Se fue del club a la historia del club

Hincha de ‘Celeste’ y periodista formado en la UNLZ y *AUNO*, el autor posteó sus sensaciones tras la renuncia de Hernán Lewin a la presidencia de Temperley.

Martín Glade

Lomas de Zamora, noviembre 2 (AUNO).- Se fue Lewin de Temperley. Se fue del club a la historia del club, la que se homenajea con placa de bronce, nombre de tribunas o de sedes.

Muchas veces me pareció que le gustaba hacerse el fachita más que a mí el dulce de leche. O el dulce de leche y el chocolate juntos. Otras me dio por pensarlo arribista, por no ser del club y buscar un espacio de poder desde un ámbito deportivo que le era ajeno. Otras veces me sonó medio soberbio. Y así, fueron varias las veces que me permití dudar. Porque los periodistas dudamos. Y si somos de Temperley, mil veces más.

Ahora, con la crónica de su renuncia anunciada ya escrita, escribo la bandera “Perdón Lewin”. Que así podría llamarse esa placa de bronce, el nombre de una tribuna o de sedes.

Sí, “Perdón Lewin” porque si bien fui un defensor empedernido de todo lo que se estaba haciendo en el club, tuve esas dudas.

¿Le gustaba hacerse el fachita? Sí, es joven, y tiene facha. ¿Arribista? Sí, arribó a Temperley… pero ¿buscar poder desde Temperley? Soy un salame. ¿Que pareció soberbio? Capaz un poco menos que yo.

Entonces, mi argumentación queda sepultada debajo de cada logro del básquet, cada entrada vendida, cada ascenso, cada baldosa que rodea la pileta, cada ladrillo de la sede, cada mata de pasto de la cancha auxiliar, cada fleje del tenis, cada espacio del estacionamiento, cada camiseta de las actividades que nunca lo tuvieron, cada socio nuevo, cada actividad coordinada con los grupos de gente, cada charla abierta, cada pincel gastado, cada mosaico colocado, cada gestión en la AFA. Incluso cada declaración en la que confesaba que no era hincha de Temperley hasta el momento en que llegó. Y sobre todo también por su lucha personal y familiar.

Y así, hasta el cielo ida y vuelta.

Porque más allá del histórico logro deportivo del fútbol y el básquet, Lewin encabezó un equipo que nos devolvió la pertenencia orgullosa y plena por un color, por el celeste. Sí, siempre se es hincha. Pero ahora es más fácil. Más lindo. Más grande. Así como algunos preferimos tratar de jugar bien siempre, aunque sea en la Bombonera y comerse cuatro pepas, encabezó una gestión que devolvió el orgullo. El compromiso. La palabra. Las ideas. Las obras. El grupo. El involucrarse.

Ese es el mayor legado de Lewin en Temperley. Demostrar cómo se puede llegar desde el infierno a este cielo celeste en poco tiempo y con armas nobles.

En demostrar como desde un individuo, cualquiera se puede transformar en un héroe colectivo.

AUNO 02-11-16
MG-MFV

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