Una suma de dificultades para acceder a la salud

Una organización social realizó una encuesta para verificar con qué posibilidades reales cuentan las familias de Villa Fiorito para hacer frente a la Gripe A. Los niños son los más afectados porque sólo hubo turnos para 40 de ellos en las unidades sanitarias. Cuando las falencias impiden la prevención.

Ausencia de profesionales por falta de pago y escasez de insumos resultaron las constantes en el funcionamiento de las cuatro unidades sanitarias que deben atender a 42 mil habitantes en Villa Fiorito, según lo reveló un relevamiento que realizó la organización Che Pibe sobre 102 familias consultadas, en el marco de la expansión de la Gripe A (H1N1). “Acá, eso de que si tenés fiebre vas al médico no existe”, afirmó Marcela Val, referente de la organización.

Las fallas en el sistema de salud se evidenciaron cuando el 14 por ciento de las 583 personas encuestadas expresaron apelar al lavado de manos para evitar infectarse con el virus, aunque “la aplicación efectiva de las medidas está limitada por las deficientes condiciones sanitarias, como el no acceso al agua corriente”, aclaró el pre-informe, al que accedió AUNO.

De esta manera, la extensión del virus en los barrios y la difusión mediática de la patología evidenció las dos variables que dificultan enfrentar la enfermedad en las barriadas pobres: la falta de los recursos básicos para la prevención y la de las herramientas médicas equitativas para actuar ante cuadros declarados.

La recorrida por las casas de Fiorito se realizó entre el 6 y el 8 de julio últimos, los primeros días de suspensión de las clases para evitar contagios, cuando la curva de consultas por la gripe ascendía.

Según el informe, un 68 por ciento aseguró querer consultar al médico al tener síntomas de enfermedad pero “sólo dos de las cuatro unidades sanitarias entregaron turnos para pediatría” durante la semana de las entrevistas”, indicó Val. Mientras que las otras dos salas otorgaron hasta 40 turnos para una población total de 42.902 habitantes.

Si los niños de la salita “La salud como derecho”, ubicada sobre el pasaje Eva Perón, sufrían algún malestar durante la primera semana del mes, no iban a poder atenderse, porque de las dos pediatras que estaba contratadas, una había presentado su renuncia y otra se encontraba bajo licencia médica. La misma suerte corrieron los vecinos más chicos de la Unidad Sanitaria “Villa Urbana”, entre Larrazabal y Calingasta, donde la especialista no trabajaba desde marzo.

Por su parte, en el centro sanitario “Nueva Fiorito” hubo cupo para 30 pacientes, 15 por cada uno de los dos días de atención, y en el “Ramón Carrillo” sólo para 10, atendidos por dos doctoras.

LOS PROBLEMAS Y LAS CAUSAS
Mientras en la población con más recursos económicos el menor síntoma de fiebre o malestar respiratorio despertaba la preocupación de padecer la enfermedad pandémica, en Fiorito los números confirmaban los problemas de salud históricamente asociados a la precariedad de la infraestructura del barrio.

El 66 por ciento de los encuestados tenían marcas de broncoespasmos, asma y bronquiolitis, que el informe de Che Pibe explica como consecuencia de la debilidad de las construcciones donde viven las familias, la ausencia de redes cloacales, agua limpia con la que higienizarse o cocinar y la instalación de las viviendas en cercanía a focos infecciosos, como basurales y arroyos con caudales contaminados.

LOS ENCUESTADOS
Aunque desde hace diez años la zona es catalogada como “ciudad” por la cantidad de habitantes que alberga, las familias no cuentan con los servicios básicos y sus necesidades son negadas estratégicamente por “el individualismo, la cultura del miedo y el no te metás”, denunció la organización en sus conclusiones.

Entre los pobladores hay una mayoría de personas que nació en el interior del país o en países vecinos, como Bolivia, Chile y Paraguay. En la población juvenil, la constante es la dificultad para alcanzar la independencia económica, por lo que incluso cuando son padres conviven con el núcleo parental.

Según el análisis, las dificultades económicas están signadas por la inestabilidad laboral, ya que la mayoría de los vecinos “trabaja en relación de dependencia, comúnmente como changarines en albañilería, cartoneros, botelleros y empleados domésticos”, puntualizó el documento. Además, como “no existe fuente de trabajo” en la zona, los vecinos deben trasladarse a la Ciudad de Buenos Aires u otros distritos del Conurbano bonaerense para encontrar una oportunidad de empleo.

MNL-AFD
AUNO-29-07-2009
aauno@yahoo.com.ar

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