El crimen de una industria

Es muy posible que cierre _Imágenes_, un clásico de Temperley. En un momento hubo 10 mil videoclubs en todo el país. Ahora, hay solamente 500. El final trágico parece inevitable, según dan a entender dueños de locales de la zona.

Marcos Stábile

Lomas de Zamora, junio 4 (AUNO).- Sólo una persona ingresa al local en media hora. Es la primera en todo el día. Saluda y se pierde en la parte trasera del salón. “Es muy probable que este año sea el último”, confiesa Jorge Marucco, y baña cada anaquel cargado de películas con la nostalgia que se vuelca de sus ojos. Su videoclub, Imágenes, ubicado en Temperley, está por cumplir 26 años y no parecen quedar muchos por recorrer.

Según la Cámara Argentina de Videoclubes, subsistían en 2010 sólo 500 de estos comercios en el país, frente a los 10 mil que había en su momento cúlmine. La piratería, la posibilidad de acceder a películas por Internet y la televisión por cable son los principales acusados por el crimen de esta industria.

“En kioscos, en los supermercados chinos, en ferias, adonde vayas, te venden las cajitas con películas truchas”, se lamenta Jorge, quien sostiene que actualmente “es imposible competir” con esta lógica que permite ver los films incluso antes de que salgan en el cine, a precios muy bajos.

El cliente vuelve con un par de cajas en la mano. Jorge teclea algo en su computadora a una velocidad inesperada para su edad, mientras sostiene sus anteojos con la otra mano.

Imágenes, plantado en el centro de Temperley, es casi un museo de la industria. Centenares de películas descansan en una amplísima habitación que termina en dos puertas. Una es el baño. La otra, más interesante, es la entrada a las catacumbas del videoclub: una larga colección de VHS componen el tesoro. “Ahí sólo dejo entrar a dos o tres clientes, hoy por hoy ese sector está clausurado”, comenta Jorge casi como una confidencia.

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Para Fernando Roldán, dueño de Fénix —ubicado inmediatamente al lado de la estación de Adrogué—, el principal problema también son las copias ilegales. “La mayoría de la gente se volcó a la piratería”, comenta resignado, y agrega que “la ausencia del Estado” funcionó también como un catalizador que llevó a la ruina al negocio.

Mucha gente piensa que comprar una película ilegal es una “piolada” y no cae en la cuenta de la “gran cantidad de mafias, incluida el narcotráfico”, que se ven incluidas en su distribución, aventura Fernando en clave policial.

En las vidrieras de Fénix, cajas de películas y ropa deportiva se disputan la atención de los transeúntes. “Cuando me hice cargo de esto la idea era transformarlo en algo polirrubro, y hoy al volverse más rentable la parte deportiva, poco a poco va ganando terreno en el local”, explica Fernando.

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La postal del negocio híbrido se repite en el Videoclub 54, de Burzaco. En el hall principal, alrededor de un pequeño anaquel donde las últimas películas esperan a sus potenciales compradores, cerca de una decena de personas transpiran al ritmo de la música sobre bicicletas de spinning.

“Ya está cerrado casi, estoy vendiendo las últimas pelis”, cuenta su dueña, Silvina Dorto, vestida con un moderno conjunto deportivo. El gimnasio comenzó en el primer piso hace algunos años y, poco a poco, como una mancha de aceite, fue avanzando en el local hasta que las máquinas de ejercicio coparon la totalidad del salón. En la vidriera, como un epitafio, una frase tajante anuncia el final: “Venta de películas por cierre definitivo”.

De ser uno de los negocios más rentables en su momento, los videoclubs pasaron a no dejar más que pérdidas para quienes los gestionan. “En la época fuerte, alquilábamos alrededor de 700 películas por fin de semana y casi 120 por día en la semana”, recuerda Silvina.

“La tecnología hace que la piratería sea más sencilla, y las productoras no se aggiornaron a los cambios que se venían dando”, analiza.

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Los tres videoclubes comenzaron entre el ’85 y el ’86. Los tres dueños son socios de la Cámara Argentina de Videoclubes, última trinchera para combatir los embates de la piratería y las nuevas tecnologías. Nacida hace 20 años, enarbola hoy la bandera de la nostalgia y esgrime sus últimas armas en una guerra que parece perdida de antemano.

AUNO-04-06-2016
MS-MDY

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