“El periodismo revolucionario no debe ser obsecuente”

Con años de experiencia en los diarios Juventud Rebelde y Granma, la periodista cubana Katiuska Blanco Castiñeira consideró que los profesionales de la comunicación deben “criticar los defectos, sin perder de vista el objetivo revolucionario”.

Pablo Tallón

Lomas de Zamora, octubre 10 (AUNO).- Apenas recibida de la Universidad de La Habana, en 1987, la periodista Katiuska Blanco Castiñeira desembarcó en Angola para cubrir la misión internacionalista que Cuba llevaba a cabo en África. Más de diez años de experiencia en los diarios Juventud Rebelde y el Granma hacen que pueda opinar de la relación entre periodismo y revolución. “Hay que informar sin hacerle el juego a los enemigos, pero tampoco hay que perder de vista el objetivo revolucionario. Desempeñarse en la labor con ética y criticando los defectos que pueda llegar a tener la Revolución”, consideró durante una entrevista con AUNO la biógrafa de Fidel Castro Ruz.

Esta visión del periodismo, en la que el profesional debe adherir al proceso revolucionario pero no debe someterse a los errores del proceso, no es una opinión personal y algo raro en la isla, sino que es una especie de mandato implícito que parte del propio líder comunista: “El propio Fidel me pidió una noche de 2006, cuando enfermó, que le realizara un ‘cuestionario inquisitorio’”.

“Nunca tuve miedo de preguntarle algo, ya fuera de política, economía o sociedad, porque es un hombre inteligente y sabe responder. Sólo me costaba adentrarme en su vida personal, ya que es muy pudoroso con su privacidad”, aseguró Blanco Castiñeira.

La mujer pasó por Prensa Latina, la agencia pensada por Fidel Castro y Ernesto Che Guevara, y encomendado al periodista argentino Jorge Masetti, cuya máxima era: “Hacer la revolución en el periodismo de Latinoamérica”. Por allí pasaron también Rodolfo Walsh, Jorge Timossi, Rogelio García Lupo y el colombiano Gabriel García Márquez, entre otras plumas.

“Hemos tenido periodismo militante en el que se trataba de mejorar el ejercicio profesional, siempre basado en la ética. Uno debe hacer su labor, incluso criticando los defectos que pueda llegar a tener la Revolución, pero sin hacerle el juego a nuestros enemigos ni perder el objetivo revolucionario”, definió Katiuska, para quien “una revolución, si es verdadera, nunca está terminada, siempre puede ser perfectible, y eso se logra día a día”.

En este marco, se animó a unos consejos para noveles de la comunicación (y para los no tan noveles también): “Un buen periodista es aquel que investiga, que es serio, que nunca se conforma con lo aparente. Las preguntas no deben ser meras preguntas, sino que deben contener información”.

Por otra parte, acerca de la actualidad del líder cubano y su relación con el pueblo, sostuvo: “El golpe duro de saber que Fidel se debatía entre la vida y la muerte ya lo hemos vivido. Tanto él, como la gente, vivieron ese momento con una madurez increíble. Cuando la noticia fue anunciada, la serenidad, el silencio y el respeto colmaron la isla”.

“Nunca pensamos una Cuba sin Fidel, así como tampoco concebimos una Cuba sin José Martí. Fidel no se va, permanece en la confianza del pueblo. Nosotros nos nutrimos de él, y él de nosotros; es una relación bella”, aseguró.

Pasados 53 años de la gesta revolucionaria de los guerrilleros de barba larga que descendieron de la Sierra Maestra para derrocar al régimen del dictador Fulgencio Batista, Katiuska Blanco Castiñeira confía en las enseñanzas legadas por los líderes de aquel movimiento. “El pueblo cubano encontró una imaginación, una preparación y una improvisación increíbles que fueron gracias a la Revolución. Estamos orgullosos de nuestra historia. No subestimamos al adversario, pero confío mucho en lo que la Revolución fundó, una juventud conocedora del mundo y de la historia, preparada para el futuro. La juventud cubana es bella, los revolucionarios le dieron la protección necesaria.”

“Tendremos pocas computadoras, pero las sabemos utilizar y las usamos socialmente”, aseguró, poniendo el acento en la “improvisación” de los cubanos, que recuerda la anécdota que escribió Ernesto Guevara en sus “Diarios de motocicleta”: “Nuestra moto marchaba con parsimonia, demostrando sentir el esfuerzo exigido, sobre todo en su carrocería, a la que siempre había que retocar con el repuesto preferido de Alberto, el alambre. No sé de dónde había sacado una frase que atribuía a Oscar Gálvez: ‘En cualquier lugar que un alambre pueda reemplazar a un tornillo, yo lo prefiero, es más seguro’”.

Actualmente la periodista se desempeña en la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado cubano, donde se conservan más de 70 mil documentos originales de la lucha revolucionaria cubana. “Este archivo nació en la mochila de Celia Sánchez Manduley, una de las mujeres que acompañó a Fidel en la Sierra Maestra y guardaba cada uno de los papeles, que luego escondía en la casa de distintos campesinos”, describió Blanco Castiñeira, con su tranquilidad caribeña y dejando las ganas de que la charla no termine.

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AUNO-15-10-12

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