulo está narrado desde la visión de un personaje que compone un fragmento de la historia, la novela es un mosaico de interpretaciones que relatan el devenir de los acontecimientos a través de la subjetividad de cada narrador. Una ex maestra que compone una obra poética de culto y desaparece de la vida pública; un poeta frustrado que la busca incansablemente por las extrañas propiedades que se manifiestan al leer sus libros, y una serie de personajes que contextualizan la vida cordobesa. Libros con propiedades particulares y apariciones que se materializan en diversos puntos componen una obra que se enmarca dentro de la ciencia ficción nacional, esa que gana terreno y escritores.

Stoner, de John Williams (Fiordo)

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Cincuenta años después de su edición original, Stoner explotó en la Argentina y se convirtió en un inesperado suceso de ventas. Editado originalmente en 1965 y reeditado hasta el hartazgo, logró entrar al mercado local con éxito en 2016. El boom de ventas de la cuarta reimpresión del libro sorprendió a lectores, críticos e incluso a Fiordo, una interesante editorial que ha potenciado la edición de novelas de autores locales e internacionales con traducciones muy cuidadas y de calidad. Cuál es el gancho de Stoner, la capacidad parsimoniosa de John Williams de narrar una historia simple a la cual no le sobra ni le falta nada. William Stoner es un personaje gris, nacido en el seno de una familia de campesinos de Kansas, que acude a la universidad en busca de graduarse como técnico agrario. Sin embargo, y como producto de una epifanía, encuentra en la literatura mucho más que una vía de escape. Encuentra una profesión, un amor y una denodada entrega hacia la lectura. Libro al que hay que darle rodaje durante las primeras cien páginas, porque su lectura termina siendo imprescindible.

Las garras del niño inútil, de Luis Mey (Factotum)

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Otra reedición que merece una mención especial es esta novela del joven y prolífico escritor Luis Mey, que podría estar en la lista de mejores libros del año cada vez que Factotum ediciones decida reimprimirla. Es que Las garras del niño inútil —de la trilogía que completan En verdad quiero verte, pero llevará mucho tiempo y Los abandonados— es un documento de ficción sobre la descomposición social de los ’90, que en rigor de verdad comenzó antes del menemismo, como la propia novela. Maxi, el más chico de cuatro hermanos, cuenta cómo se vive en una familia sometida por un padre alcohólico, golpeador y fabulador, apañado por una madre sumisa que ejerce violencia por imitación. El libro de Mey narra una ferocidad que excede la paliza de un padre, es la violencia cotidiana de una familia que vive en San Isidro, a metro de La Cava, y que ve cómo el desempleo y la pobreza van carcomiendo los cimientos de esa casa. El dramatismo está en lo que se cuenta y no en cómo se cuenta, por eso se trata de una novela que se lee en un soplo… de esos que te dejan sin aire.

Madre noche, de Kurt Vonnegut (La bestia equilátera)

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La Bestia Equilátera se ha propuesto reeditar la obra de Kurt Vonnegut, esta vez con ilustraciones de portada a cargo de Liniers y una traducción impecable, algo que se convirtió en sello característico de la editorial. El humor corrosivo y la sátira con la que Vonnegut escribe, les devuelven vitalidad y centralidad a sus críticas. Madre noche narra la historia de Howard W. Campbell, Jr, un escritor norteamericano que vive en Alemania al inicio de la Segunda Guerra Mundial. Contactado por el gobierno de los Estado Unidos como doble agente, debe pasar mensajes en clave a través de la radio del régimen Nazi al tiempo que, utilizando sus dotes actorales, hace propaganda a favor del régimen. Desconocido por su gobierno de origen, alabado por su verborrágica prédica radial a favor del nazismo y perdidamente enamorado de Helga, su esposa; la vida de Campbell es una parábola moral con sede en Berlín y el corazón en los Estados Unidos.

AUNO 14-12-16
MC-LOT

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