«La palabra verdad para mí es muy importante, porque mucho tiempo viví en una mentira», enfatizó Daniel Santucho Navajas, nieto recuperado 133, en una charla abierta en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ) a cincuenta años de la última dictadura cívico-militar.
Santucho vivió gran parte de su vida con sus apropiadores, un expolicía de la Bonaerense y su esposa, hasta enterarse de su verdadera identidad, cuando quien pensó que era su madre falleció, y su hermana de crianza le comentó que tenía dudas sobre su identidad.
A él siempre le hicieron creer que fue un bebé prematuro y que, por una cuestión de salud, se trasladaron desde el Conurbano sur a Santiago del Estero, pero en realidad se trató de una maniobra para ocultar el supuesto embarazo de una mujer de cincuenta años.
Frente a un aula llena de jóvenes, Santucho Navajas contó que sus apropiadores lo cambiaban a menudo de colegio para que no creara vínculos, y que cada vez que las Abuelas de Plaza de Mayo aparecían en televisión ellos las llamaban «locas» y sostenían que los militares debían volver. «Cada 24 de marzo era inevitable pensar en mi origen», reflexionó durante su charla.


Después de la muerte de su apropiadora, su hermana de crianza, veinte años mayor que él, le contó que tenía dudas sobre su nacimiento, y con el pasar de los años, la incertidumbre sobre su origen lo siguió hasta cuando al separarse de su pareja y volver a vivir con su apropiador, le preguntó si era su verdadero hijo. Allí el hombre le explicó que no era su padre, sino fruto de una relación extramatrimonial de su apropiadora.
Sus dudas crecieron y decidió acercarse a Abuelas en marzo de 2023, cuando ellas le recomendaron que buscara su certificado de bautismo, figuraba registrado como bautizado el 19 de marzo y su nacimiento el 24 de marzo de 1977. Las fechas no encajaban por lo que después vino el análisis de ADN. «Esos meses fueron difíciles, porque sabía que mi vida era una mentira», expresó.
El día que se enteró que tenía hermanos
Los resultados del análisis llegaron con un resultado inapelable: era hijo de Cristina Silvia Navajas y de Santiago Santucho, y que tenía tres hermanos. «Cuando hago una videollamada y veo a mis tres hermanos, siento que encontré mi lugar», contó emocionado. Ahora que conoce su verdadera identidad, perdió el miedo de darles a sus hijas un apellido que no era suyo.
Conoció a su mamá y su abuela por fotos. En la sede de Abuelas le mostrarle fotos de Cristina, quien lo tuvo en el ex Pozo de Banfield y de su abuela Nélida Gómez de Navaja, una de las mayores difusoras del método científico para identificar nietos y nietas. Ella, quien se unió a la lucha por los nietos en 1984, cada año festejaba su cumpleaños sin saber si él efectivamente había nacido. Falleció el 2 de mayo de 2012.
La primera vez que contó sobre su búsqueda por la identidad fue en el colegio de su hija, cuando ella tenía nueve años. Sin ningún pudor, ella le contó a toda la escuela que su papá era el nieto recuperado 133. Después vinieron entrevistas y conversaciones en distintos ámbitos, también el libro Nieto 133, Mi camino hacia la verdad (Editorial Planeta) y el documental Identidad Robada, dirigida por su hermana Florencia Santucho.
«Siento orgullo de mi mamá, y también de mi abuela y hermanos que no se cansaron de buscarme», enfatizó Santucho en la charla, y es este sentimiento lo que lo lleva junto con sus hermanos a buscar a los que todavía faltan.
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