Hombres violentos: cómo romper el mandato patriarcal que llevan sobre los hombros

La psicóloga social María Eva Sanz, que coordina la Asociación Mutual “Grupo Buenos Ayres”, explica la tarea de esta organización que trabaja con hombres violentos para conseguir “que se responsabilicen de su sus actos”. “Los varones, desde chicos, por el sistema patriarcal, viven carencias que los hacen reprimir ciertas cosas que los vuelven así”, aseguró.

Edgardo Emilio Nuñez

Lomas de Zamora, junio 02 (AUNO) – La violencia de género es una lucha que lleva muchos años y que exige una presencia del Estado para que brinde ayuda a las victimas. Pero existen organizaciones que corren el foco de la discusión y brindan asistencia a los victimarios. Esto ocurre en ONGs que forman grupos de trabajo con asistencia semanal, en algunos casos obligatoria, para “hombres violentos”. Desde este lugar, se busca desterrar el sistema de patriarcado que tienen instalado los varones que ejercen la violencia hacia las mujeres.

La licenciada en servicio social, psicóloga social y especialista en violencia familiar, María Eva Sanz, coordina la Asociación Mutual “Grupo Buenos Ayres”, una de las tantas ONG que tiene grupo de asistencia para hombres violentos. La organización se especializa en Violencia Familiar y Técnicas operativas.

La tarea de esta organización la realizan trabajadoras sociales, psicólogos, psicólogos sociales y grafólogos. Cada dispositivo de asistencia a varones es transdiciplinario y son varias las disciplinas que se articulan dentro de una misma lógica.

¿Cómo trabaja la Asociación?
En estos centros de asistencia hay dos líneas: una de asistencia a las mujeres y otra de asistencia a varones. Con los varones se tiene por finalidad que los hombres se responsabilicen de su sus actos, de la violencia, que puedan entender por qué llegaron a esa clase de abuso.

¿Y ellos cómo llegan a ese lugar?
Algunos llegan voluntariamente, otros llegan por recomendacion de un familiar o del abogado que los está asistiendo, y a veces la defensa los orienta a este abordaje Y en otra instancia, a nivel judicial, cuando ya tienen un perímetro o alguna medida cautelar y la Justicia los deriva. También tenemos un teléfono (1150574020) para quienes se quieran poner en contacto con nosotros.

¿Todos están en los mismos grupos?
Nosotros manejamos diferentes tipos de grupos, cerrados y abiertos. Los grupos abiertos, que desarrollamos, por ejemplo en Lomas de Zamora, son los que duran un año, como mínimo, con asistencia semanal. Son personas que en la mayoría de los casos los deriva la Justicia Civil, no la Justicia Penal.

Para la Justicia Penal la respuesta que tenemos, en los casos por ejemplo de “probation” o una abreviación del juicio, son los grupos cerrados. Cuando les dan tareas comunitarias, a veces les exigen que participen de una experiencia de grupo. Estos grupos duran 4 meses, en una primera instancia. Los diez varones que empiezan son los que terminan. Se hacen reuniones semanales con los mismos integrantes.

El grupo cerrado es una respuesta inmediata a la Justicia, que necesita hacerle entender al varón lo que hizo, ya que muchas veces sigue no reconociendo la conducta abusiva. Son grupos que nos dan un puntapié inicial para que después quieran ingresar a los grupos abiertos. Inclusive, algunos ingresaron de forma voluntaria después que se terminan los 4 meses obligatorios, buscando otras líneas de ayuda, porque les sorprende a los varones, que están insertados en el sistema patriarcal, cuántas cosas están haciendo mal. Ellos tenían la certeza de que las estaban haciendo bien.

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¿Los hombres que llegan responden a algún patrón social en particular?
La conducta violenta está en todas las clases sociales. Si la Justicia deriva a los varones a un dispositivo, nosotros no discriminamos por clase, están todos juntos. Los que tienen un buen nivel económico de la zona, como también una persona desocupada. La violencia atraviesa todas las clases. El dispositivo busca desactivar esa conducta violenta, nosotros no tratamos los problemas económicos.

¿La violencia tiene una raíz común para todos, o cada caso es particular?
La violencia tiene que ver con una raíz cultural, con un sistema patriarcal que estructura la vida de la gente de una manera determinada, machista, donde tienen más poder los hombres que las mujeres. Y es algo a nivel mundial, no sólo algo de Argentina, es un fenómeno de una estructura verticalista del varón. Al tener más poder asignado, quiere abusar del que tiene menos y sabe que lo va a poder hacer. Cambiar esta cultura va a llevar tiempo. No es de un día para el otro. Acá no hablamos de la patología de un hombre “enfermo”, como se hablaba en la década de los 90, todo eso ya quedo atrás.

