La larga noche del 9 de junio

Se cumplen 53 años de los fusilamientos de militares y civiles por parte de la dictadura de Aramburu y Rojas. Las ejecuciones se llevan a cabo en Lanús y La Plata, entre otros lugares. Fue un acto de terrorismo de Estado ante la rebelión peronista que pretendía recuperar el gobierno perdido a manos de un golpe en 1955. Rodolfo Walsh dejó una obra clave de esos sucesos: Operación Masacre.

H. Raúl Campos

“Nicolás Carranza no era un hombre feliz, esa noche del 9 de junio de 1956”, así comienza Operación Masacre, esa escritura de Rodolfo Walsh, cuya historia básica son los fusilamientos de un grupo de civiles y militares que en aquel año planificaban recuperar el gobierno.

Los fusilamientos, entre ellos el de Carranza, son llevados a cabo por orden del teniente general Pedro Eugenio Aramburu, que gobernaba el país como fruto del golpe de Estado que había dado la Marina de Guerra y parte del Ejército en septiembre de 1955, contra el gobierno de Juan Domingo Perón.

Ese golpe de Estado infausto, para su éxito, contó con el respaldo de varios partidos políticos, algunos de ellos todavía vigentes y, obviamente, de las grandes corporaciones agropecuarias. Y también del propio autor de aquella obra.

En la lista de asesinados se encuentran nombres de generales, coroneles, mayores y tenientes, pero también un cabo músico, un suboficial de maestranza. Y también ferroviarios, metalúrgicos, un policía retirado y empleados.

Poco después de las 23 del 9 de junio de aquel año, la Policía bonaerense allana una casa en la localidad de Florida y detiene a un grupo de civiles que supone implicados en la rebelión militar del general Juan José Valle contra el gobierno dictatorial de Aramburu.

En la madrugada del día siguiente, aproximadamente seis horas después, esas personas son fusiladas en un basural de José León Suárez, en cumplimiento de la ley marcial que se promulga y difunde por radio después de que fueran arrestados.

También se fusila en otros lugares: Lanús, La Plata, Campo de Mayo, frente al Automóvil Club Argentino, en la Escuela de Mecánica del Ejército y en la Penitenciaría de la Avenida Las Heras.

En el prólogo a la tercera edición de Operación Masacre, escribe Walsh: “La primera noticia sobre los fusilamientos clandestinos de junio de 1956 me llegó en forma casual, a fines de ese año, en un café de La Plata (…)”

En esa introducción queda plasmada una de las frases más famosas de sucesivas ediciones de ese libro, porque cuenta: “Seis meses más tarde, una noche asfixiante de verano, frente a un vaso de cerveza, un hombre me dice: -Hay un fusilado que vive”. Que no es otro que Juan Carlos Livraga, escapado con vida a la violencia de la fusiladora. “Livraga me cuenta su historia increíble; la creo en el acto”, cuenta Walsh.

Valle y su gente querían recuperar el gobierno. Investigadores y dirigentes políticos del peronismo de aquellos años machacaron una y otra vez que la rebelión no contaba, por cuestiones de estrategia política, con el beneplácito de Perón, entonces exiliado. Esa tradición oral, el no respaldo de Perón, sigue todavía vigente.

La noche del 12 de junio, el general Aramburu se fue a dormir, negándose a recibir a Susana, la hija de Valle, que venía a pedir por la vida de su padre. Olvidando (¿olvidando?) que había obtenido su grado por intervención directa que el sublevado había realizado ante Perón, porque sus mediocres calificaciones no daban para el ascenso.

El general se fue a dormir. Había dado un paso importante para restituir al Ejército en el camino de las glorias pasadas: la campaña al desierto, los fusilamientos en la Patagonia, el golpe de Estado contra Hipólito Yrigoyen.

También –pero no lo sabía- lo estaba preparando para las andanzas futuras: la intervención en el poder político, la entrega, la represión, la “seguridad nacional” fronteras adentro, el asesinato solapado.

Hoy se cumple el quincuagésimo tercer aniversario de ese tremendo hecho. Eran los tiempos de Aramburu y el “Hormiga” Isaac Rojas. Fue un acto más de terrorismo de Estado, de los tantos de ese género que embarazan a la historia de la Argentina.

Uno año antes, en 1955, aviones de la Marina había lanzado bombas a la luz del día sobre la Plaza de Mayo asesinando a poco más de 300 personas, que circulaban por se lugar histórico. Se trató de otro hecho de terrorismo de Estado, el más grave, después de las tareas de la última dictadura militar.

Fuentes:

-Walsh, Rodolfo, Operación Masacre, Buenos Aires, Ediciones de La Flor, 1991.
-Agencia de Noticias Rodolfo Walsh. – http://laoesterheld.com/

AUNO 09-06-09
HRC

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