Editoriales independientes: un terreno fértil

Los pequeños sellos aparecieron en la última década, bastante más tarde que en la Ciudad de Buenos Aires. La poesía como motor, la fuerza de voluntad de sus impulsores, los distintos puntos de vista en torno a cómo manejar los proyectos, los efectos de la crisis y la notable ausencia del Estado caracterizan al sector.

Juan Pollio

Lomas de Zamora, julio 19 (AUNO).- Las editoriales independientes no son una tendencia nueva. Su auge comenzó como una respuesta a la concentración editorial que ocurrió en el país durante los noventa y se acentuó durante la crisis de 2001. Como consecuencia, muchos autores poco conocidos perdieron la oportunidad de publicar sus trabajos en grandes empresas en detrimento de autores más “marketineros”.

En la actualidad, las publicaciones de este estilo no dejan de sumar adeptos y gozan de muy buena salud a pesar de la crisis económica, como lo prueba el enorme éxito que tuvo la Feria de Editores (FED), que llegó a convocar a 11 mil visitantes la última vez que se realizó, el año pasado.

Todo eso sucedió en la Ciudad de Buenos Aires. ¿Qué hay de zona sur? El panorama es marcadamente distinto. A pesar de que el sur del Conurbano fue y es terreno fértil para muchas expresiones culturales, no cuenta con una tradición en este ámbito.

Es un fenómeno que aparece recién en esta década, caracterizado actualmente por la fragmentación propia del territorio, la fuerte presencia de la poesía como motor y la fuerza de voluntad de quienes apuestan por estas alternativas en un momento de crisis económica y ausencia estatal. Un lugar donde parece que no hay nada hecho y está todo por hacerse.

Un emergente (cultural) y una emergencia (económica)

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La idea de tener editoriales autogestivas suele estar acompañada por un sentimiento de libertad por parte de sus participantes respecto a cómo manejarse y qué editar. Y para los lectores, se constituyen como una alternativa en el mercado. De acuerdo a la Cámara Argentina del Libro (CAL), las autoediciones y los microemprendimientos ocupan el segundo y tercer lugar en cuanto a cantidad de publicaciones con un 15 y un 13 por ciento respectivamente, frente al 32 por ciento que representan los grandes grupos.

Así piensa Facundo Kishimoto, co-fundador de El Rucu Editor, que arrancó en octubre de 2015 “como un juego” surgido en base a las “ganas” de compartir con otras personas los textos que les gustaban a los impulsores del proyecto y que “no veían en otro lado”. Actualmente cuentan con más de 19 títulos dentro de un catálogo en el que la poesía predomina.

Sin embargo, las razones por las cuales los editores eligen la independencia son bien diversas y no siempre se corresponden a un afán de tener la posibilidad de publicar lo que deseen.

“La autogestión no es algo lindo, es una urgencia. A nadie le gusta no tener para cargar la sube y estar pensando ‘encima tengo que editar un libro’”, asegura uno de los organizadores de la Feria del Libro y la Revista en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ), Matías Tkaczuk. Para él, la autogestión no es una “alternativa” sino una “herramienta” surgida ante la “ausencia” del Estado.

“A todos nos gustaría tener un espacio gestionado por el Estado, con una respuesta institucional, no tener que estar haciendo diez mil cosas, entre difusión, producción, pensar eventos, sino abocarse a lo que uno le gusta, que puede ser escribir o editar”, agrega Tkaczuk.

Desde su punto de vista, las editoriales independientes están para generar contenidos que se lean “acá” de forma similar a lo que pasa con la movida under de la música y otros eventos culturales de zona sur. Se busca “interpelar a un sector”, no de “pegarla”. Sin embargo, ese objetivo planteado por Tkaczuk no es una opinión compartida por todos los referentes del sector. Al contrario, son varios los que dan vuelta la cuestión.

Otras formas de manejarse en el sur

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“No hay muchos lectores interesados en este tipo de propuestas”, se lamenta Mauro Quesada, fundador de La Carretilla Roja Ediciones. Desde su mirada, el problema para las propuestas de este estilo en la zona donde trabaja —partido de Esteban Echeverría— radica en que hay un “atraso de décadas” en las tendencias de consumo de los lectores. En este sentido, enfatiza que en su distrito “no le interesa a casi nadie” su editorial u otras de carácter similar y que “indefectiblemente” tiene que viajar a las ferias y librerías de Capital Federal con sus textos.

La identificación territorial no parece caracterizar a las editoriales del sur del Gran Buenos Aires. En el caso de que exista, se manifiesta en los impulsores de los proyectos como un impedimento o una desventaja por la distancia que hay que recorrer para llegar a Capital. Esta perspectiva la comparte y resume Emiliano Acosta, de Frente a la Hoguera, cuando explica a AUNO que solo se “siente conurbano” al “cargar todos los libros” en su espalda para trasladarlos.

El arraigo a zona sur o al Gran Buenos Aires tampoco reside en autores o temáticas: varios de los entrevistados coinciden en afirmar que publicarían a cualquier escritor, independientemente de donde viva o cuáles sean sus contenidos, mientras pueda asegurarse los costos que conlleva. De esta manera se maneja Ediciones Lenú, de la localidad de Adrogué.

Para este emprendimiento brownense, el objetivo principal es brindar la posibilidad al autor de publicar su material a precios económicos en detrimento de mantener un determinado perfil. Por eso, el catálogo está compuesto no solamente por textos locales, sino también porteños e incluso del interior del país.

