La madre que lucha contra las redes de trata

Margarita Meira fundó la Asociación Madres Víctimas de Trata que brinda asistencia a mujeres que sufrieron explotación sexual. Su hija Susana Becket fue víctima de este delito, y desde entonces exige respuestas en la Justicia y lucha contra “un Estado proxeneta”.

Carlos Dileo y Valentina Lira

“Cuando tenía ocho años fuimos con mi prima a bañarnos a un arroyo de Misiones. Me metí al agua y jugué con las ramas de un árbol caído. De repente, me encontré con dos ojos que me miraban. La curiosidad me llevó a acercarme. Giré la cabeza y descubrí que el animal estaba arriba del árbol caído. Ocho metros de largo más o menos. Era una anaconda. Con mi prima corrimos hasta el cansancio por un yerbatal. La tierra nos llegó hasta el cuello”. Esa niña ahora tiene 68 años. Ya no corretea por la selva misionera. Pero aún esa anaconda, como un fantasma del pasado, la persigue cada vez que entra a los Tribunales o a una comisaría para denunciar la trata de personas con fines de explotación sexual. Margarita Meira siente aún ese miedo de la infancia cada vez que se presenta ante un juez o un comisario.

Tiempo después, en terapia, encontró una respuesta. La psicóloga le explicó que aquella travesura rememora el mismo sentimiento a la hora de luchar contra un “Estado proxeneta”. Los pasillos de Tribunales y de las comisarías se le hicieron rutina a partir de la desaparición de su hija Graciela Susana Becket en 1991. “Mi historia empezó cuando desapareció mi hija. Por desgracia uno se involucra cuando te pasan estas cosas”, cuenta Margarita, fundadora del centro cultural y comedor comunitario Madres de Constitución. Se convirtió en una luchadora incansable contra la trata de personas con fines de explotación sexual en nuestro país desde su asociación, Madres Víctimas de Trata, fundada en 2015.

En 1988 Margarita junto a su familia inauguraron el comedor debido al hambre y la pobreza que había durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Estaban sin trabajo y Margarita salió a vender comida a la calle, mientras que su marido se hizo taxista. Desde ese año nunca pudo cerrarle la puerta al espacio que aún alimenta a personas que no son contenidas por el gobierno de turno. “El hambre es un crimen” es la frase que pregona un cartel colocado arriba de la entrada al centro cultural. En la actualidad, Margarita y sus compañeras alimentan a unas 400 personas todos los días. Desde temprano madres, padres y abuelos hacen fila en la puerta de la institución con tuppers, bolsas y mochilas. “Esta es nuestra lucha. No damos abasto. Somos muchos, pero somos todos voluntarios”, remarca.

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Su hija Susi la acompañó en la inauguración y en los primeros años del comedor. Pero su vida dio un giro de 180 grados cuando la joven, de 17 años, desapareció en Plaza Constitución. Seducida por su novio Luis Rafael Olivera, de 25 años, ella abandonó su casa. Tiempo después, Margarita, embarazada de dos meses, emprendió su búsqueda.

Entre lágrimas y sudor visitó oficinas de fiscales, políticos y abogados. “En esa época pensaba que estaban todos ocupados pero nunca me imaginé que ellos estarían implicados en este problema”, contó. El desconocimiento sobre el mundo judicial se transformó en una piedra en su camino. “La primera vez que fui a averiguar por el expediente de mi hija, lo primero que me preguntaron fue el ‘auto’, me quedé paralizada, no entendía de qué se trataba”. Un abogado le explicó que se lo hacían a propósito “para que la gente común no entienda” y le aclaró que le pidieron el nombre de la carátula. “Eso quiere decir ‘auto’”, remarcó.

La secretaria del juzgado de Menores N°6, Virginia Lourenco, fue asignada como asesora tutelar para seguir su caso en los noventa. “Lourenco insistió en que Susi tenía la edad suficiente para saber lo que hacía, porque ellos no estaban para cuidarla”, relató. Otro de los lugares donde fue a pedir ayuda fue la ex oficina de la SIDE. Allí fue recibida por Jaime Stiuso y Raúl Martins, quienes le manifestaron que “harían todo lo posible por encontrarla”. Esta respuesta y la del juez le transmitieron tranquilidad a Margarita. Sin embargo, la situación fue distinta en Casa Rosada, donde pidió audiencia con el vicepresidente Eduardo Duhalde, y le recomendaron que “vuelva a su casa y cuide a sus otros hijos”.

