Pablo habla fluido casi sin puntos ni pausas, sobre todo de su amor por Claudia Falcone y del recuerdo de los chicos que fueron secuestrados hace 50 años en La Noche de los Lápices. Camina por el quincho de su casa en City Bell, muestra orgulloso su altar de Maradona (“el más grande de todos los tiempos”) y le cuenta a AUNO: “Este es el lugar de descanso del guerrero, donde vengo a relajarme con Susana, mi compañera”.
-¿Cómo te sentís con este nuevo aniversario, con los 50 años?
– En las conversaciones que tenemos con respecto a este aniversario, a los familiares de los chicos también les pasa una cosa muy particular; en principio porque no están los padres. Ya son ellos los que han tomado la posta del tema de la ausencia de sus seres queridos, de sus hermanos. Y ahí vamos a donde están en función de las necesidades que tienen de saber relativamente dónde están sus restos. Al “juicio y castigo a los culpables” que mantienen los familiares afectados sobre esas ausencias.
-¿Qué vínculo ves entre la adolescencia en los ‘70 y la actual?
-En la década del 70 podía haber un contexto histórico global, mundial o revolucionario que nada tiene que ver con hoy. Hoy no hay Che Guevara, hoy no hay una instancia del movimiento revolucionario, ni siquiera del peronismo en ese contexto histórico mundial de la tercera posición. No. Hoy es la cotidianidad de lo que viven.
-¿Cuál es la cotidianidad de lo que viven?
-Un conflicto social en sus casas, una situación de conflicto social en su barrio, en sus propias expectativas de sobrevivir en esta instancia económica. Traen La Noche de los Lápices en la relación romántica y amorosa de Pablo y Claudia pero en función de tener a alguien para poder protegerse. Entonces, y en este contexto histórico mundial, en el que vale la libertad individual, se sienten mucho más solos. En la escuela María Claudia Falcone, de Berazategui, hay un altar con su foto y las chicas le prenden velas en búsqueda de sueños, deseos, de fe, de expectativa de sobrevivir. El tema es cómo nosotros le garantizamos la posibilidad de cumplir sus sueños de oportunidades de sobrevivir hasta obtener oportunidades. Hoy ellos piensan en la posibilidad de cambiar su vida terrenal, donde están, no el mundo.
-¿Cómo llegamos hasta acá después de 40 años de democracia, la rebeldía pasa por otro lado?
-Comparado con lo que hablamos de la década del 70, hoy la rebeldía está en lograr la posibilidad de crecimiento social y económico. A lo sumo lo que podemos decir es que eso se logra colectivamente, sin dejar a nadie que abandone la escuela, o abandone la vida. Porque todos los derechos logrados en función de estar mejor fueron manifestaciones grupales. Yo creo que ahí está el grado de rebeldía, es bueno, vamos contra lo que no nos contempla, el mundo global en el que vivimos, la instancia económica hoy de mercado. Entonces, ¿cómo pueden ellos incluirse? Bueno, con protesta, con manifestación, con rebeldía. Lo que estoy viendo es que hay dificultades sectoriales que no nace en una casa con herencia económica no tiene la posibilidad de sobrevivir. Además, a diferencia nuestra del contexto histórico de la década del 70, hay una disgregación familiar que también los hace solos. Los pone solos ante el sistema porque no hay una sobremesa familiar en la que ellos puedan consolidar su identidad sexual, social y política.
-¿Cómo te sentiste en estos últimos tres años de gobierno con una vicepresidenta negacionista?
-Es volver a empezar. En realidad yo no vuelvo a empezar porque he pasado por todas las instancias de estos 50 años. Pero creo que en la práctica estamos en un problema del que tenemos que salir. Sectorizamos mucho los derechos humanos en una instancia de gobierno de turno. Entonces yo creo que eso relativamente no nos dio la posibilidad de advertir lo que se venía. Yo creo que el tema de habernos sectorizado en el gobierno de turno fue un problema. Lo discutí en Uruguay, con familiares, en el hecho de que ellos sirvieron desde el punto de vista personal. Ellos nunca aceptaron plata del gobierno de turno porque eso significaba no ir a preguntarle al gobierno, por ejemplo, dónde están. Si vos tomás dinero por parte de un gobierno, te genera una dependencia
-¿Te puede sesgar un poco la mirada?
-Claro. Entonces “él dónde están” lo guardamos para no generar responsabilidades en ese gobierno de turno que podría llegar a tener una particular adherencia de cada uno de nosotros. Creo que merecemos una autocrítica. Hay una instancia problemática, la mayoría de los afectados o de los herederos, son funcionarios en determinados ministerios. Entonces, estamos en una complejidad. Y por el otro lado, ¿cómo resolvemos la cotidianidad de los derechos humanos hoy? Porque puede haber protestas en las cuales nosotros no estemos resolviendo ese conflicto social. Cuando hay una protesta hay una visibilidad del conflicto entonces lo tenés que resolver. O tenés que charlar.
-¿Crees que seguirías viendo a Claudia y a los chicos si estuvieran todos hoy? ¿Era tan fuerte el lazo?
-Sí. Te voy a decir un miedo y una fantasía. Bueno, la fantasía es que, cuando la naturaleza me lleve, volver a verlos y preguntarles si hice todo lo posible. Y mi miedo es que, cuando la naturaleza me lleve, volver a ver a Claudia con sus 16 años y yo ir con mi vejez. Pienso que me agarraría de la mano, que me diría que soy un boludo y nos iríamos caminando. Pero esto en función de que tendrían que haber tenido el derecho a vivir. Hoy no sé si estaría con Claudia porque yo me enamoré de ella en un campo de concentración. Podríamos haber estado juntos o no. O podríamos ser todos amigos recordando la anécdota de un campo de concentración, por ahí militando partidariamente, políticamente en el mismo lugar o no, pero tendrían que haber tenido el derecho de vivir.
-¿Cómo se lleva Susana con tus recuerdos de Claudia, tu libro, tus poemas?
-Es que militamos juntos en la UES, llevamos más de 41 años y creo que respeta lo que me tocó vivir. Respeta el tema de por qué tengo que seguir. Ella también es familiar de desaparecidos. Entonces, entiende y me entiende. Me entienden mis hijos también. No podría estar con alguien que no la hubiese conocido. Me costaría hoy como yo le digo estamos los dos grandes y me costaría hoy estar con una joven contándole explicándole todo eso contándole todo eso. Me sigo viendo con un grupo, la UES de los 50 años. Sobrevivientes que nos juntamos para un asado nos vemos, hablamos.
-¿Cómo te llevás con tener cierta fama o notoriedad por una tragedia que compartiste con los chicos?
-Estoy recopilando charlas de 1985. Pero creo que estoy en un momento de vejez que es un momento difícil porque ahí tenemos las experiencias a lo largo de la vida. Y si tenemos la posibilidad de tomar un mate en un lindo paisaje, vemos las cosas que no pudimos resolver. Pero creo que hay un tema muy conflictivo entre el ayer y el hoy. O entre lo que yo busqué como posibilidad de verdad y de justicia. Me parece muy difícil el tema de resolver eso. No sé, pienso en los familiares, en las ausencias. Bien, yo estuve becado en varios lados dando testimonio de lo que fue la dictadura. Me llevo bien pero nunca quise ser funcionario, “La noche…” no soy yo, son los chicos. La política quiere al “Pablo de La Noche de los Lápices”, no a mí.
AB-AFD
AUNO-15-09-2026


