Vargas Llosa: de pro cubano a neoliberal tardío

Vargas Llosa vendrá a la Feria del Libro de Buenos Aires. Su giro ideológico. En los ’60 elogiaba a Fidel Castro y a Cuba. Ahora son sus enemigos. El papel del escritor peruano cuando se lo designó para investigar el asesinato de periodistas en los ’80 a manos de militares.

Agresivo, antidemocrático, machista, impotente político y neoliberal tardío. Todo eso le cabe al peruano Mario Vargas Llosa y en la intimidad seguramente que hasta aceptaría de buen grado esos calificativos.

A todas esas caracterizaciones se las puede leer o escuchar en sus escritos literarios y en las declaraciones que viene realizando el autor de La Casa Verde desde hace algunos años, varios años, pero no tantos.

A Vargas Llosa en Europa lo llaman sin más vuelta “el peruano sudaca” e ignoran totalmente sus esfuerzos por parecerse blanco, civilizado, occidental y cristiano, como tampoco tienen en cuenta su ciudadanía española que la adoptó para refrendar sus posturas agresivas contra los países de América latina especialmente aquellos que tienen gobiernos que están en las antípodas de su atrasada doctrina neoliberal.

Vargas Llosa quedó muy mal herido políticamente cuando hace algunos años, en 1990, intentó llegar a la presidencia de Perú. En esa ocasión lo derrotó un descendiente de inmigrantes japoneses. Eran momentos en que el neoliberalismo, que en la Argentina se consumió en sobredosis, barría con la economía, el trabajo y la ética.

El autor de La ciudad y los perros ya se había anotado un fracaso que tuvo características de escándalo no sólo para Perú sino para el resto de América latina. Ocurrió en 1983, cuando en la Argentina se comenzaba a transitar de nuevo la etapa democrática.

En aquel año Vargas Llosa fue designado por el entonces presidente de Perú, Fernando Belaúnde Terry, al frente de una comisión que tenía como única meta investigar y dar con los autores del asesinato de ocho periodistas que a su vez investigaban para sus respectivos medio asesinatos en una localidad del interior del país.

El pueblo peruano y quienes seguían de cerca la masacre de los periodistas en América latina tenían firmes sospechas de que en el hecho habían tomado parte miembros de las fuerzas armadas peruanas.

¿Qué hizo Vargas Llosa? Dio un escrito vergonzante en el que se dejaba de lado toda posible culpa de algunos militares de su país en el asesinato. Luego de algunos años, en 1987, fueron condenados por el poder judicial peruano varios militares, entre ellos un general, por hallárselos responsables de aquellos crímenes.

A los besos con Fidel

Apenas le dieron el Premio Nobel, Vargas Llosa se despachó con sus lugares comunes contra los gobiernos de países de América latina, entre ellos, obvio, Cuba y Venezuela.

¿Qué dijo Vargas Llosa sobre Cuba, por ejemplo, en 1967? Ese año el peruano había obtenido el Premio Rómulo Gallegos.

En aquel momento señaló: “La realidad americana, claro está, ofrece al escritor un verdadero festín de razones para ser un insumiso y vivir descontento. Sociedades donde la injusticia es ley, paraíso de ignorancia, de explotación, de desigualdades cegadoras de miseria, de condenación económica cultural y moral. Pero dentro de diez, veinte o cincuenta años habrá llegado a todos nuestros países, como ahora a Cuba, la hora de la justicia social y América Latina entera se habrá emancipado del imperio que la saquea, de las castas que la explotan, de las fuerzas que hoy la ofenden y reprimen”.

¿Qué tal? Perfecto. Muy claro. El diagnóstico que hacía no sólo que no se cumplió, sino que esa realidad que describía, con las dictaduras más los proceso neoliberales que ahora él promociona, se potenció por mil.

Eran los tiempos en que varios escritores pertenecían a lo que en esos momentos se comenzó a conocer como el boom de la literatura latinoamericana. Varios de ellos no tenían demasiados recursos como para ir y volver todas las semanas de un extremo a otro del continente y también les era muy difícil ir a Europa y mucho más complicado les resultaba publicar sus escritos.

Todos sabemos las dificultades y peripecias que soportó García Márquez para publicar Cien años de soledad. Salvo, el mejicano Carlos Fuentes, que disponía de cuantiosos fondos, el resto no contaba con demasiados recursos económicos. José Donoso en Historia personal del boom cuenta detalles de esas dificultades e incluso del ninguneo de que eran víctimas por parte de la secta académica porteña.

De Vargas Llosa, que vendrá a la feria del libro de Buenos Aires, como mínimo se puede decir que es un ingrato porque se olvidó de quienes lo ayudaron para publicar sus libros cuando no era nadie. Para otra nota quedará un examen de cómo trata a los indios, a los pobres y a las mujeres en algunos de sus principales libros.

AUNO 04-03-11
HRC

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