El de los pueblos indígenas, un genocidio negado

El periodista Darío Aranda presentó “Argentina Originaria. Genocidios, saqueos y resistencias”, un libro que muestra cómo los pueblos indígenas sufrieron campos de concentración, secuestros de bebés, robos de identidad y torturas a lo largo de su historia. En la presentación estuvo Osvaldo Bayer.

Lomas de Zamora, octubre 22 (AUNO).- “En el pasado se violaron leyes para hacer un genocidio y hoy se violan para seguir con las masacres, la muerte y avanzar con la renta económica.” Nada parece haber cambiado. Quien lo analiza es Darío Aranda, el periodista que acaba de publicar “Argentina Originaria. Genocidios, saqueos y resistencias”, un libro que da testimonio sobre las luchas actuales de los pueblos indígenas y campesinos del país, que fue presentado por el escritor Osvaldo Bayer.

Durante el encuentro, Bayer reflexionó que “los argentinos, los turcos y los norteamericanos son los únicos que nunca hicieron una autocrítica o pidieron disculpas por los genocidios que cometieron”. Sin embargo, “los argentinos cometimos un genocidio contra los pueblos originarios”, durante las sangrientas campañas expansivas que hicieron los gobiernos en el siglo XIX para apropiar los territorios “necesarios” para implantar el modelo agroexportador, consideró el historiador revisionista y periodista.

“Es un genocidio negado”, coincidió Aranda. Pero esa conclusión tiene sus fundamentos: “En el libro ‘juega’ un poco con la similitud entre la última dictadura militar y lo que hizo el nazismo con el pueblo judío. Investigando, me enteré que los pueblos indígenas habían sufrido campos de concentración, secuestros de bebés, robos de identidad y torturas. Y eso no estaba dicho o sólo en ciertos círculos”, reveló el periodista de Página/12, egresado de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ).

LA MIRADA DEL MAESTRO
“Con un lenguaje claro y una documentación también clara, este libro nos da realmente las armas necesarias para juzgar lo que fue el genocidio”, opinó Bayer acerca del libro editado por Lavaca que recopila investigaciones, crónicas y entrevistas publicadas en Página/12, y textos nuevos.

Además, “será de mucha ayuda porque nos trae toda la documentación fidedigna histórica de la actualidad de los pueblos originarios y de cómo están luchando por conservar sus tierras comunitarias”, fundamentó el autor de Awka Liwen, un documental sobre la historia de los pueblos originarios.

Frente a un auditorio lleno de jóvenes, Bayer consideró que ese necesario “trabajar con la ética” para que injusticias como la violación a los derechos humanos que padecieron los pueblos indígenas no vuelvan a ocurrir. “No podemos mirar hacia delante ni dar la espalda, es nuestra historia, tenemos que aprender de todos esos pueblos que reconocieron los crímenes que sus sociedades hicieron con otros pueblos”, reivindicó.

UNA HISTORIA REPETIDA
“Buena parte de los gobiernos progresistas o de izquierda de la región basan sus economías en la extracción de recursos naturales, sea en minería, monocultivo de soja, grandes represas, obras de infraestructura o extracción de petróleo. Y para que los gobiernos avancen en esa explotación necesitan territorios, que están en manos de los pueblos indígenas y campesinos”, explicó el autor sobre un el mecanismo que despierta una pregunta: cuando se habla de progreso, “¿progreso para quién?”

Uno de los rasgos analíticos del libro es que marca continuidades, similitudes entre el pasado y el presente. En la actualidad, los pueblos originarios ya no tienen que enfrentar campañas militares como las de Bernardino Rivadavia, Juan Manuel de Rosas o Julio Argentino Roca, sino que la puja ahora es con el duro avance de las empresas extractivas amparadas por los poderes, es una de las comparaciones establecidas en la investigación.

Así como esos gobiernos incumplían los tratados de paz que tenían con las comunidades indígenas, hoy sucede algo similar. “Hoy también hay leyes y hasta convenios internacionales que protegen las tierras de los indígenas, pero los gobiernos provinciales, nacional y el Poder Judicial, sobre todo, no hacen cumplir esas leyes”, argumentó el autor.

“Paradójicamente continuó, hay todo un entramado jurídico que se sí respeta a rajatabla y que es sobre la extracción de recursos naturales. Ahí están les leyes mineras, petroleras y de monocultivo de soja.”

Entonces, las empresas extractivas ponen en serio riesgo la forma de vida de subsistencia de los pueblos originarios, que conciben a la tierra como parte de un todo al que pertenecen y con el que conviven en armonía. “La lucha, la resistencia y la organización son para mantener la forma de vida ancestral; es para quedarse a vivir en el campo, poder subsistir con lo que producen y que sus hijos se queden en esos campos. No es nada descabellado ni nada del otro mundo ni nada que los campesinos e indígenas no sepan.”

Por eso, “no hay promesa de mejora económica que los haga dejar ese territorio. Obvio que necesitan políticas activas del Estado y que se les deje de robar el territorio”, consideró Aranda, que viajó por distintos puntos del país para compartir el día a día de las comunidades incluidas en su trabajo.

Por otro lado, otro de los objetivos que propone la obra es discutir el rol de los periodistas y los medios de comunicación que “son parte del engranaje de difusión del saqueo”. “¿Por qué de golpe cuando hay una lucha por la rentabilidad se toma como que el campo fuera algo que no es”?, se preguntó el autor, que propuso que hay “que viajar a las comunidades para ver que el campo es otra cosa que la Mesa de Enlace.

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