Un nuevo pedido de justicia por Pablo Tito

Familiares y amigos del joven asesinado en un intento de robo en Banfield marcharon para exigir avances en la investigación. A más de un mes del crimen, todavía no hay detenidos.

Gabriel Dávila

Lomas de Zamora, mayo 8 (AUNO).- La tarde fría del viernes dejaba paso a la noche. El regreso a casa parecía indicar el final de la primera semana de mayo. Sin embargo, no había terminado aún para los vecinos de Banfield que todavía tenían algo que decir, algo en lo que insistir. Una vez más marcharon para exigir seguridad y justicia por Pablo Ezequiel Tito, el joven asesinado en un intento de robo en Banfield.

Cerca de las 18, familiares, amigos y vecinos del joven asesinado el 25 de marzo en la esquina de Ñanduty (ex Gallo) y Roldán, en Banfield oeste, se encontraron en ese mismo lugar para marchar, una vez más, en busca de avances en la investigación del crimen.

En Maipú y Alsina, una señora que viste una pechera con la cara de Pablo se impacienta. “Ya deberían estar acá”, dice. Los vecinos se agolpan sobre las esquinas y esperan a que la marcha, que avanza a lo lejos, llegue al punto de encuentro. Parados en la puerta de una tradicional pizzería, el resto del grupo espera para unirse con sus amigos y vecinos. Juntos vencen al frío y al olvido. Juntos enfrentan la injusticia.

Minutos más tarde el silencio se comparte y la cara de Pablo se multiplica en las remeras, banderas y carteles de un centenar de personas que permanecen unidas. En esta cuarta marcha, Sergio Tito, hermano mayor del joven asesinado, reafirma el pedido de justicia. “Estas palabras están evocadas a la rabia no sólo al dolor. Ver la cara de mi hermano en todos los carteles es muy doloroso. Pero es la perseverancia que se genera a través de la bronca que tengo al sentir tanta injusticia tanto manoseo. ¡Basta loco!”, manifestó.

Tito pidió esta semana una audiencia con el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, pero no obtuvo una respuesta. Tampoco pudo hablar con el fiscal Carlos Baccini, que lleva adelante la causa.

A más de un mes del asesinato, no hay detenidos. El tiempo pasa y temen que no haya avances en la investigación y todo quede en nada. “Juro por la memoria de mi hermano que voy a conseguir que caigan en cana”, aseguró.

El grupo escucha atento y derrama lágrimas cada vez que se nombra al amigo que ya no está. Tito, el principal orador del acto, habla con voz firme y no permite que la emoción lo abrume. “Hoy no vamos a terminar aquí. Vamos a cruzar al otro lado para que en Larroque y Pavón sepan que está pasando, porque ahí también son victimas (de la inseguridad)”, remarcó. El grupo avanza por la avenida hasta el paso bajo nivel que une el oeste y este de Banfield. El silencio aturde y conmueve.

“Todo Lomas está pasando por un momento de teatralización de la seguridad. Los delitos continúan y yo no quiero ver a ningún Pablo más”, señala en diálogo con AUNO. Sus palabras demandan respuestas y justicia para poder hacer su duelo en paz. No hay revanchismo, odio o venganza.

“Si no fuera por mucha gente que está acá, por el amor que nos dejó Pablo, yo estaría en una pieza encerrado, dolido. Estoy dolido pero no en una pieza, estoy en la calle luchando, cómo todos ellos”, asegura.

El próximo 25 de mayo se realizará una peña para recaudar fondos para costear los gastos judiciales de la familia en el club Villa Recreo de Temperley.

En la esquina de Pavón y French se hizo un abrazo simbólico y se pedió una vez más por Justicia. “Esta vez, el pedido de justicia tiene que ver con movilizar nuestro reclamo para las instituciones que hasta hoy no nos dieron ninguna respuesta”, dice la mejor amiga de Sergio que conoce a Pablo desde que nació y acompaña desde el principio la causa.

Para ella, la protesta va perdiendo fuerza y asegura que “cada vez se hace más difícil” ya que “no es solamente venir los viernes, es ayudar a juntar firmas y acompañar” para que el asesinato “no caiga en el olvido”.

“No sólo pedimos por mi hermano. Pedimos seguridad para todo Lomas y compromiso desde el Municipio para la gente. Pedimos que todos salgamos y pedimos más justicia ante tanta injusticia que estamos viviendo”, remarcó Tito.

“Pablito presente, ahora y siempre”. El grito al unísono termina en un aplauso gigantesco. Tito dejó el megáfono y llora entre abrazos de sus familiares y amigos. A pocos metros, los playeros de una estación de servicio aplaudían y se acercaban para abrazar también al joven.

De a poco, todo vuelve a la calma de final de semana. La señora que antes se había impacientado ante la demora de la marcha ahora se despide con un “Chau Pablito” al aire. La mujer se va caminando por la avenida sin saludar más que a la memoria de Pablo, que era como saludar a todos, porque esa noche todos fueron un poco Pablo.

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GD-SAM

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