Pasada la medianoche, el algoritmo de las distintas plataformas sociales comienza a mostrar videos, imágenes y edits que piden por Memoria, Verdad y Justicia y recuerdan a los 30 mil detenidos desaparecidos, al cumplirse 50 años del inicio del periodo más triste de la historia argentina llamado Proceso de Reorganización Nacional.
Es de madrugada, pero el mundo digital no duerme. Distintas cuentas digitales publican mensajes críticos y emotivos para recordar a los que lucharon contra la dictadura, a los que ya no están, y a los que sufrieron sus vejámenes y torturas.
Con las primeras luces del día, aparecen los carteles, pancartas y banderas con la consigna ‘¿Dónde están?’ en la histórica Plaza de Mayo, aún conmovida por la vigilia que se realizó el día anterior. Con el correr de las horas, diferentes agrupaciones sociales, políticas y de derechos humanos se empiezan a reunir en los alrededores de la plaza para marchar por la memoria colectiva.
De a poco, la Avenida de Mayo comienza a llenarse de personas.
Desde el Conurbano, el tren Roca está repleto de personas sonrientes, felices por la causa que defienden. Circulan mates y galletitas mientras se habla de la familia, del trabajo, de la situación económica del país, de lo que esperan de este día, del aniversario por el quincuagésimo aniversario del inicio de la última dictadura cívico militar de la Argentina.




Hay pañuelos por doquier, con frases, flores, dibujos o mensajes. Diversas muestras artísticas sirven como estandarte para enaltecer la lucha de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo que desde hace 50 años exigen justicia y verdad. “¿Dónde están?” es la frase que suena una y otra vez, una pregunta para los militares que nunca dieron respuestas.
Las intervenciones artísticas no faltaron. Improvisaciones artísticas, bailes, pinturas y stencil en plena calle le ponen color y movimiento a esta marcha. El aroma de los puestos de patys y choris inunda la Avenida de Mayo y reconforta a varios estómagos después de largas caminatas.
Un grupo de señoras mayores empujan entre la multitud para abrirse paso mientras ríen de manera cómplice con quienes las rodean y quedan asombrados por la resistencia (y la fuerza) que tienen ellas frente a los embates que hay en una marcha de este calibre. A su alrededor, hay un chico subido a un semáforo, varias personas en el techo de una camioneta y otras tantas buscando un ‘huequito’ por el cual escabullirse para avanzar mientras sortean las columnas de las agrupaciones.
La diversidad de personas que hay en la marcha es algo que llama la atención. Hay abuelas, padres, niños y bebés. Es un clima familiar, en el aire se respira bondad y alegría. La alegría, las risas, los cantos y el acompañamiento le dan otro sentido al 24 de marzo, que en 1976 significó lo contrario.

Con la icónica bandera con las imágenes de los desaparecidos ya instalada en la Plaza y la presencia de Madres y Abuelas se da inicio al acto principal en el escenario ubicado en el centro de Plaza de Mayo. Bienaventurado aquel que intenta entrar a Plaza pasadas las 15 para escuchar los discursos de cerca. Muchos lo intentan, pero pocos lo logran
“30 mil detenidos desaparecidos: presentes, ahora y siempre” es el lema que gritan desde el escenario los diferentes interlocutores y al cual la multitud le responde eufórica con gritos y aplausos, pero atenta cuando alguien toma el micrófono. Las fotografías en blanco y negro, con sus nombres y edades, también admiran el panorama: miles de personas no los olvidan.
Llega el turno de una de las máximas referentes de lucha por los derechos humanos en el país. Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, se refiere a los nietos recuperados: “Llevamos 140 casos resueltos, ¿qué les parece?” a lo que la multitud vitorea con aplausos.
El escenario es centro de otras críticas y reclamos. La referente de Madres de Plaza de Mayo ‘Taty’ Almeida exige los fondos destinados a discapacidad, universidades, jubilados, y critica la reforma laboral y la Ley de glaciares. También se pide justicia por Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, Darío Santillán o Maximiliano Kosteki, y la liberación de Milagros Sala y de la ex presidenta Cristina Fernandez de Kirchner.
Terminado el acto central, las columnas de las agrupaciones y las personas empiezan a desconcentrarse. En el cierre de una jornada movilizante hay quienes se quedan cantando contra la dictadura; otros buscan una foto con el Obelisco de fondo al atardecer mientras un grupo de artistas siguen pintando las calles.
El centro porteño comienza a apagarse, el sol que se oculta y la Avenida de Mayo se vacía. Mañana será un nuevo día en el que las calles estarán plagadas de autos, pero en el aire quedará hasta el próximo año el eco del grito de muchos: NUNCA MÁS.
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FA-SAM


