En defensa de la memoria por la Masacre de Pasco

A pesar del acecho de la Triple A, del asedio de la última dictadura cívico-militar y de la indiferencia de algunos gobiernos democráticos, el ex concejal de la JP Hugo Sandoval siguió encabezando los homenajes que año a año recuerdan a las ocho víctimas de la matanza de Temperley, en 1975.

Juan Lanari y Juan Relmucao

Lomas de Zamora, marzo 20 (AUNO).- Llegar al cementerio. Trepar un paredón. Otear si alguien vigila. Saltar hacia el camposanto sin miedo a la caída ni a las cruces ni a los nichos. Esconderse de las fuerzas de seguridad que acechaba. Poner en marcha la memoria. Así empezó el primer homenaje que cuatro compañeros de los militantes asesinados en la Masacre de Pasco, la noche del 21 de marzo de 1976, tres días antes del golpe de Estado. A 39 años de ese primer tributo, AUNO recuerda cómo fueron los homenajes que mantuvieron vivo el legado de esas ocho víctimas de la Triple A en Lomas de Zamora.

HISTORIA VIVA
Hugo Sandoval fue un militante Montonero y concejal de la Juventud Peronista que se salvó de la masacre ocurrida el 21 de marzo de 1975. De las paredes humildes de su casa brotan, como si se tratara de una inagotable veta de riqueza histórica, distintos hitos de su vida, que es también la vida política de Lomas de Zamora. Ahí está su carnet de concejal por la JP, las fotos de la militancia, imágenes de diferentes homenajes a sus compañeros.

El hombre tiene 70 años, más de un metro noventa, una complexión que permanece imponente aunque no escapa al paso del tiempo, una memoria que roza lo fantástico, dos cicatrices visibles y muchas otras no tanto. Tiene el tic de cerrar y abrir el puño izquierdo cuando sabe que va a llorar, una cruz de metal a la que se aferra de cuando en cuando y un anecdotario tan laberíntico como rico. La noche de la masacre, Sandoval esquivó la muerte porque la policía lo detuvo antes de que llegar a una de las casa marcadas por las Tres A. Sabe que el tiempo no está a su favor y le anticipa a AUNO que piensa escribir un libro acerca de la Masacre de Pasco. “Para que se sepa la verdad. O al menos lo que yo creo que es la verdad”, dice.

El 21 de marzo de 1975, luego que la policía liberara el barrio de San José, en Temperley, un comando de la Triple A de 16 autos con cuatro hombres en cada uno realizó un raid en el que fueron secuestrados ocho militantes de la JP, algunos más comprometidos desde su participación política y otros simplemente “adherentes” o cercanos al movimiento.

Para cumplir su objetivo de “sofocar” la militancia en la zona, un territorio donde la JP habían logrado una fuerte adhesión en los barrios (ver nota aparte), la ultraderecha peronista buscó aterrorizar: luego de asesinarlos con ráfagas de ametralladora, los cuerpos del concejal Héctor Lencina, Héctor Flores, Aníbal Benítez, Alfredo y Eduardo Díaz, Gladys Martínez, Germán Gómez y Ruben Bagninia fueron apilados y dinamitados en un baldío de José Marmol. El barrio amaneció con restos humanos en las terrazas y colgando de cables de luz.

AÑOS DE PLOMO Y HOMENAJES CLANDESTINOS
Después de consumada la masacre, Sandoval y otros marcados por la Triple A “levantaron” su casa y, para escapar al brazo represor, comenzaron una vida nómade que terminaría dos años después, cuando la persecución de los grupos de tareas empezó, lentamente, a menguar. En esas condiciones de constante retirada se organizaron los primeros homenajes a las víctimas de la masacre. “Nos juntábamos todos en la parte de atrás del cementerio, saltábamos la pared, entrábamos, dejábamos las flores, decíamos unas palabras y, así como habíamos entrado, salíamos y cada uno tomaba un camino diferente”.