En 2008 Margarita recibió la visita de la hija de Raúl Martins, Lorena. La joven le contó que su padre era dueño de prostíbulos. “Ella me contó que un día se apoyó contra la pared del placard que estaba limpiando, sintió que había algo hueco y ahí encontró fotos de chicas, documentación, teléfonos y otros datos que era evidencia de la relación con los prostíbulos”, recordó.

En 2012 Lorena denunció a su padre por trata y proxenetismo. Así Margarita se enteró que el ex agente de la SIDE fue quien regenteaba mujeres en Cocodrilo, lugar donde estuvo cautiva su hija en 1991. La causa contra su padre no prosperó ya que no es legal denunciar a un familiar directo por delitos que cometió contra terceros. La explotación de Susi también estuvo a cargo de Gabriel Conde —hijo de Luis Conde, dirigente de Boca Juniors— cuando estuvo en Shampoo.

Al año de búsqueda, Margarita recibió la peor noticia. Mientras amamantaba a su hijo Martín de tres meses, le notificaron que su hija desaparecida fue asesinada en un departamento de Flores.

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El difícil camino en la búsqueda de Justicia

Cuatro años después, Margarita retomó el caso de su hija. ¿Por qué tanto tiempo después? Su vida necesitaba volver a tener paz. Había vivido un infierno tras un año de deudas y caminatas en diferentes lugares. El cuidado de sus hijos Guadalupe y Martín era la prioridad en ese momento.

“Todavía no sé cómo llegué al Juzgado de Familia, estaba sola y mi cuerpo temblaba de la angustia”, relató mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Las sorpresas nunca dejaron de estar desde la primera vez que puso un pie en Tribunales. Se dirigió hasta allí para hacerle un trámite a una integrante del comedor, pero se encontró con lo inesperado. Cuando llegó a la mesa de entrada le pidieron su DNI ya que el expediente de la señora no estaba registrado. “Cuando se lo di, la chica me preguntó si no tenía un juicio en la calle Tucumán 1629 (N.D R: La dirección pertenecía al lugar donde asesinaron a su hija) No sé la cara que habré puesto. Pedí que me anotaran los datos en un papel y me fui”, agregó.

La desazón y la impotencia por el traspaso de la causa a distintos abogados oficiales se convirtieron en sentimientos que siempre estuvieron presentes en cada lugar al que visitaba para buscar un avance. La meta estaba cada vez más lejos. Por eso, su marido, Miguel Ángel Santiago, decidió comenzar a estudiar Derecho en la Universidad Nacional de Buenos Aires en 1999. Hoy es uno de los abogados que trabajan en la asociación.

En el juzgado se enteró que el caso tenía una carátula diferente a lo esperado. “Hicieron pasar su muerte como un accidente. A mi hija le alquilaron un departamento de un ambiente y mientras dormía abrieron la llave del gas. Después, la sacaron de la cama y la pusieron en la bañera. Vestida y maquillada. El asesino, de los nervios, se olvidó de sacar el papel que obstruía la salida del calefón y dejó la cinta con la que encintaron la ventana”.

Margarita llegó a la conclusión de que el cuerpo fue plantado en ese lugar: “Estaba probado que fue un homicidio, pero nadie hizo nada”, insistió. A esta situación, se sumó el hecho de que alguien había cobrado 40 mil dólares por la supuesta muerte accidental de Susi. “Quien cobró ese dinero fue la persona que se hizo pasar por su novio, porque no estaban casados”. La situación generó mayor desaliento en ella. “Se me dio vuelta el mundo porque si cobraron una indemnización por un accidente, es difícil hacer un juicio por homicidio”, manifestó Margarita.

No hubo justicia para Graciela Susana Becket porque la causa prescribió. Por eso, desde la asociación exigen que estos casos sean considerados de lesa humanidad para que sin importan el paso del tiempo puedan ser juzgados. La causa está archivada, y los culpables aún siguen impunes.

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La valentía, un sello personal

El empuje, la audacia y sobre todo el coraje son características que Margarita heredó de su padre, quien formó parte de la lucha contra la esclavitud de los Bemberg en Misiones. “Mi viejo luchó contra la esclavitud laboral y yo lo hago contra la explotación sexual”, dijo con orgullo de sus raíces.

La pérdida de su hija la impulsó a perder el miedo. Esta situación hizo que enfrentará experiencias que la hicieron más fuerte, una de ellas fue su paso por la cárcel en 2004. La detuvieron por venta ambulante y estuvo 14 meses presa. Estar detrás de las rejas se convirtió en un “gran aprendizaje” para ella. “Para mí fue un máster en trabajo social, porque en la cárcel se aprende cosas que la calle no te da. Si quisieron hacerme daño les salió mal, porque ahí sabía a qué político le vendían droga y cuánto le pagaban al fiscal, al juez y a la policía”.