De hecho hace unos años decía crímenes pasionales…
Pero era un absurdo. Hay todo un ciclo que se pudo estudiar, y que se pone en práctica al momento de la violencia, y se ve que el hombre que tiene esta conducta no la tiene todo el tiempo. No está todo el tiempo golpeando a la mujer, golpea en los momentos que tiene que descargar las tensiones que acumuló. Ni si quiera tiene que ver la mujer con esa explosión.

¿Entonces cómo se definiría la violencia?
La definición de violencia que usamos es la del hombre que aprendió a utilizar la violencia para manejar sus problemas. Los varones que tienen esta conducta sienten estar en una estructura mayor de poder que las mujeres y resuelven el conflicto con la violencia. Se da de manera cíclica, no es lineal, descargan las tensiones selectivamente contra sus parejas, y eso es una de las características porque no lo descargan con todas las personas que tiene a su alrededor. Ahí se deja de lado el mito del “enfermo violento”. Aunque algunos aún hoy lo creen. Hay un porcentaje de personas que tiene una psicopatía constante, pero es ínfimo.

¿Los que ingresan en el programa ejercen puramente violencia de género?
Son los que tienen una violencia cíclica. Los que tienen una adicción, alcohol, drogas, no podemos admitirlos al dispositivo, porque las medias que tomamos son medidas de tipo conductivo conceptuales, y se requiere la voluntariedad.

Hay una serie de pasos que se hacen cuando empiezan a advertir la escalada de violencia. Cuando están en una discusión, y ven que va a terminar en violencia, en quién tiene más fuerza, quién va a hacer más daño, ellos tienen que tener recursos para salir de ese momento, cuando empiezan a sentir las primeras señales del cuerpo. Irse a otro lugar, no tomar alcohol, no manejar, pueden dar unas vueltas manzana, correr y volver. Cuando vuelve, está demostrado que esa tensión que había ya no está. Ese problema, al otro día, lo ven como una pavada.

¿En Argentina, desde cuando se realiza este trabajo con hombres?
En argentina desde el 1985. Pero hablamos de una estructura patriarcal y de una ideología. En la medida que fueron apareciendo los grupos fue como un virus en el sistema patriarcal. Desde los machismos más arraigados, que decían que estas eran acciones de venganza de las feministas, hasta integrantes del mismo cuerpo del feminismo, que claramente es muy amplio, que dicen “a los hombres hay que matarlos”. Hemos madurado, y recién los últimos años estamos pidiendo que empiece a haber de parte del Estado políticas públicas en consecuencia. No obstante al día de hoy, desde el Consejo Nacional de las Mujeres, no logramos que haya una política seria. Es muy bravo el tema.

Trabajar desde dónde se genera la violencia…
Si no ponemos a quien es el motor generador de la violencia, que es el varón, en el centro de la escena, no vamos a poder hacer que la violencia deje de existir. Yo empecé trabajando con victimas y realmente era un camino árido, en Lomas de Zamora no había nada, empezamos con un grupo de compañeras que generó grupos en distintos lugares de Lomas, con la Defensoría, para que las atendieran gratis. Con la asistencia a varones no hay nada, al menos en el sur, y tuvimos que irnos haciéndonos camino. En el sur, no hay equipo de asistencia a varones en ninguna dirección de la mujer.

¿Se entiende que este trabajo puede prevenir delitos?
El dispositivo ayuda mucho, pero si no se ayuda a la mujer, el dispositivo no va a cambiar la vida de ellas. Se debe trabajar de muchos lugares para prevenir la violencia. Los varones, desde chicos, por el sistema patriarcal, viven carencias que los hacen reprimir ciertas cosas que los vuelven así. Hay que generar los sentimientos de los varones. Hay que poner el patriarcado arriba de la mesa, y volver a discutir entre varones y mujeres lo que hay que cambiar, es todo un sistema el que hay que cambiar. Se puede trabajar en equidad. Aunque nos lleve la vida, apuntamos a eso.

¿Existe la reinserción de un hombre que ha ejercido violencia de género en la vida social y con respecto a una nueva pareja?
Los hombres que recibimos en el grupo tienen dos o tres historias. Ya han pasado situaciones de violencia y se han vuelto a juntar. Ahora, mirando para adelante, muchos eligen quedarse solos. Y otros que asisten al grupo y todavía tienen una vida en pareja, tienen que asegurar que sus parejas también asistan a grupos de ayuda. Si no es muy desparejo.

Es la vida misma, muchos resuelven como pueden, pero te aseguro que viven más felices. Cuando empiezan a ver el mandato patriarcal que llevan sobre los hombros, cuando pueden relajarse y decir “bueno, yo también puedo cambiar, a mi también me duelen las cosas”, y empiezan a reconocer la humanidad que hay en todo ser humano, el proceso es maravilloso, no se lo olvidan nunca más. Los más antiguos acompañan a los que recién ingresan, les dan aliento. Los coordinadores nos quedamos maravillados, felices.

AUNO 02-07-2017
EEN-AFG

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