En la antesala de la visita del papa León XIV el próximo 9 de noviembre al Cottolengo Don Orione de Almirante Brown, las integrantes del “Taller de Costura Los Amigos” intensificaron la confección de prendas para los residentes y algunas de ellas acompañarán al sumo pontífice en su recorrido por Claypole.
Entre las 9 y las 18 horas, los martes y jueves, 12 voluntarias ad honorem cosen y arreglan ropa para alrededor de 420 personas que habitan el cottolengo, un trabajo que realizan desde finales de los ‘80 y que hoy tomó una urgencia y una motivación especial: recibir al Papa.
“Queremos que todos ese día tengan sus baberos nuevos o fundas de cama nuevas”, describió una de las encargadas del espacio de costura, María Inés Páez, quien aseguró que el evento “va a ser todo un acontecimiento” para el grupo.
El 9 de noviembre tres representantes del equipo acompañarán al Santo Padre, entre ellos la fundadora del taller, Inés Willems. Durante el encuentro tendrán la posibilidad de contarle el trabajo que realizan entre materiales donados y tal vez de extender algún deseo. Según la encargada del espacio, pedirían “que no falte nada, que los chicos tengan todo”.

Sobre la elección del Sumo Pontífice por incluir el cottolengo en su gira, Páez reflexionó sobre la significación particular que adquiere su llegada a Claypole en medio de los reclamos que mantiene el sector de discapacidad con el gobierno nacional ante los recortes presupuestarios.
Reconoció que quienes viven con alguna discapacidad, a lo largo de los últimos años fueron sumando derechos y pueden “disfrutar la vida” como no lo hacían antes, pero advirtió que hubo un retroceso: “Ahora, gubernamentalmente, parece que molestan porque tienen un costo”.
“Siento de repente que dicen ‘esta parte de la sociedad no nos conviene’”. Así, ante la crisis que atraviesa el área, Marí Inés contó que espera que la presencia papal sea útil para “visibilizar al discapacitado, al de más abajo”. Mientras tanto ellas ponen su “granito de arena, que es el hilo y aguja”.
Arman baberos para algunos de los internos, arreglan ropa que reciben de donaciones y las adaptan de acuerdo a las discapacidades de quienes la recibirán.
“GRANDES RECICLADORAS”
El «Taller de Costura los Amigos” comenzó a funcionar en 1989, luego de que un grupo de catequistas encabezado por Inés Willems notara una necesidad de los residentes del hogar: confección y arreglos de ropa.

En un principio, las voluntarias llevaban las prendas a sus casas para realizar su trabajo, pero al ver que el volúmen de pedidos fue incrementándose día a día, el hospital que funciona dentro del cottolengo decidió otorgarles un espacio propio que poco a poco fue equipándose con donaciones de telas, ropa y máquinas de coser.
“Así se fue creando, con los años fue llegando más gente, siempre con el afán de que sea para los chicos. Trabajamos para los chicos”, contó Páez. Hoy son 12 costureras ad honorem las que conforman el grupo y a las que definió como “grandes recicladoras”: aprovechan cortinas viejas, sábanas rotas o telas con defectos para adaptarlas a las necesidades de los residentes, bombachas, camisas, pantalones o sábanas.
“Intentamos que queden cosas lindas”, concluyó sobre el trabajo del taller y aseguró que las voluntarias funcionan como una “familia” y bajo “el mismo objetivo, que es la solidaridad, el amor al otro, la empatía al otro”.
María Inés consideró que la repercusión mediática que tuvo el cottolengo en los últimos meses por la llegada del Papa podría servir para derribar prejuicios sociales asociados al lugar y cambiar la forma en que es visto. “La gente cree que es algo gris, oscuro, que vas a ver cosas muy feas y nada que ver. Pero cuando vienen se sorprenden para bien”.
CP-AFD
AUNO-02-11-2026