Cada año, desde 1976 hasta 1982, cuando se recuperó el cuerpo de Lencina, el ritual clandestino se repetía con religiosidad. “Arriesgábamos todo”, remarca quien supo estar en las listas negras de las tres A y, luego, de la ultima dictadura cívico-militar. Si bien el primero de esos tributos secretos contó sólo con la presencia de Sandoval, su esposa Celia Acuña y dos compañeros de apellidos Rodríguez y Sabino, cuadros relevantes de Montoneros y la JP llegaron con los años a trepar el muro del cementerio: la exministra de Seguridad Nilda Garré, el exlíder montonero Fernando Vaca Narvaja, la referente de la Resistencia Peronista Susana Valle, el ex gobernador bonaerense Andrés Framini y el dirigente sindical Sebastián Borro pasaron por las tumbas para rendir homenaje a sus compañeros.

DEMOCRACIA Y RECONOCIMIENTO
Con la llegada de la democracia hubo un notable cambio en la participación de las autoridades políticas en los homenajes. Concejales e intendentes comenzaron a acercarse a la flamante Comisión Permanente de Homenaje de la Masacre de Pasco conducida por Sandoval, quien reconoce que en esa época “cambiaron un montón de cosas gracias compañeros que fueron consiguiendo cargos, y también por los radicales que estuvieron con nosotros”. Algo que destaca es el trabajo de “todos los directores del Cementerio Municipal y su colaboración con los homenajes”.

En esta época, de hecho, Sandoval rescata uno de los momentos más importantes en estos 40 años, cuando en 1984, junto con miembros de Intransigencia y Movilización Peronista, llevaron el ataúd de Lencina desde el nicho 1313, donde lo habían ocultado en la dictadura, hasta la parcela en la que hoy descansa a perpetuidad.

DEMOCRACIA Y DESCONOCIMIENTO
Con el menemismo y el neoliberalismo, el apoyo a la comisión se limitó apenas al ámbito local, y fue el intendente de entonces, Juan Bruno Tavano, quien “más se acercó y apoyó las investigaciones y los homenajes” de los desaparecidos en Lomas de Zamora.

Los peores años para los homenajes, asegura Sandoval, fueron los del gobierno de la Alianza y la gestión de Juan Archan como director del cementerio: “Fue terrible, hizo desaparecer el trabajo en tierras donde se buscaban cuerpos de desaparecidos desde 1983. Fue la peor época”. Otro momento tenso fue años más tarde, cuando el entonces intendente lomense Jorge Rossi intentó tomar la palabra durante una de las anuales recorridas por las tumbas de Lencina, Flores y el ex concejal de la JP César Dolinksy, fallecido en 2004 y viejo amigo de los caídos. “¿Qué tenía que venir a decir?”, cuestiona Sandoval. “Él no estuvo con nosotros en ese momento y yo no iba dejar que sacara rédito político del homenaje. Mientras muchos compañeros pasábamos hambre, él era alcahuete de Eduardo Duhalde.”

UN NUEVO IMPULSO
En el país se produjo un cambio de paradigma en materia de derechos humanos con la llegada del kirchnerismo y una política que incluyó el impulso de los juicios a represores y la revisión histórica de la década de 1970.

En 2008, el Concejo Deliberante de Lomas de Zamora aprobó de forma unánime una ordenanza que otorgaba a las familias de Lencina y Flores el derecho a perpetuidad sobre las parcelas donde hoy descansan sus restos. Dos años más tarde, se aprobó también de manera unánime la ordenanza que institucionaliza al 21 de marzo como “Día de la Memoria” de Lomas de Zamora e impulsa la conmemoración de la Masacre de Pasco en las escuelas del distrito.

“Hubo un aumento de la militancia joven muy marcado con el kirchnerismo; se acercaron mucho a nosotros. Quiero que ellos tomen la bandera y continúen el legado de los homenajes de la masacre”, se esperanza Sandoval, para quien la militancia “es hermandad, es lealtad, es dar la vida”. “Yo en esos compañeros reencarno a los 30 mil”, dice, y le aparece ese tic en el puño izquierdo.

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AUNO-20-03-15

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