Del conurbano a la NASA: la médica de Lanús que sueña con ser la primera astronauta argentina en pisar la Luna

Lorna Evans, médica y piloto nacida en Lanús, lidera investigaciones en la Mayo Clinic y colabora con la NASA. Su meta es integrar la tripulación de la misión Artemis IV en 2028 y convertirse en la primera argentina en pisar la Luna.

No recuerda cómo sucedió. Simplemente un día le dijo a su papá que quería ser astronauta. A pesar de que él le explicó que en Argentina no había —ni hay— un programa aeroespacial, tampoco astronautas argentinos, mucho menos mujeres, eso no la disuadió de perseguir su sueño. «Entonces voy a ser la primera», sentenció Lorna Evans, de 37 años, quien nació en Lanús, creció en Avellaneda y hoy reside en Jacksonville, una ciudad situada en el noreste de Florida en Estados Unidos.

Es que para Lorna su afición por conquistar el cosmos siempre estuvo ahí, de forma instintiva, casi natural. «No sé de dónde viene esta pasión por el universo y el cielo que amo, es algo que me encanta y no tiene explicación. Es como la analogía de a quién le gusta el helado de chocolate por sobre el de vainilla: no se sabe por qué, simplemente le gusta más», indicó Lorna en diálogo con AUNO.

A través de una videollamada, Lorna recordó los momentos que marcaron su vida y que la llevaron hoy a ser candidata a astronauta análoga por el programa HERA de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio, más conocida como la NASA (por sus siglas en inglés, National Aeronautics and Space Administration), y a liderar dos proyectos de investigación en la Mayo Clinic, en colaboración con la agencia espacial estadounidense.

Evans, en las instalaciones del Johnson Space Center de la NASA en Houston, Texas | Foto: Gentileza Lorna Evans.

De Avellaneda al espacio: cómo una médica argentina se convirtió en piloto y llegó a la NASA

Hija de madre bibliotecaria y de padre médico, Lorna siempre demostró gran interés por la aeronáutica. Desde que iba de chica a Aeroparque para ver los aviones despegar y «sentir la vibración del motor en el pecho», hasta su interés por la ingeniería. Sin embargo, decidió seguir los pasos de su padre y estudiar medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA). «Él me influenció, pero el sueño de ser astronauta quedó siempre latente», contó.

Mientras cursaba las materias de la carrera, Lorna decidió que haría «lo máximo posible» para perseguir el sueño que la haría feliz y ser «auténtica» con ella misma, así que comenzó la carrera de piloto. «Fue muy duro, de mucho sacrificio, porque siendo de clase media baja tenía que trabajar para costearme los apuntes, los viáticos y las horas de vuelo. Con suerte volaba una vez por semana si el dinero alcanzaba», relató.

Fue durante los exámenes psicofísicos que conoció a médicos militares especializados en aeronáutica, lo que a su vez la llevó a descubrir la medicina aeroespacial, el punto de encuentro perfecto entre su carrera y su pasión. Pero los desafíos continuaban presentándose en su camino. La falta de desarrollo local en esta rama médica le planteó la dura decisión de tener que migrar a Estados Unidos.

Primero se recibió de piloto, luego de médica. A los 27 años se subió a un avión y probó «suerte». «Fue un sacrificio enorme, muchísimo dinero y también con miedo, porque si fracasaba ese plan, ¿qué hacés? Ese era un miedo grande», sostuvo Lorna, a la par que destacó el apoyo de su familia en perseguir su meta.

«Siempre tuve carácter fuerte y una personalidad fuerte, desde chiquita. Y mis viejos me decían ‘ah, estás re loca vos’. Ya estaban acostumbrados, ya no les sorprendía nada. Y ahora están súper asombrados del camino, cómo se dio todo. Están muy contentos de ver que existe una posibilidad real de alcanzar mi meta», agregó.

Una vez instalada en Estados Unidos, el desafío fue insertarse en el mercado laboral estadounidense. Cada día Lorna mandaba «un montón de mails» a médicos y especialistas para que le dieran la oportunidad de hacer observerships, una experiencia educativa clínica donde médicos o estudiantes observan la práctica médica en hospitales sin interacción directa con pacientes ni toma de decisiones. Además, en paralelo tuvo que rendir los exámenes para revalidar su título.

Finalmente, por recomendación de un amigo, un doctor la aceptó en la Mayo Clinic, una organización sin fines de lucro líder mundial dedicada a la práctica clínica, educación e investigación médica. Una vez allí, Lorna comenzó a hacer investigación y a buscar su «nicho», la medicina aeroespacial. Fue así que conoció a su mentora, una médica militar aeroespacial, quien la impulsó a postularse a los cursos de especialización de la NASA.

