Un lugar para la cultura motoquera

El club de automóviles clásicos del distrito organizó una muestra en la ex fábrica AMAT, de Monte Grande, en la que cientos de personas disfrutaron de una exposición de más de 60 rodados con más de cuarenta años, de los pocos que quedan en el conurbano bonaerense.

Lomas de Zamora, 14 de mayo (AUNO).- La tranquilidad de la tarde del domingo tuvo una oferta de disfrute: la exposición de motos clásicas en la ex fábrica AMAT de Monte Grande, donde más de 60 rodados antiguos maravillaron a cientos de personas, entre fanáticos de estas bestias de metal y curiosos que se acercaban para participar de la muestra organizada por el Club de Automóviles Clásicos de Esteban Echeverría.

Triumph, Sunbeam, BMW, Gilera, Royal Enfield, New Hudson, fueron algunas de las marcas que podían encontrarse en la exposición, cada una con su particular historia, algunas compartidas con AUNO por los expositores.

“Un vecino que vivía frente a la casa de mis padres tenía esta moto tirada”, contó Eduardo Bonaldi acerca de su BSA inglesa modelo Bantam de 1947. El anterior dueño, a quien se la había querido comprar, falleció y la moto le quedó a sus hijos. “Aunque parezca mentira, la iban a tirar en un container toda oxidada y rota, me la llevé a mi casa y estuve cinco años restaurándola”, añadió el hombre que suele ir a todos los “motoencuentros”: “Donde ella me lleve, yo voy”.

Otra historia es la de Jorge Ruggieri, orgulloso dueño de una robusta y brillante moto argentina Puma de 1960: “La conseguí en Glew, el dueño ya no la podía tener en su casa. La restauré y la llevé a su estado original, pero nos está dando unos dolores de cabeza… Recién tiene una hora de uso el motor”.

Por su parte, otro expositor, Carlos Pedernera, proporcionó algunos datos históricos sobre sus dos motos, una Triumph de 1958 y una Benelli de 1963. Sobre la Triumph, un rodado mediano con un elegante estilo sobrio en un tono celeste pastel, mencionó que “es una de las primeras que vinieron en monoblock; es decir, el bloque junto con la caja. Además fueron precursoras del uso de la pintura metalizada”.

“De acuerdo a las características de la época del ’50, esta (moto) tiene un guardabarros grande atrás por lo que se la bautizó como ‘polleruda’”, añadió y detalló que “está restaurada en un cien por cien original”. En cuanto a la Benelli destacó que es un modelo que marcó “la época en la cual se empezaron a diseñar estos motores que venían con la caja en una sola pieza, y significó el inicio de las motos modernas”.

Para continuar, el dueño de la Tehuelche de 1958, una moto nacional mediana con un aspecto descuidado como consecuencia de cuidarla hasta llegar al extremo de no limpiarla, destacó que su rodado “es totalmente original de fábrica, no ha sido restaurada y tiene años de estar parada”, y agregó que el vehículo es restaurable, pero “tiene valor histórico así (sin restaurar), para algunos es fea, pero muchos valoran la originalidad de la moto”.

El organizador de la muestra, Daniel Taravella, consiguió para exhibir la Zanella RK4 de 1966 del corredor oriundo de Adrogué, Raúl Ubieta, quien cuenta con un record de títulos, entre los que se encuentran once campeonatos argentinos y cuatro sudamericanos. Taravella resaltó que según el hermano del piloto la moto está “tal cual la corría Raúl”.

“Es la historia de mi vida, cuando era joven tenía esta moto”, recordó Carmelo Nicolás Cosolino, apodado “Cholo”, sobre la Triumph T-110, una de sus dos rodados en exposición, y añadió: “Me costó muchos años conseguirla, es la que más quiero de las tres que tengo”. Por otra parte, afirmó haber restaurado él mismo la otra exhibida, una Triumph Boneville de 1977. “Hoy la tengo en buen estado y la están usando mis hijos como si fuera una moto de calle, no me la dejan vender y ya le tomé cariño hasta yo también”. Cholo se reconoce como un fanático de las motos Triumph, que según sus palabras “son las más lindas que hay”. “No me subí nunca a otra moto que no fuera Triumph, ni me senté, porque no quise perder la delicia de andar como andaba cuando tenía 25 años.”

Con el correr de la tarde, entre el olor de las motos y el tronar de sus motores, el público pudo disfrutar de una muestra que reunió a la comunidad motoquera y ofreció un espacio para compartir su
cultura.

CDD-AFD
AUNO-14-05-12

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