La idea es “no cerrarle las puertas a nadie”, explica la escritora y cofundadora de Lenú, Cecilia Muga, quien subraya que la intención es “cumplirle el sueño a los demás” de la misma forma que la editorial que publicó sus escritos le “cumplió el sueño” a ella.

Como una respuesta a la ausencia de espacios por fuera del circuito porteño, El Rucu Editor organizó en abril la primera Feria del Libro Itinerante del Conurbano (FLIC), una propuesta que conglomeró a una docena de editoriales de zona oeste, norte y sur, entre las que estuvieron la ya mencionada Carretilla Roja, Niño Crimen, Canción de Radio, Ramà y Casa Dorada, entre otras.

A pesar de posturas tan distintas sobre criterios editoriales y sentidos de pertenencia, la crisis económica es un factor que preocupa y unifica las opiniones de los entrevistados. Una problemática en la que el gobierno nacional brilla por su ausencia.

Respuestas estatales

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A nivel municipal las respuestas se tradujeron en las ferias del libro que tuvieron lugar estos últimos años en los partidos de Almirante Brown y Lomas de Zamora, que contaron con la presencia de varios autores locales como así también de emprendimientos autogestivos de la zona. La Secretaría de Cultura de Lomas posee, además, un área que brinda apoyo a los escritores independientes y les facilita el contacto con colegas y editoriales afines.

Sin embargo, estas posturas municipales no solucionan las complicaciones más graves que sufren los involucrados a la hora de editar un libro. Tal como lo explica la editora de La Mariposa y la Iguana, Dafne Piedemunt, a pesar de que la actividad está exenta de IVA por su carácter cultural, los insumos sí tienen ese impuesto y además están “dolarizados”. Como consecuencia de las “disparadas del dólar”, el incremento en los recursos es la “mayor dificultad” que afrontan en estos últimos años.

Pero también es igual de importante revitalizar el consumo en general, debido a que la caída en los salarios “afecta directamente” a las ventas editoriales. De acuerdo a la CAL, en el período de 2015 a 2018 hubo una baja acumulada de hasta el 35 por ciento de unidades vendidas.

“Son muchas las medidas que podría tomar el Estado, en primer lugar que vuelvan las compras que se hacían hasta unos años por parte del Ministerio de Educación y Cultura, que compraba una cantidad realmente enorme de libros y a muchas editoriales independientes”, opina Piedemunt al respecto. Además, sostiene que se deben “realizar concursos” y “generar más subsidios” para proyectos de nuevos títulos, colecciones, editoriales y catálogos.

En la misma línea, Quesada añade que el Gobierno debe otorgar “ciertas facilidades como descuentos en el correo (para hacer envíos a lectores) o préstamos a baja tasa”. Tkazcuk insiste en que un Estado “presente” debe fomentar las editoriales universitarias.

Este contexto golpea incluso a los proyectos más exitosos de la zona. Hugo Montero, fundador de Revista Sudestada, que también funciona como editorial, destaca el “notorio retraimiento” en el consumo por parte de los lectores: “El ajuste ordenado por el Gobierno nos pone en una situación de extremo peligro, como a cualquiera que trabaje sin subsidios estatales ni financiamiento privado”.

Sin embargo, en contraste con las otras voces, rechaza “por principios” la idea de “mendigar limosnas al Estado” porque considera que “depender del dinero oficial” podría “sesgar la autoridad (de la revista)” para opinar sobre determinados temas.

Poesía suburbana / conurbana

Pero el aumento de los insumos y la baja del poder adquisitivo de los lectores no son los únicos factores que parecen unir a las editoriales de zona sur. La poesía aparece como un aglutinante en los catálogos independientes y en la mayoría de los casos ocupa el puesto número uno en libros editados.

“Es un género con el cual la mayoría de los autores inician su camino”, supone Muga respecto al florecimiento de la poesía a nivel editorial. Por otra parte, para Quesada es una cuestión más personal. Es lo que más edita porque es lo que le gusta y en lo que tiene “más criterio”.

Sumándose al interrogante, la poeta banfileña y cofundadora de El Rucu Editores, So Sonia, hipotetiza que los espacios de circulación en donde autores y editores se conocen tienden más a la poesía que a la narrativa. “Es más probable encontrarte a alguien recitando un poema en un centro cultural que leyendo un cuento”, ejemplifica una de las referentes de los slams en zona sur.

Desde una postura conciliadora, Piedemunt considera que las editoras y los editores independientes suelen ser “ávidos lectores de poesía”. Incluso va más allá y asegura que la “enorme afinidad” entre el género y los sellos de este estilo sucede porque la poesía “siempre estuvo en los márgenes de la literatura”.

La fragmentación que existe en torno a las formas de manejarse en este espacio tan desigual como es el Conurbano pareciera que se replica en todos los aspectos de la cultura local. Las editoriales parecen no ser la excepción. Esto no significa que tengan poco futuro, sino que obedecen a lógicas diferentes a las de la Ciudad de Buenos Aires. A través de pequeñas pinceladas de personas con iniciativa y ganas de mostrar su arte, estas experiencias lejos están de desaparecer y pueden ser la semilla de una importante tradición en un terreno más que fértil para que eso suceda.

AUNO-19-07-2019
JMP-AFD-MDY

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