«Ella me puso bajo su brazo y me dijo: ‘Lorna, yo no pude entrar, pero vos tenés que aplicar porque vos vas a entrar; sos excelente, empezá'». Durante dos años, Lorna se postuló a las especializaciones aeroespaciales. Continuamente fue rechazada. «Empecé a sentir frustración, a dudar de mi capacidad y a perder la fe en mi sueño», narró.

En un evento aeroespacial conoció a un médico que trabajaba en la NASA hacía 20 años. Él le contó que antes de ingresar a la agencia fue rechazado siete veces. «Si esto es lo que amás, seguí intentando», le aconsejó. «Eso reavivó mi llama, lo intenté una vez más y entré; fue como una señal divina. Hice dos rotaciones muy importantes y ahora sigo investigando con ellos de forma externa», añadió Lorna.

Investigación en la Mayo Clinic, el programa HERA y el sueño de pisar la Luna con Artemis IV

La joven médica lanusense lidera dos proyectos de investigación conjuntos entre la Mayo Clinic y la NASA. El primero es sobre las concentraciones de dióxido de carbono (CO2) en la cabina espacial para comprender sus efectos en los astronautas; y el segundo es sobre nutrición en misiones de larga duración al espacio profundo (Marte y la Luna), donde indaga las ventajas de la nutrición basada en plantas frente a la carnívora.

A su vez, se postuló al programa HERA, un análogo terrestre ubicado en Houston, Texas, donde los aspirantes a astronautas son encerrados en un módulo durante 45 días para simular misiones, investigar cómo actúan y así generar protocolos de seguridad y contingencia. De quedar seleccionada, Lorna contaría con la experiencia necesaria para luego formar parte de la misión Artemis IV de la NASA.

Junto a la cápsula Orion, la nave espacial del programa Artemis con la que la NASA planea los próximos alunizajes | Foto: Gentileza Lorna Evans.

Artemis es el programa de la agencia aeroespacial estadounidense que busca llevar humanos a la Luna por primera vez desde 1972. Con Artemis I (2022), la NASA puso a prueba su Space Launch System (SLS) y la nave Orion en un vuelo no tripulado. En Artemis II, cuatro astronautas utilizaron ese mismo vehículo para sobrevolar el satélite terrestre en un viaje de 10 días que concluyó el 10 de abril.

Ahora, la NASA prepara la misión Artemis III (2027), cuyo objetivo principal es probar el acoplamiento en órbita de la nave Orion con módulos de aterrizaje comerciales, con el fin de validar la tecnología necesaria para futuros alunizajes. Así, en 2028, con Artemis IV, la NASA planea el primer alunizaje desde el Apolo 17, y Lorna espera ser una de los cuatro integrantes de la tripulación que pise la Luna. «Cuando abran el llamado, yo me voy a postular para ya ir a las misiones del espacio profundo», afirmó.

ALMA-IB: la asociación que lleva la medicina aeroespacial a los jóvenes del conurbano y América Latina

Hasta entonces, Lorna continúa con sus proyectos de investigación, pero también impulsa la Asociación Latinoamericana de Medicina Aeroespacial, Ingeniería y Biotecnología (ALMA-IB), una organización sin fines de lucro que busca «plantar la semillita en los niños, orientar a estudiantes secundarios y desarrollar cursos de posgrado y subespecialidades con la UBA para jóvenes profesionales» que —al igual que ella— sueñan con conquistar el espacio.

Evans con el uniforme de vuelo y los parches de ambos países que representan su trayectoria: Argentina, donde nació y se formó; y Estados Unidos, donde trabaja para llegar a la Luna | Foto: Gentileza Lorna Evans.

«Hoy no existe la medicina espacial en Argentina; no hay líneas de investigación (…) También apoyamos las ciencias STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) y estamos tratando de conseguir sponsors para poder dar becas de estímulo, porque hay un montón de gente que tal vez no tiene la posibilidad de acceder a un telescopio o pagarse los apuntes», agregó.

Para Lorna, el capital humano argentino «es enorme», solo hace falta desarrollarlo y apoyarlo. De ahí la importancia de su labor en ALMA-IB: para que otros jóvenes del conurbano como ella puedan formarse en materia espacial. «A los jóvenes les digo que sigan su sueño porque ser auténtico te hace feliz y te da paz. Si no tienen dinero, dedíquenle un ‘cachito’ de tiempo cada día a ese propósito mientras trabajan de otra cosa. Con pasión y esfuerzo, el trabajo será bueno, las puertas se abrirán y eventualmente podrán vivir de su sueño. Ese debe ser el motor de nuestra vida», reflexionó.

Foto de portada: Gentileza Lorna Evans.

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