Buscan evitar que adolescentes con VIH abandonen el tratamiento

La falta de adherencia a la medicación, detectada en pacientes de entre 16 y 17 años que se atienden en la ex Casa Cuna, deriva con frecuencia en internaciones. Organizan un taller de asistencia psicológica para atender estos casos.

(AUNO) Profesionales del área de Salud Mental del Hospital de Niños Pedro de Elizalde detectaron que muchos adolescentes infectados por el virus del sida abandonan el tratamiento que vienen llevando desde niños, lo cual deriva con frecuencia en internaciones hospitalarias, provocadas por un mayor debilitamiento de sus sistemas inmunológicos.

La coordinadora del Area de Salud Mental de la ex Casa Cuna, Ana Fedoronczuk, destacó que dentro de la población de chicos con VIH que se tratan en ese centro de salud existen casos de “rechazo a la adherencia de la medicación” debido a que los jóvenes, sobre todo los que tienen entre 16 y 17 años, se manifiestan “agotados de haber tomado la medicación durante toda su vida”.

“El problema que tenemos en este momento es que algunos chicos, que ya saben la situación que viven, dejan de tomar su medicación porque se cansan. Están agotados de haber tomado los remedios toda la vida, y quiere decir que si llegaron a la edad que llegaron 16 y17 años aproximadamente es porque han tomado la medicación toda la vida, ya sea por los padres o por los adultos a cargo.

La psicóloga considera que esta situación se debe a la cantidad de píldoras que deben consumir a diario estos jóvenes porque “llega un momento —de la etapa de la vida— en el cual son muchas las pastillas que los chicos toman, como éstas son un cóctel, son medicaciones que se van cambiando y los chicos se niegan a tomarlas y comienzan con internaciones y siguen sobreviviendo, realmente es un enigma”.

Con el fin de responder a ese y otros problemas, los profesionales del área de Salud Mental abrirán en agosto un taller de asistencia psicológica para los chicos con VIH y sus padres y adultos a cargo.

Por su parte, Ariel Adasco, de la Coordinación Sida, del Gobierno de la Cuidad de Buenos Aires, consideró que “los chicos que llevan tomando diez o quince años la medicación sienten cansancio, aunque a no todos les pasa, porque muchos logran integrarla a su vida y no tienen mayores contratiempos”.

En esa línea, Adasco hizo una comparación de estos chicos con lo que le ocurre a los adultos que padecen la misma enfermedad al decir que el problema de la adherencia “pasa de la misma manera que con los adultos con muchos años de medicación, de modo que no es un tema específico de los adolescentes”.

Fedoronczuk explicó que la medicación que toman los chicos infectados “son remedios de adultos, dosificados de acuerdo a la talla y peso de los jóvenes, porque no existe un tratamiento que sea específico para niños”.

Con respecto a que si hay una edad apropiada para informarle a los chicos sobre la enfermedad que padecen, la psicóloga señaló que “no hay una edad determinada para que el chico sepa que tiene VIH, eso depende de la necesidad de los padres”.

“Nosotros evaluamos a los padres, antes de la revelación, sobre por qué quieren que los niños lo sepan, y las informaciones se dan de acuerdo a la edad de cada chico, y por eso no es determinante que tengan una determinada edad para informarles”, explicó.

De todos modos, la psicóloga mencionó que “se está tratando de poder lograr” que los jóvenes conozcan su estado de salud al ingresar a la adolescencia, aunque “son muy pocos los chicos que están interesados en saber de qué se trata lo que tienen, hay chicos con una adolescencia más tardía”.

La coordinadora informó que aproximadamente para el mes de agosto comenzará a funcionar en el Hospital Elizalde, en el área de salud mental, un taller de asistencia psicológica dirigido a los chicos HIV y a sus padres o adultos a cargo.

Con respecto a los talleres para niños con VIH y sus padres, la coordinadora informó que se trata de “lograr un nuevo espacio para reunir a los padres donde puedan hablar de la enfermedad, a los niños en talleres de lectura, y formar grupos de adolescentes que saben de su enfermedad, y de niños que no lo saben, con el objetivo de generar una mejor calidad de vida”.

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