El Martín Fierro elevado a mitología nacional

Este año se cumple el centenario de las famosas conferencias de Lugones, que le dieron categoría de mito al Martín Fierro de José Hernández. Después, el autor editó un libro con ellas, que tituló El Payador.

Horacio Raúl Campos

Lomas de Zamoram, oct 05 (AUNO) – Leopoldo Lugones dio en 1913 unas conferencias en el Teatro Odeón de Buenos Aires, que después le sirvieron de base para libro El Payador, que publicó recién en 1916, en coincidencia con el Centenario de la Independencia.

Las conferencias en ese teatro se hicieron en mayo de 1913 con la presencia oligárquica que tenía su ‘residencia’ en Francia y tomaba leche fresca en la Argentina.

En ese contexto, en que la oligarquía relinchaba de placer y cuando las vacas y las mieses dirigían la política de la Argentina, Lugones legitima el Martín Fierro y desde allí para siempre esa obra poética del federal José Hernández habrá de convertirse en uno de los principales textos que se leerá tanto dentro como afuera del sistema educativo.

Por esas raras argucias de la historia, el discurso que le dio fuerza de mito a aquella obra poética no tuvo mejor suerte que los versos legitimados.

Este año se cumple el centenario de las conferencias de Lugones, un escritor que abrevó en todas las tendencias ideológicas hasta derrapar y darle letra a todas las dictaduras argentinas y latinoamericanas con el cuerpo doctrinal ofrecido en el famoso discurso de Ayacucho, en 1924.

El tema fundamental de El Payador es el Martín Fierro. Aquella obra de Lugones no es “un ensayo literario al uso sino de una sorprendente construcción –intelectual y retórica- de la que participan la historia, la lingüística, la mitología, la filología, la antropología, la musicología, la filosofía (…) El volumen se puede leer como una novela: una peculiar novela histórica acerca del origen de la patria”.[1]

Así fue que el autor de Lunario sentimental (1909), que prefigura a las vanguardias de los años veinte, relanza la poesía de Hernández y la vincula con la historia de la Argentina en un amplio sentido.

La realidad política y cultural de la Argentina en que debe analizarse ese hecho de 1913 es del enfrentamiento del mundo oligárquico y sus intelectuales con el aluvión inmigratorio pobre que llega desde los hambrientos países meridionales de Europa o de otras partes.

Esas acciones se llevan a cabo desde al menos las tres última décadas del siglo XIX y las primeras de la centuria siguiente; incluso hasta mediados del XX.

Desde la literatura (poesía, novela, teatro, relatos nativistas) y el ensayo se hace frente a los inmigrantes que se los visualiza en esos tipos géneros discursivos como enfermos, sucios, bárbaros, subversivos y delincuentes.

Porque no pocos de ellos llegan con capacidad para organizarse sindical y políticamente, y cuestionan el orden vigente.

Inmigrantes y necesidad nacionalista

Entonces, es en ese contexto de una necesidad nacionalista en que Lugones, una luminaria a la sazón, sale a revalorizar la obra de Hernández.

Había que reivindicar lo propio ante la ‘turba ultramarina’, según la visión de mundo del poder oligárquico.

La intención primera de El Payador “es conferirle al poema de José Hernández la categoría de epopeya; por eso el primer capítulo se titula ‘La vida épica’”. Y presenta la relación entre poema y mundo que Lugones sostiene a lo largo de todo el trabajo.[2]

En el prólogo a la primera edición de El Payador (1916) Lugones escribe: “La plebe ultramarina, que a semejanza de los mendigos ingratos nos armaba escándalo en el zaguán, desató contra mí al instante sus cómplices mulatos y sus sectarios mestizos (…)”. Allí se encuentra el motivo de ‘la casa tomada’.

Ese odio a los pobres y hambrientos que llegan desde Europa, como así a las ‘razas inferiores’ nativas, puesto por escrito en el Centenario de la Independencia, es la prueba irrefutable de que las conferencias de tres años atrás tenían como propósito fundamental hacer frente a la ‘plebe ultramarina’.

Lugones hace derivar los versos de Hernández de las tradiciones épicas griegas, virgilianas, aristocratizantes al fin, y medievales. Además, a la par que enaltece esa obra borra literalmente del mapa a su autor, una maniobraba que la tuvo que realizar para que el campo cultural oligárquico pudiese digerir semejante puesta en escena.

[1] Leopoldo Lugones, El Payador, Buenos Aires, EUDEBA, 2012, p. 9. Prólogo de Eduardo Dobry, titulado: ‘El salto fundador de Leopoldo Lugones’. Ese comentarista dice que a partir de 1916, con la asunción de Yrigoyen al Gobierno, Lugones da un giro aristocratizante al renegar del sistema democrático y de los inmigrantes. En realidad, al reivindicar la obra de Hernández, para hacer frente a la inmigración, ya configura una postura de esa índole.

[2] Leopoldo Lugones, cit., p.9.

AUNO 05-10-13
RG-HRC

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