El desafío de la inclusión laboral de las personas autistas: «La sociedad no les tiene que tener miedo»

La psicopedagoga Claudia Sirri analizó las dificultades que enfrenta esta población para conseguir y sostener un empleo. Señaló la falta de adecuaciones en los espacios de trabajo, cuestionó los prejuicios sociales y destacó la importancia de reconocer los intereses y las habilidades de cada persona.

Entre el 76 y el 90 por ciento de las personas adultas con autismo están desempleadas en Argentina, según advirtió APADEA, una ONG que trabaja por la inclusión de esta población en el mercado laboral. El principal motivo detrás de esta problemática es «la falta de adecuación» de los espacios de trabajo, indicó la organización. En ese sentido coincidió la psicopedagoga Claudia Sirri al considerar que conseguir empleo para «una persona que no esté dentro de lo esperable socialmente es realmente complejo«.

Sirri cuenta con certificaciones internacionales en ADOS y ADI-R, dos herramientas clave para el diagnóstico y la evaluación del trastorno del espectro autista, y es supervisora en el Servicio de Atención y Orientación Psicopedagógica (SAOP), ubicado en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. El servicio brinda atención gratuita a familias y a la comunidad educativa.

En esta entrevista con AUNO, Sirri aborda los desafíos que enfrentan las personas con autismo para conseguir trabajo. «Sabemos que hay un cupo mínimo de inserción de personas con discapacidad o alguna circunstancia especial. Pareciera que las personas con discapacidad no pueden hacer cosas. La verdad es que sí pueden«, sostuvo.

La especialista además enfatizó la importancia de que «la sociedad no les tenga miedo a las personas con autismo». «Hay que cambiar justamente la mirada actual sobre el autismo y afianzar aquello que al sujeto le interesa, porque esa puede ser su forma de subsistencia a futuro» afirmó.

Claudia Sirri, supervisora del SAOP de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNLZ. (Foto: Wen Ian Cisneros).

También cuestionó el tratamiento que los medios de comunicación hacen del tema y señaló que suelen recurrir a clichés y términos estereotipados para referirse a las personas con autismo.

—¿Qué dificultades tienen las personas con autismo a la hora de conseguir y sostener un trabajo?

—Para una persona que no está dentro de lo que socialmente se espera, es complejo. En el caso de una persona con una singularidad autista, lo es mucho más, porque no logra acceder a los quehaceres necesarios para llevar adelante una labor en los tiempos sociales que eso requiere.

Sin embargo, tengo y he tenido muchos pacientes adultos con autismo de alta funcionalidad que logran adaptarse, insertarse en el campo laboral y llevar adelante su actividad más allá de su singularidad autista. Consiguen una gran adaptación en distintas áreas, como la educación y los acompañamientos terapéuticos.

Las personas autistas suelen intentar que no se les note, pero en muchas circunstancias su singularidad, como dicen ellas, se hace visible. Pueden sostener un trabajo porque tienen cierta coordinación para concretar algunas actividades rutinarias. Si bien presentan todas las características propias del autismo, hay que verlas como aspectos que cada sujeto —sea mujer, hombre, adolescente o niño— necesita para sostener su labor.

Sin embargo, no hay una apertura del campo laboral para las personas con singularidades, y esto no ocurre solamente con las personas autistas. Sabemos que hay un cupo mínimo de inserción de personas con discapacidad o alguna circunstancia especial.

—¿Qué aspectos es necesario visibilizar en la sociedad para que las personas autistas puedan conseguir un trabajo formal acorde a sus necesidades?

—Es importante que la sociedad no les tenga miedo a las personas con autismo. Pareciera que las personas con discapacidad no pueden hacer cosas. La verdad es que sí pueden. Tiene que haber una apertura mental y social y, por ese motivo, tenemos que hacer mucho campo. En mi caso, trato de hacerlo. A las personas autistas no hay que cambiarles nada, no hay nada que arreglar. Son personas que tienen un posicionamiento subjetivo estructural que determina que ciertas cosas sean de una forma y no hay que cambiarlas ni adaptarlas a lo social. En todo caso, ellas toman la decisión de adaptarse o no para conseguir objetivos o ser parte, pero no es algo que tenga que ver con los otros.

Para que puedan conseguir un trabajo formal, hay que trabajar con las personas con autismo para afianzar aquello que suele considerarse como intereses reiterativos. Uno tiene que posicionarse profesionalmente para fortalecer esas habilidades y trasladar esa funcionalidad al hacer. Me parece que el trabajo formal puede abrirse camino a partir de los intereses específicos.

Estas cuestiones se tienen que ampliar. Hay que cambiar la mirada actual sobre el autismo y afianzar aquello que le interesa al sujeto, porque esa puede ser su forma de subsistencia a futuro.

—¿Por qué los medios de comunicación no visibilizan estos aspectos sobre el autismo?

—Me pone de muy mal humor cuando escucho a personas que no tienen la más mínima idea de lo que hablan y piensan que una persona autista es alguien que se mece en una silla como forma de consolación.

Los medios de comunicación no tienen noción de lo que es una persona con autismo: hablan desde los clichés y los parámetros estereotipados respecto de lo que es una persona autista.

Son personas con una singularidad compleja en términos de estructura, a la que no hay que cambiarle nada. Están en nuestro mundo, no en el suyo, como suele decirse. Nosotros tenemos que hacernos cargo de esto y poder comunicar y vehiculizar la información de forma concreta, clara y concisa, además de escuchar a las personas autistas.

Me parece que los medios de comunicación tienen que hacer un gran esfuerzo por informarse con personas que sepan. Además, tendrían que visibilizar que las personas con autismo pueden hacer un montón de cosas como cualquiera de nosotros. El tema clave es no ponernos nosotros, «los comunes», como suelo decir yo, en un lugar de superioridad. Por el contrario, tenemos mucho que aprender. Mis pacientes me enseñan un mundo al que yo no accedo o no sé cómo interpretar.

Por ese motivo, es importante abrir las cabezas y dejar de insistir con algunas cuestiones muy antiguas respecto de lo que son las personas con autismo.

—¿Cómo vivís tu rol de especialista en estos temas? ¿Tus pacientes tuvieron dificultades para acceder a trabajos?

—Me siento una privilegiada de poder trabajar con niñas, niños, adolescentes y adultos con autismo. Estoy muy agradecida porque aprendo muchísimo. Mi formación requiere una actualización continua para poder afianzarme más en el campo laboral.

Mis pacientes no tienen dificultades para acceder a un trabajo porque suelen hacerlo por recomendación. Tengo el privilegio de contar con la disposición de las personas que recomiendan mi tarea y eso es un orgullo para mí.

Este es un trabajo conjunto, porque lo hacemos juntos, pero es un logro del paciente. Uno aporta, desde lo profesional, las estrategias que puede. Mi trabajo tiene que ver con generar estrategias de resolución de problemas, habilidades sociales e interpretación del lenguaje.

Justamente, lo que está roto es este lazo con el lenguaje. La interpretación no fluye y, entonces, las personas autistas quedan atrapadas en una forma que desconocen respecto de lo convencional del lenguaje. Me parece interesante hacer campo en esto.

AUNO-06-11-2026

WIM-MB

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