La privación ilegítima de su libertad despertó la voz del escritor argentino José Saramago, quien publicó en Página 12 una carta abierta al gobierno titulada “Les miserables”. En ese escrito llamó a la reflexión y pidió por su liberación inmediata.

En 2005 hubo elecciones parlamentarias en Argentina. Un grupo de militantes, que apoyaban su trabajo, fundaron el partido Asamblea de San Telmo donde ella encabezó la lista como candidata a diputada nacional en Capital Federal. Su situación como procesada no le impidió participar en el sufragio, aunque la campaña sufrió algunos contratiempos. El límite en el tiempo de uso del teléfono y las presiones por parte de la directora del penal llevó a que los periodistas deban entrevistarla en su celda sin revelar su profesión. Un año y dos meses después, Margarita salió en libertad sin acusación alguna.

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El año pasado se realizó la quinta edición del Congreso Latinoamericano sobre Trata y Tráfico de personas en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) en la ciudad de Lima. Margarita se enteró sobre la fecha de cierre de inscripción. Aún así, habló con referentes de Observa La Trata, organizadores de este congreso, para poder asistir al evento. Por mail le contestaron que no vaya porque “ya estaba cerrada la inscripción y no entraba nadie más”. Margarita no se quedó de brazos cruzados con esa respuesta y se dijo a sí misma: “Yo voy igual”.

Durante el primer día del evento, intentó colocar su bandera en el aula magna donde se realizaba la apertura para hacerse visible. La estiró en el suelo, pero no le permitieron dejarla. En ese momento, se acercaron tres mujeres representantes de Alemania, México y República Dominicana: “La bandera está bien acá porque este es un encuentro internacional sobre trata y tienen que estar las fotos de las chicas desaparecidas”, dijeron en defensa de Margarita. Acto seguido, trajeron una mesa y la pusieron sobre ella.

Entró al aula magna y se sentó en las primeras filas para estar cerca del escenario. La apertura comenzó con normalidad, pero a la mitad del evento dejó de funcionar el micrófono. Margarita aprovechó el momento. Se paró de la silla, levantó la mano y pidió la palabra. “En la Argentina no tenemos ni Justicia, ni abogados, ni gobierno que nos represente. Estamos en una miseria total. Vengo en nombre de 14 madres de víctimas de trata. Vine sola porque el pasaje me salió mil dólares, lamentó no haber estado invitada a este lugar tan importante. Pero, en nuestro país tenemos 30 mil prostíbulos, y eso está prohibido. 27 mil pibas desaparecidas, mujeres muertas enterradas como NN, internadas en psiquiátricos y muchas de ellas todavía las estamos buscando. Disculpen por la interrupción, lo que pasa que las madres somos muy atrevidas porque así nos trata el gobierno argentino”, dijo frente al auditorio.

Todos se levantaron para aplaudirla. Les devolvió el micrófono y la apertura siguió su curso. Cuando salió afuera del aula descubrió que se habían armado diez talleres sobre trata y todos querían que ella participe y cuente su experiencia. Después de esta experiencia, Margarita espera poder participar del próximo que se realizará en noviembre en Quito, Ecuador. “El viaje me cuesta 16 mil pesos, no sé de dónde voy a sacar el dinero para ir, pero no voy a faltar”, aseguró.

Aliadas en la lucha

Capital Federal tiene 1.200 prostíbulos, según los datos que maneja la fundadora de Madres Víctimas de Trata. “En cada uno de ellos hay un promedio de 10 chicas”, agregó. En 1949 se firmó el Convenio para la represión de la Trata de Personas y de la explotación de la Prostitución Ajena que establece que “toda forma de explotación de la prostitución ajena es punible, sin importar el consentimiento de la víctima”. Además prohíbe el establecimiento de prostíbulos y la reglamentación de la prostitución; plantea la prevención de la prostitución y la trata; no divide entre Prostitución y Trata porque las hace expresamente, a una, consecuencia de la otra”. El convenio, donde Argentina adhiere, remarca que “está prohibida la prostitución y no puede haber prostíbulos”, reafirmó Margarita.

Su clara postura a favor del abolicionismo le trajo aliadas y enemigas en su camino. La disputa por el uso de los carteles y su pechera la llevaron a optar por no participar más de las marchas donde cierta parte del feminismo que está a favor del “trabajo sexual” no está de acuerdo con su presencia en el palco. Pero, en aquellas marchas de Ni una menos encontró una aliada que la defendió en dos ocasiones: “Norita me preguntó qué pasaba, le dije que me querían sacar el cartel, entonces ella lo agarró y lo tuvo ella. En otra ocasión, me pidieron que me sacara la pechera y ella me dijo: “¿Cómo te vas a sacar la pechera? No, de ninguna manera”. La titular de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Nora Cortiñas, fue su guardiana.

