Una tarde fría y cultural en el Wainer

Se trata de un nuevo centro cultural en Rafael Calzada. El proyecto es llevado a cabo por un grupo de amigos que organizó un festival artístico para recaudar fondos para refaccionarlo. Sensaciones de una tarde cultural en lo profundo del conurbano bonaerense.

Adrián Emanuel Barrera

Lomas de Zamora, junio 28 (AUNO).- En el centro de un paredón celeste hay una puerta negra adornada con una cartulina que reza “Winter fest”. A las cuatro de la tarde del sábado, unos pibes bajan de un corsa rojo con las partes de una batería para armar. Es que dentro de un rato comenzará un festival artístico que busca reunir dinero para que una casa tomada por un grupo de amigos desde hace un año y medio se transforme en el Centro Cultural Wainer en la ciudad de Rafael Calzada.

Cuando surgió ese proyecto, la casa estaba abandonada luego del fallecimiento de su dueño Davis Russ Wainer. Estaba totalmente tomada por la naturaleza: ramas, plantas y bichos por doquier. Con el tiempo, los ocho amigos limpiaron y ordenaron el lugar, pero aún falta mucho para hacer. La casa tiene un patio con árboles y un enorme cañaveral. En un costado hay una construcción de cinco cuartos que aún resiste el paso del tiempo. En la habitación más cercana a la puerta negra de entrada, las chicas del grupo arman la feria con ropa, vinilos, discos y libros. Por último, llega Cristian del centro cultural con ejemplares de su fanzine recién salido del horno en búsqueda de un lugar para venderlos. Los deja en una ventana como antesala a la feria.

Con extensos alargues y varias zapatillas improvisan una conexión eléctrica desde la casa de Rodrigo, que vive al lado, y así el baño, ubicado en el cuarto contiguo a la feria, deja de ser un lugar aterrador, ya que con un simple velador se ve cálido. Los cuatro espacios principales —la feria, la cocina, el baño y el escenario— están iluminados de esa forma para que no sean devorados por la oscuridad de la noche que cae rápido en el invierno.

De la improvisada cocina están a cargo Mica y Giannina, que cobran a un precio accesible las exquisiteces que prepararon con cariño. Una torta frita, una porción de bizcochuelo o tres pepas salen apenas cinco pesos, y hay hamburguesas veganas a 30. El té está 10, el café 12, la chocolatada caliente a 15 y también hay café al cognác que vale 10 pesos el vaso. Ese dinero es para seguir adelante con el refaccionamiento del lugar: principalmente para la bajada de la luz, pero también para contratar un volquete y sacar la basura acumulada en bolsas de consorcio.

Los invitados llegan con el correr de las horas. No pagan entrada alguna, sólo tienen que dejar una contribución en una botella forrada con papel afiche que dice “colaboraciones”. Minutos antes de las seis Feche y Joaquín se acomodan en el patio con sus guitarras, y con tímidez, comienzan el show de los Ugly Boys. Hacen tres canciones nostálgicas en inglés y se despiden con “The man who sold the world” de David Bowie. El frío de la noche empieza a sentirse y cala profundo en el cuerpo de los concurrentes, tanto que un flaquito, al que le dicen “Grin”, toma algunas ramas secas y prueba hacer una fogata pero falla en el intento.

La segunda banda en acomodarse en el escenario natural, que tiene de fondo el cañaveral, es La Brigada B. Marcos, Patricio y Nicolás copan la escena. Nico, el baterista, tiene una sábana blanca que lo cubre en alusión al tema “Fantasma”, aunque se la deja durante los once temas que conforman el set. En sus letras están impresas sus vivencias en las calles de Calzada. Algunos kamikazes etílicos se van al chino que queda a la vuelta del Wainer a buscar una cerveza. La gente no para de llegar y el lugar pasa de tener 20 personas a 50. Muchos vienen armados con marihuana y su aroma se siente en distintos rincones.

Los terceros en ubicarse en el patio son Dear Friend, un dúo integrado por Fero y Tecco, que con melodías suaves emanan un calor agradable. Ellos hacen siete temas, mientras los invitados van en busca de café para calentar la garganta. Sólo queda una banda, los 1994. Es un trío formado por Valentina, Diego y Guido. Sus canciones son lindas y simples, pero potentes. Mientras sus temas suenan, otro pibe intenta nuevamente con el fuego. Prueba de diferentes maneras hasta que para el final del show logra encenderlo. Todos se ponen a su alrededor y, gracias a los kamikazes del alcohol, comparten un Santa Filomena frente al calor de las llamas.

Apenas media hora después del cierre de 1994, termina el Winter Fest y quedan sólo el grupo de amigos. Se disponen a contar el dinero que lograron juntar y al terminar de hacerlo la sonrisa se dibuja en sus rostros. Con lo recaudado, la bajada de la luz está asegurada y el volquete ya puede ser pedido para terminar de limpiar el espacio. En la puerta negra queda el cartel del festival. “¡Lástima el frío!”, exclama con voz temblorosa uno de los chicos que sale del Centro Cultural Wainer.

Fotografía Gentileza: Rodrigo Salvador

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