De un trend a una plaza llena: así fue la batalla de farmear aura en Lomas de Zamora

Una propuesta que nació como una broma entre estudiantes se convirtió en una competencia multitudinaria en Lomas de Zamora, donde jóvenes, familias y una inesperada “abuela” se enfrentaron por demostrar quién tenía más aura.

El sol inunda la Plaza Grigera. Sobre una mesa plegable de camping, un cuadernillo y unas hojas arrancadas reposan bajo el calor de la tarde. El viento las levanta una y otra vez y las organizadoras se apresuran a atraparlas antes de que vuelen por la plaza. Entre los papeles hay una palabra que, por ahora, parece no decir demasiado: “Jurado”, indica, escrita con birome azul.

El modesto cartel, pegado con cinta adhesiva señala el epicentro de lo que será la primera batalla de farmear aura de la localidad de Lomas de Zamora. Alrededor de la mesa comienzan a reunirse los primeros curiosos. “Es un estilo de vida”, señala Lis (15), una de las organizadoras, que junto a Xiomara (16) está detrás del encuentro de este domingo 30 de agosto. 

De a poco, las y los jóvenes, algunos en grupo y otros acompañados por sus familias, se acercan a la mesa. Miran la lista, preguntan cómo anotarse y se alejan para comentarlo con sus amigos. Victoria (17) es la primera en poner su nombre y también anota a Milagros (17), que llegará más tarde. Después de ella aparecen otros nombres. La hoja comienza a llenarse. 

¿Quién decide quién ganará? ¿Cómo se mide el aura? Simple. Acá no hay referí, no hay VAR, ni medidores o aparatos. Los aplausos y los abucheos serán el termostato que les indique a las juradas —las propias organizadoras— quién emana más aura y quién se queda con la victoria en cada batalla. 

La idea surgió con “un meme” visto en la escuela. “Y de broma hicimos esto, pero al final se copó gente”, comentó risueña Lis a Agencia AUNO. Después publicaron la propuesta en Instagram. Las respuestas comenzaron a llegar por las redes y, junto con ellas, las ganas de participar. Lo que había empezado como una ocurrencia entre compañeras tomó forma de encuentro. Para las 15:30, la expectativa ya era total. 

Fabián, padre de las organizadoras, toma el micrófono y se sube al banco de concreto junto a la mesa. Desde ahí anuncia lo que quienes rodean la cancha estaban esperando: las batallas están por comenzar. La ronda se arma alrededor de la cancha de básquet. Jóvenes, adultos, niños y familias se acomodan como pueden para tener una vista del centro del improvisado escenario. 

La primera contienda tiene a dos niños en el centro. Por unos minutos, la cancha deja de ser una cancha. Actitud despreocupada, gestos de altanería, sonrisas pícaras, piruetas y baile se intercambian como balas en un duelo a muerte. Cada movimiento recibe una respuesta del otro y, detrás de ellos, el público funciona como un tercer competidor: grita, aplaude y abuchea. A medida que las victorias —y derrotas— avanzan, los competidores cambian, pero la escena se repite.

Entre el público, una mujer en particular empieza a llamar la atención. El grito aparece de un lado y enseguida se contagia al resto: “Abuela, la la, la la”. Es Nora (66), de buzo hoodie de Argentina y pelo corto y blanco que resplandece bajo el sol. Mira alrededor, sonríe y se muestra jocosa, en complicidad con una juventud que podría ser la de sus nietos. Al principio se niega a participar. Pero el pedido se repite. Y vuelve a repetirse. Finalmente, se rinde ante el clamor.

Su contrincante es, nada más y nada menos, que Cristina Fernández de Kirchner. O, al menos, un adolescente con una máscara de tela que lleva la cara de la expresidenta. El duelo comienza y el pavimento caliente de la cancha parece acompañar la escena. Nora se tira al piso. Cristina responde con un “six seven”. Nora retruca con unas gafas negras que le alcanza el público. Después se levantan y se enfrentan cara a cara. Por unos segundos, las sonrisas desaparecen y el cruce de miradas se vuelve tenso. Alrededor, los gritos y los aplausos suben de volumen hasta convertirse en un solo cántico: “Abuela, la la, lala”. 

“Siento alegría porque están disfrutando del día, con un sol hermoso que Dios nos dio, no están adentro con la pantalla”, dice Nora después de la batalla. La mujer celebra la actitud de las y los jóvenes y, casi sin darse cuenta, pasa de competidora a protagonista. Se le acercan, la aclaman y le piden fotos. “Abuela, te amo”, “Gracias, abuela”, “Ojalá yo tuviera a mi abuela acá”, se escucha entre quienes la rodean. 

Saltos, gritos y emoción acompañan el cierre de la jornada alrededor de la “abuela”. Los ganadores comparten una victoriosa hamburguesa. Los perdedores se llevan algo más difícil de medir: el goce de su primera batalla de farmear aura.

“Es sacar todo lo que tenés, para no tener vergüenza. Es la vida, la vida es una sola”, dice Arón (15), uno de los ganadores de las batallas. Para él, “se sintió bien” recibir el clamor de la gente. “Cuando todos aplaudieron se sintió como ‘¿Para qué tenía incomodidad si lo hice bien?’”.

Foto de portada: Francisco Moreno.

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