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Un reconocimiento agridulce

La Pirámide de Mayo se transformó desde hace dos años y medio en un espacio de visibilización para las Madres Víctimas de Trata. Los terceros viernes de cada mes realizan la ronda alrededor del monumento. Antes de comenzar a utilizar ese espacio, Margarita pidió permiso a Nora Cortiñas, Estela de Carlotto y Hebe de Bonafini. Tras la aceptación, comenzaron a realizar las vueltas. El 21 de septiembre de este año cumplieron la vuelta número 27. “Las víctimas de trata son las desaparecidas en democracia”. Por eso, ella y sus compañeras se definen como “las nuevas Madres de Plaza de Mayo”.

En una de esas tardes de ronda, el periodista italiano Valerio Biscuri vio a las madres manifestándose en la plaza. La curiosidad lo llevó a acercarse a conocer de qué se trataba. Así fue como la historia de Margarita llegó al diario italiano “La República”. Gracias a este hecho, ella recibió el premio italiano a la Mujer del Año por su lucha. “Nunca imaginé un reconocimiento de este estilo. Pensé que me iban a mandar el premio, pero me pagaron el pasaje para ocho días de estadía y me trataron como una reina”, detalló. Sin embargo, esta distinción le trae sentimientos encontrados: “Es una alegría y una tristeza a la vez, porque es duro que te den un premio por este tipo de lucha. Nadie quiere recibir un premio así”.

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El precio de la lucha

“Es una lucha dura”, dice Margarita cada vez que piensa por todo lo que pasó. Su lucha no está exenta de amenazas y ataques mafiosos. En marzo decidió no asistir al Paro Internacional de Mujeres ya que prefirió resguardarse antes de su viaje a Italia. No se equivocaba. Dos días antes de partir a suelo europeo, sufrió un ataque en la sede de Madres de Constitución. El hecho ocurrió mientras daba una entrevista a la revista Hecho en Buenos Aires. “Me tirotearon cuando estaba la gente en la puerta. El disparo falló, ya que la bala pasó entre la gente. No encontramos el impacto, sí el casquillo”. Además, el atacante estaba en moto y se cayó. Luego, se levantó, disparó y se escapó.

Cuando logró calmar a la gente después del ataque, el hombre volvió con la moto para recuperar el casquillo. Aún estaban afuera: “Yo pensé que nos mataba a todos”, sostuvo Margarita. El agresor volvió para recuperar la evidencia. “Cuando vino la policía le tuve que entregar el casquillo, me dijeron que el que lo junta es un cana. Porque al chorro no le importa, si tiene un arma robada. El que busca el casquillo lo hace, porque es de su arma reglamentaria”, agregó.

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En octubre de 2016 Margarita participó del Miércoles Negro donde se pidió justicia por el femicidio de Lucía Pérez en Mar del Plata. “Mientras estaba en esa marcha, me llegó un mensaje de mi marido. Le avisaron que habían colgado un cartel que decía ‘Cerrado por duelo’. Una de las chicas que trabaja en la cocina del comedor lo descubrió. “Ella, ante la duda, fue a preguntarle a mi marido quién se había muerto”, recordó. No había fallecido nadie, pero sí hubo un mensaje de advertencia a Margarita.

“No nos van asustar ni apretar. Ellos no querían que me vaya a Italia. Porque en Europa puedo contar todo lo que pasa en Argentina. Mientras que los medios argentinos no me dan prensa. El tema está muy tapado acá. Mi única difusión es a través de volantes, y charlas en las escuelas y las universidades”, denunció.

¿Qué debería hacer la sociedad? Margarita y las otras madres buscan “visibilizar lo que pasa en los prostíbulos” porque “cuando el pueblo sepa lo que pasa, algo va a cambiar en la gente”, respondió.

Ella sabe que ese cambio no es de un día para el otro. “Las Madres de Plaza de Mayo estuvieron 30 años para meter presa a la dictadura”, remarcó. Hay que entender que los prostíbulos son “centros clandestinos de violaciones y torturas seguida de muerte”. Su deseo es “rescatar a las pibas” de aquellos lugares porque “sus cuerpos no son una máquina ni una basura” para ser vendidas por proxenetas. “Creo en el pueblo, en la juventud y en la lucha para cambiar esta situación”, remarcó.

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