La educación para construir desde lo destruido

Tres agrupaciones proponen la opción de la educación y la cultura por afuera de las estructuras del sistema: Pan HQZ, un espacio de docentes disconformes con el academicismo; el MTD Javier Barrionuevo, que busca la intervención de los niños en la realidad cotidiana; y el Duende Rosado, que trabaja con chicos en situación de riesgo y problemas judiciales.

El centro cultural Pan HQZ, el Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) Javier Barrionuevo y el Duende Rosado son tres representantes de las propuestas culturales y educativas por fuera del sistema en Monte Grande, partido de Esteban Echeverría. “La ‘no educación’ es una cuestión organizada, por lo tanto hay que desorganizar lo que otros armaron para desarmar”, reflexionó Gladys Arrúa, docente y coordinadora de un de los proyectos.

La propuesta del grupo de maestros que lleva adelante este emprendimiento cultural, paradójicamente, no es profundizar la estructura académica de la educación sino hacer hincapié en los vacíos que deja el sistema y en las falencias sociales de la zona.

Pan HQZ —ubicado entre Echeverría y Joaquín V González— resume “Pan”, que conserva el significado de “para todos” que utilizaba el pintor argentino Xul Solar al firmar sus cuadros, y “HQZ”, la sigla de “hombres que zahondan”, que no se quedan en la superficie.

El centro brinda apoyo escolar pero también genera espacios para el juego, para el acercamiento espontáneo a los libros con la impronta de la participación del barrio en las actividades culturales, el compromiso con la educación por la necesidad natural de aprender.

Sin embargo, la crisis social que comenzó a producirse a partir de la década de 1990 y profundizarse desde 2001 se refleja en las dificultades de organización y compromiso por parte de los vecinos que, según la docente, no “muestran constancia” en las actividades porque “la autogestión” no es un valor difundido en el lugar.

Pan HQZ organizó una “biblioteca parlante” que aún se sostiene con libros grabados y en braile facilitados por la Dirección General de Bibliotecas de La Plata, pero que también contó con la colaboración de vecinos que prestaron sus voces para que tres personas no videntes del lugar pudiesen acceder a la literatura y a libros de estudio.

UNA PROPUESTA CONTRA EL SISTEMA
Con una tónica cercana pero con un contenido de movilización socio-política más organizada, el MTD Javier Barrionuevo practica en el barrio Las Colinas de Monte Grande el cooperativismo y la educación popular.

“Planteamos desde un primer momento la problemática barrial; el barrio es el lugar al que pertenecemos y donde vivimos. Hay que generar el cambio desde tu lugar, desde tu cuadra. Romper con el egoísmo, el individualismo”, definió Juan Carlos Campos, militante de la agrupación.

La crítica del MTD a la escuela tradicional reside en el papel de autoridad del profesor, por lo que los talleres a los que convoca buscan la expresión libre de los niños, el trabajo a conciencia con los conflictos cotidianos de la vecindad.

Por ejemplo, en una de las actividades semanales la “exposición de ideas” y la “práctica de escuchar mientras otras personas hablan” se genera a partir de que pequeños de entre 6 y 12 años definen “cuáles son las cosas que cambiarían del barrio”, desde los conflictos familiares hasta la droga y la inseguridad, según contaron miembros de la agrupación que pertenece al Frente Popular Darío Santillán.

En Villegas 147 se ofrece cotidianamente un comedor y un merendero subvencionado por el Estado, además de las cooperativas de herrería, carpintería, costura y servicios orientadas a autogestionar “trabajo digno” para los pobladores.

Las propuestas hacia los niños y adolescentes radican en la posibilidad de brindar apoyo escolar, talleres de dibujo y artesanías desde una óptica orientada a reconocer que “los pibes también son sujeto de construcción de algo nuevo, que ellos también tienen cosas para decir”.

EDUCAR CON LA PARTICIPACIÓN DE LA COMUNIDAD
Voluntarias de un jardín maternal de Monte Grande incentivan el desarrollo de la capacidad de socialización de un centenar de chicos en conflicto con la ley penal o civil y en situación vulnerable del barrio La Campana. Algunos ex alumnos hoy son adolescentes que siguen vinculados a la entidad que los ayudó a crecer participando con su trabajo en una imprenta y otros proyectos productivos.

El trabajo bajo la modalidad de la “educación no formal” implica que la comunidad intervenga en la capacitación de los chicos. Sus responsables, la mayor de las veces, no son precisamente docentes; de hecho, suelen ser voluntarios que asisten a los chicos atendiendo necesidades más allá de la currícula oficial.

La modalidad tiene lugar en la asociación civil El Duende Rosado, donde sus colaboradoras brindan, de lunes a viernes y de enero a enero, la posibilidad de una educación alternativa a un centenar de chicos, “algunos de ellos judicializados que hasta pasan la noche acá, si un juez lo determina”, contó a AUNO la psicopedagoga del jardín, Patricias Vales.

“Como muchos de los chicos crecen, cuando se inscriben en la primaria siguen viniendo porque son del barrio; crecen acá y además acceden al apoyo escolar”, añadió. También funcionan talleres de oficios para adolescentes que pasan sus sábados perfeccionando el inglés, además de sus aptitudes informáticas, habilidad en natación y despuntan su vicio por el arte y la murga.

Ella y las demás colaboradoras son las responsables de que los chicos la pasen bien y se socialicen durante el tiempo que sus madres biológicas emplean para ir al trabajo, en unos casos, y para conseguir uno, en otros.

En la misma línea que otros emprendimientos que privilegian el fortalecimiento de la generación social del vínculo con los pares por sobre la erudición escolástica, esta asociación apunta al crecimiento desde el acompañamiento primario: “Hoy esas familias atraviesan un período de muchas dificultades sociales”, relata Vales.

En su sede de Bouchard 1227, la entidad brinda servicio alimentario básico, un edificio recién pintado y muy agradable para los nenes y un salón de usos múltiples (SUM) inaugurado este año. Los recursos para preservar activo el proyecto se obtienen a partir de acuerdos para subsidios, pero también con proyectos productivos como la imprenta que, junto a padres y vecinos, impulsan una veintena de adolescentes de entre 12 y 14 años que ya pasaron por las aulas del jardín maternal.

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