La pasión de correr a 170 kilómetros por hora arriba de un Fiat 600

Las categorías zonales son un pasatiempo en serio: el objetivo es salir a la pista, pero todos sueñan con ganar. La historia de dos primos que se sacan chispas.

Alan Reynoso

Lomas de Zamora, octubre 21 (AUNO).- ¿Qué es el automovilismo zonal? Es más que andar rápido en una pista con un auto armado: es una pasión hecha hobby que mezcla las ganas y el sacrificio económico con el espíritu de disfrutar un fin de semana en un autódromo entre amigos. Para algunos corredores son las primeras armas en este deporte; para otros, un pasatiempo que se toman en serio. Son autos que llegan a acelerar hasta 170 kilómetros por hora en un recta y todos quieren ganar para ser el uno de la categoría en la que participan.

“Mi pasión por correr está desde que nací”, asegura Néstor Tortonesi, piloto de la categoría Fiat 600 Light 1.3. Lucha la punta del torneo con su primo Sergio y otros pilotos. Matías Aguirre, mientras, está de vuelta con su 147 en la Zonal Pista. A los tres los une la pasión por el deporte motor.

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El año pasado en la categoría monomarca de los fititos eran más de 20 autos. En este arrancaron diez, pero con el correr de las fechas se vieron más pilotos en pista. Ahora son más de 15. La categoría decidió presentar vehículos más competitivos, con motores más potentes. No es un detalle para estos pilotos: el salto genera más gastos y no todos llegan listos a las carreras.

Por un guardabarros

Nestor Tortonesi es de Mataderos. Comenzó hace un año y medio en esta categoría. Primero con una bolita armada por su equipo. Después tuvo un motorista. Ahora, él mismo arma el auto, junto a sus colaboradores.

“Mi debut en la Light fue en el Gálvez (el autódromo de Buenos Aires). Terminamos el auto justo para una carrera en junio o julio. Renegamos bastante con varios problemas: el más importante fue que el motor que tuvo un defecto en el sistema de lubricación y terminamos corriendo la final con un auto prestado” , cuenta.

La primera victoria se hizo esperar. Durante varias fechas Tortonesi marcó el mejor tiempo en clasificación pero no tuvo suerte en las finales, por un toque o algún desperfecto de la máquina.“Cuando gané fue un desahogo tremendo porque había hecho la pole (largar primero) y venía ganando de punta a punta. Pero entró el auto de seguridad y en el relanzamiento, faltando dos vueltas me tocaron en la curva 1, me fui de la pista y quedé cuarto”, reconstruye. Con garra y manejo, se recuperó y logró ganar esa carrera por un guardabarros de diferencia.

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En los primeros años corrió en la modalidad binomio con su primo Sergio Tortonesi, de Villa Luro. ¿Cómo es eso? Corrían una carrera cada uno y se sorteaban quién iba a las clasificaciones. Pero este año cada uno tiene su auto. En la pista se respetan, aunque, si ven el espacio, se pasan.

En la primera carrera juntos, después de preparar los dos autos en el taller de Néstor, tuvieron un encuentro no deseado.

Fue en La Plata. “Después del sacrificio que fue armar los dos autos, salimos a la pista por primera vez los dos juntos. En la primera vuelta, calentando gomas, mi primo que venía adelante hizo un semi-trompo y yo venía tan pegado que no lo pude terminar de esquivar”. Fue leve, pero un choque al fin.

En ese mismo fin de semana automovilístico, a pesar del incidente,lograron ser los autos más rápidos y en la final consiguieron el 1- 2 de los primos (como los conocen en los autódromos). Sergio Tortonesi largó último y ganó en esa primera carrera. Un par de fechas más tarde, se invirtieron los nombres.

El primo

Sergio Tortonesi dice que es una alegría inmnesa”compartir la pista con su primo. Lo mejor” es cuando hacen el 1-2, dos veces este año. “Con Néstor desde chicos nos imaginábamos que algún día podríamos estar corriendo juntos y se cumplió”, se alegra el piloto.

“Trato de estar tranquilo aunque a veces me da un poco de ansiedad, pero sin volverme loco. En las carreras pueden pasar mil cosas que tiran por la borda todo lo planeado. Los chicos (mecánicos) se ocupan de cada detalle del auto. El fin es sumar lo más posible y hacer que el auto llegue, y no cometer errores”, desarrolla el animador del campeonato de la Fiat 600 Light 1.3.

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Siempre con el 147

Matías Aguirre, de San Fernando, conduce un 147 mejorado en la categoría Zonal Pista, desde 2014. Este año corrió cuatro fechas. Tiene un taller y arma un auto en el equipo de Turismo Pista llamado Tigre Racing.

“A mi siempre me gustó el Fiat 128, pero el 147 me identificó toda mi vida. Fue mi primer auto, tuve cuatro de calle. Se dio la oportunidad de comprar uno de carrera, y es el quinto; cosas del destino que siempre me llevan a un 147”, resalta Aguirre.

El día a día de Matías previo a la competencia es mirar con detalle a su 147 en el taller. “Nunca pensé que iba a llegar a cumplir el sueño de poder estar arriba de un auto de carrera, hoy lo estoy cumpliendo y cada carrera la disfruto al máximo, como si fuera la última, pese a los resultados”.

Después de estar ausente por varias fechas por un accidente —chocó contra el paredón de la recta del autódromo de Buenos Aires—, volvió a correr un día que jugaban Boca-River. En esa fecha usó la camiseta xeneize y le fue bien. No se la saca más.

Las cábalas se siguen siempre y no se cambian por nada. Aunque se duda de la eficacia, siempre es una herramienta para aferrarse. “Desde ese día siempre la llevo escondida en la butaca”, cuenta el piloto.

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