El Hogar Israelita, refugio para los abuelos

Una entidad nacida hace 87 años alberga a casi 300 ancianos desamparados de la comunidad judía. Algunos de ellos son sobrevivientes de campos de concentración.

(AUNO-Tercer Sector*) El 13 de Tebet del año 5763, o el 18 de diciembre de 2002, según estipula el calendario gregoriano, en el Hogar Israelita Argentino para Ancianos los jardineros cortan el pasto bajo un cielo que no se decide a llover. Alguna vez el caserón de dieciséis hectáreas ubicado en Burzaco, en el sur del Gran Buenos Aires, estuvo poblado de chicos que huían de la Segunda Guerra Mundial. Hoy forman parte de los 300 abuelos que el hogar protege en todos los aspectos: les brinda comida, alojamiento, ropa, recreación y todo lo que necesiten. Otros son sobrevivientes de campos de concentración.
“Aquí hay trescientos ancianos y trescientas historias diferentes asegura su directora Diana Farji. Esta es una casa muy grande, la relación que tenemos con los habitantes es directa, todos nos conocemos con todos. Acá los ancianos no son una cosa, no son ‘el ocupante de la cama tanto o el residente número tal’, sino que tratamos sobre todo de que se sientan cómodos”.
El lugar es ocupado por el hogar desde 1946, cuando José Iturrat, un filántropo que no pertenecía a la comunidad judía, donó el terreno para de que la institución tuviera un asentamiento del que no pueda ser movida. La entidad, desde su creación en 1915, había estado hasta ese momento errando por diferentes casas que alquilaba en la Capital Federal.

En su origen, los fundadores del hogar, que eran inmigrantes europeos, lo denominaron ‘Asilo de Niños Huérfanos y Ancianos Desposeídos’ ya que su fin era cobijar a chicos a los que la guerra había dejado sin ningún familiar cercano y a personas mayores que lo habían perdido todo. Los menores, que asistían a una escuela técnica de artes y oficios, eran enviados, al alcanzar la mayoría de edad, a Israel. Algunos se quedaron a vivir allá, mientras otros volvieron a la Argentina.
Farji remarca que el hogar “no es un hospital, porque no nos manejamos con una infraestructura hospitalaria, ni es un geriátrico. Es un hogar de puertas abiertas. Ni familiares ni amigos tienen restricciones para entrar, no tienen horarios de visita. En cuanto a los ancianos, pueden salir en la medida en la que están en condiciones de hacerlo. Controlamos quién está adentro y quién afuera como en cualquier casa, pero por una cuestión de cuidado, no de permiso”.

Una condición importante para que una persona sea recibida en el hogar es su situación de desamparo. Los estatutos indican que pueden ingresar los mayores de 65 años que presenten patologías de la edad. La directora considera que esta última condición es relativa, ya que “no hay una patología que sea propia de la edad. Problemas cardíacos o diabetes se puede encontrar en cualquier edad”.
La obra se mantiene gracias al aporte de sus 3200 socios particulares, ya que no recibe subsidios del Estado ni de algún tipo de comunidad. El servicio que brinda el hogar es gratuito y significa una fuente laboral muy importante para los habitantes de la zona, ya que emplea a más de 200 personas, entre las que se encuentran especialistas en salud mental, kinesiólogos, oftalmólogos, cardiólogos y ginecólogos que se encargan de chequear todos los días el estado físico de los ancianos.
La recreación es una de las funciones más importantes que desempeña el hogar, donde todos los días se organizan talleres de pintura, literatura, idioma idish, cocina, gimnasia y computación, entre otros. También cuenta con la presencia de trabajadores voluntarios que traen talleres y actividades propias. Su labor es orquestada por la coordinadora del Servicio Social, Sofía Aptekman, quien entre otras cosas se encarga de asesorar a los voluntarios y de guiarlos en su ocupación. La coordinadora considera que “ser voluntario es brindarte a vos mismo. Ser filántropo es dar plata”.
Farji cuenta que el hogar tiene muchas aspiraciones, que van desde lo simple, como puede ser la instalación de una segunda bomba de agua, hasta la idea de hacer participar en el cultivo de la huerta del predio a beneficiarios del Plan Jefes y Jefas de Hogar. Otro proyecto es el de volver a abrir las puertas a chicos, ante una realidad que desborda a las instituciones de este tipo. “Estamos diseñando una campaña para ofrecer residencia transitoria, comida y servicio médico al menos a 30 madres que tengan hijos con problemas nutricionales”. adelantó Farji.

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Cómo comunicarse: Hogar Israelita Argentino para Ancianos. Teléfonos: 4299-0133/0425/ 4238-4954/56/58¡Error!No se encuentra el origen de la referencia.. E-mail: hiapa@elsitio.net————

*Agencia Universitaria de Noticias y Opinión/ Revista Tercer Sector

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