Prisión en suspenso para el policía que detuvo ilegalmente a Bulacio

El ex comisario Miguel Ángel Espósito fue hallado culpable por la “detención ilegítima” del joven que en 1991, mientras hacía fila para entrar a un recital, fue privado de su libertad, torturado y muerto seis días después. Al acusado le dieron tres años. La querella no podrá apelar la sentencia.

Juan Ignacio Lanari

Lomas de Zamora, noviembre 8 (AUNO).- Walter Bulacio, de 16 años, fue detenido y torturado en abril de 1991 cuando estaba por entrar a un recital de los Redonditos de Ricota. Murió unos días después en el Sanatorio Mitre por un “aneurisma no traumático” provocado por las torturas que recibió en la comisaría 35 y recién hoy, 22 años después, finalizó un juicio que, en palabras de sus familiares, “llegó tarde y mal” porque sólo imputó al ex comisario Miguel Ángel Espósito por la “privación ilegal de la libertad” del joven, no por su muerte. La condena terminó siendo el triste final esperado: “tres años de prisión en suspenso”, por lo que Espósito no irá a la cárcel.

Antes del fallo, familiares de Walter y organizaciones de derecho humanos realizaron una concentración en la plaza Rodríguez Peña, a dos cuadras del tribunal, para mantener vivo el reclamo de justicia por la muerte de Bulacio.

Algunos minutos pasaron de las dos de la tarde y en la esquina de Paraguay y Callao ya había algunos jóvenes con remeras y carteles. La mayoría de la gente que pasaba por ahí no sabía qué reclaman y algunos curiosos se acercaban a preguntar. Una bandera grande con letras blancas sobre un fondo negro colgada de una reja de la plaza anticipaba: “Yo sabía que a Bulacio lo mató la policía”.

Varios jóvenes con remeras de la Correpi repartieron unos volantes que explicaban el caso Bulacio y convocaban a varias movilizaciones “en contra de la represión” para las próximas semanas. Entre ellos estaba Sebastián, vestido de traje y con una pechera con la cara de Walter. No paraba de caminar para repartir los volantes y se mostraba entusiasmado por la gente que se iba acercando para escuchar el reclamo.

“Ya pasaron 22 años”, dijo a AUNO como pidiendo que de una vez por todas finalice el proceso judicial para tener una condena. “Las expectativas que tenemos son limitadas”, lamentó y, mirando a unos policías que custodian la plaza, aseguró: “No va a parar la política represiva del Estado ni la tortura ni el gatillo fácil”. Pero su cara se transformó cuando habló del orgullo que siente por la lucha que no termina: “Entramos marchando a tribunales y vamos a salir marchando”.

La cara de Walter estaba presente en la mayoría de las remeras y algunas banderas, pero no era el único. Acompañaban a la movilización varios familiares de víctimas de la violencia policial como Sonia Colman, asesinada en 2007 en Pilar, víctima del gatillo fácil; Rodrigo Corzo, muerto en 2003 de la misma manera; Jorge “Chaco” Omar González, fallecido en 2002 en Fiorito después de recibir una paliza en una comisaría.

La madre de Jorge González, Ramona Núñez, que también fue acompañada por la Correpi en el juicio en el que se condenó a dos policías a cuatro años de prisión efectiva, se quejó ante AUNO: “Los policías nos tratan como basura porque somos pobres. Nos tienen que respetar igual, no es una deshonra”. En relación a la Justicia sostuvo: “No tenemos expectativas, venimos para que no piensen que nos olvidamos, pero de esta justicia no espero nada”. Está indignada con el accionar de los fiscales y jueces, pero reivindica el permanente reclamo de los familiares y lo fundamenta: “Cuando nos matan a un ser querido, luchamos o morimos”.

Varias agrupaciones políticas se sumaron al reclamo de justicia como Convergencia Socialista, Liga Socialista Revolucionaria, Agrupación 29 de mayo, y Federación de Organizaciones de Base. Maira, una chica de no más de 20 años estaba a un costado de la movilización, tenía una remera roja con la cara de Mariano Ferreyra (militante del Partido Obrero asesinado en 2010), y conversaba con varios de los chicos de la Correpi. Contó que milita en el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y que fue a “apoyar el reclamo de los familiares de Walter”, comparó este caso con el de Mariano Ferreya y aseguró que “la única manera de llevar a estos tipos a juicio es saliendo a la calle, si no los recordamos permanentemente la justicia los va a olvidar, nos tenemos que unir para que eso no pase”.

La abogada querellante, María del Carmen Verdú, encabezó la movilización junto con la hermana de Walter y organizó a las columnas para marchar. Una vez en la puerta del tribunal se frenaron y quedaron enfrente de todas las cámaras de televisión. Verdú no soltaba la bandera con la cara de Walter y mientras terminaba su cigarrillo contestaba las últimas preguntas antes de ingresar a la lectura de la sentencia. “El aparato judicial desde 1991 hasta ahora se puso al servicio de los distintos poderes ejecutivos para resguardar las facultades policiales que les permiten detener personas arbitrariamente”, denunció. “Sólo se va a determinar si Espósito cometió un delito al detener a Walter”, lamentó y añadió que ello “fue un crimen impune porque la impunidad es una facultad del poder”.

Mientras tanto, la hermana de Walter, Tamara Bulacio, estaba inquieta. Hablaba con algunos compañeros y aunque la marcha había terminado, ella no paraba de moverse. Anticipó que no puede hablar mucho porque estaba “muy nerviosa”. Se le notó en la voz. Hablaba entrecortado y daba la sensación de que se va a quebrar, pero resiste. Cuando fue consultada sobre el fallo pronosticó: “Esto no va a tener fin nunca, por más que lo condenen (al ex comisario Espósito) nunca nos van a devolver a Walter”.

Una vez finalizada la marcha y la espera de 22 años para tener una sentencia firme, los familiares y las agrupaciones ingresaban al tribunal de a tandas cantando. “Yo sabía/ yo sabía/ que a Bulacio/ lo mató la policía”, repetían una y otra vez. Tenían expectativas y esperaban que el responsable de la muerte de Walter fuera a la cárcel. “Lo único que espero es justicia, quiero que le den la pena máxima”, sostuvo Tamara. Minutos más tarde, ella y todos los que la acompañaban se enteraron de un fallo casi previsible: “tres años de prisión en suspenso” para Miguel Ángel Espósito. Más de dos décadas pasaron y el ex comisario seguirá en la misma situación: libre.

JIL-AFD
AUNO-08-11-13

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