El desafío de Falcioni

El equipo arrancó bien y mereció quedarse con los nueve puntos en juego. En los tres partidos mostró rasgos comunes: tuvo ráfagas de juego fluido, mejoró en la contundencia, pero cuando sacó ventaja en el marcador se refugió demasiado cerca de Lucchetti. El “Taladro” tiene potencial futbolístico en su plantel y el panorama que asoma en el Torneo Apertura parece esperanzador, pero ¿hasta dónde soltará las riendas el entrenador?

Mariano Verrina

En el fútbol argentino nadie le escapa a la tentación de encasillar. Como si se tratara de una obligación, se colocan etiquetas que con el correr del tiempo toman forma de sentencia absoluta. Antes, un jugador era bueno, regular o malo. Ahora, hay “pechofríos”, “de buen pie”, “laguneros”, “líricos” o “rústicos”. Hasta existen los “positivos o negativos para el grupo”. Los directores técnicos tampoco les escapan a los rótulos. Entonces, Bielsa es un “obsesivo”, Basile un “dejado”, Bianchi un “pragmático“… Y la bolsa más grande y arcaica de todas: bilardistas vs. menottistas.

En este contexto, el entrenador de Banfield, Julio Falcioni, se hizo merecedor de un lugar. Algunos lo discutirán, otros dirán que calza mejor en un rubro diferente, pero lo concreto es que para la mayoría encaja en el grupo de los “utilitarios”. ¿Características? Aprovechamiento al máximo de cada una de las virtudes generalmente no abundan del plantel, varios hombres de experiencia dentro del equipo, mucha pelota parada y trabajo táctico, pocos goles en contra, pocos goles a favor. Y, sobre todo, sus equipos son considerados por el rival de turno como “molestos” e “incómodos”.

Hoy Falcioni está frente a un desafío. Volvió a Banfield y sabe que es el lugar en el que más cómodo puede trabajar porque tiene el crédito que supo conseguir en su etapa anterior, la mejor en la historia del club. A este grupo ya le incorporó varios de sus condimentos predilectos. El mejor ejemplo es Walter Erviti, quien volvió a creer en su potencial gracias al respaldo del técnico traducido en la número 10, elogios constantes y el apoyo en todo momento. La evidencia: desde el semestre pasado, cuando fue cuestionado por la barra brava, hasta la actualidad es ovacionado cada vez que deja el campo de juego.

Pero hay más. Ahora los goles los hacen los delanteros, como corresponde. Cuando llegó, Falcioni le puso el ojo al uruguayo Sebastián Fernández (tuvo un déjà vu con Rodrigo Palacio) y entendió que si con su compatriota Santiago Silva se llevaban tan bien fuera de la cancha podían extender su vínculo en el rectángulo. Además, los cuatro del fondo ya tienen nombre y apellido y será muy raro que se produzca una variante salvo que la circunstancia lesión o suspensión lo pida. Más atrás, Lucchetti ya no se tiene que preocupar por patear penales. Y en el medio, Bustos quita, Quinteros releva y pasa, y James Rodríguez desequilibra. Ah, todos corren. Los once.

Salirse de las casillas
Con este panorama, Banfield hizo méritos de sobra para ganar los tres partidos que jugó en el Apertura, aunque la realidad indica que el empate ante Argentinos le impidió cosechar puntaje perfecto. Pero allí, justamente, está el asunto. El equipo debe escaparle un poco al libreto, salirse de sus casillas. De los tres encuentros disputados, contra River fue en el que más cómodo se sintió. Porque encontró la ventaja rápido y porque el rival, pese a todas sus limitaciones, fue a buscar el empate y dejó huecos enormes que terminaron de inclinar la balanza. Con el 2-0 sobre el final del primer tiempo, el control del juego estuvo siempre en manos de Banfield.

En los otros dos partidos la historia fue parecida, pero con diferentes matices. En ambos, Banfield se puso en ventaja (vale remarcar que sólo hizo goles en los primeros tiempos) e intentó cuidar la mínima diferencia cerca de Lucchetti en vez de hacerlo con la tenencia de pelota para ser punzante arriba y sellar el resultado. En La Paternal, jugó para terminar 2-0 en la primera mitad, se tiró atrás en el inicio del complemento y recién salió de la cueva cuando Hauche ya había empatado y Lucchetti se había revolcado un par de veces. Contra Chacarita, destrabó un partido bravo con el golazo de Silva y nuevamente eligió cuidar lo –poco- que había cosechado. En este caso le alcanzó.

Ahora llega Lanús. Un choque que, en la previa, presenta características más parecidas al partido contra River. Porque el equipo de Luis Zubeldía es local y necesita puntos, porque tiene mayoría de jugadores de ataque y porque en su afán de lastimar suele desnudar falencias defensivas. Falcioni y los suyos ya tienen puesta la mente en sacarle jugo a cada uno de esos detalles.

Pero el análisis es más global. Apunta al reto que se le presenta al entrenador del “Taladro”. Estas tres primeras fechas alcanzaron para ver a un Banfield renovado, que puede apuntar a meterse entre los que peleen el campeonato. Con el sello de Falcioni. Con lo bueno y lo malo de su libreto. El inicio es esperanzador pero, así y todo, da la sensación de que el equipo puede dar algo más. El torneo recién empieza. Y el desafío queda planteado.

MV-MFV
AUNO 08-09-09
deportes@auno.org.ar

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