La historia de dos trabajadores de la salud que transitaron juntos la Covid-19

Un médico clínico y un enfermero del Oñativia compartieron habitación durante una semana. Los temores vividos y las secuelas que persisten.

La pandemia de coronavirus que golpea al mundo ha dejado historias de diferentes calibres, con secuelas que persisten incluso una vez superada la enfermedad tanto en lo orgánico como en lo psicológico. Omar Brea y Facundo Flórez estuvieron internados durante una semana en el Hospital Oñativia, donde trabajan hace años, y pasaron de observar el drama diario a vivirlo en primera persona. “Cuando te dicen que van a internarte te pasan muchas cosas feas por la cabeza”, coincidieron en diálogo con AUNO.

En un contexto de contagios creciente en el interior del país, y con una meseta aún muy elevada en el AMBA, las noticias sobre el personal sanitario que resulta infectado son cada vez más duras. Según informaron autoridades de la Asociación Sindical de Profesionales de la Salud de la Provincia de Buenos Aires (Cicop), al 21 de septiembre un total de 20.934 trabajadores de la salud se contagiaron de Covid-19.

En ese sentido, según un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), América es la región del mundo que registra un mayor número de trabajadores sanitarios infectados por el virus, con más de 2500 personas que han sucumbido ante el virus.

Por otro lado, al 14 de este mes en la provincia de Buenos Aires la cantidad de fallecidos registrados dentro del personal sanitario ascendía a 95. “Al día de hoy es muy probable que la cifra sea mayor”, sostuvo la titular de Cicop, Marta Márquez.

El caso Omar Brea

A principios de agosto Omar Brea (59), médico clínico especializado en diabetes y nutrición que trabaja en el Hospital Oñativia, de Rafael Calzada, comenzó a detectar en su organismo síntomas que llamaron su atención. Cefaleas, fiebre y dolor muscular lo llevaron a consultar con los infectólogos del nosocomio donde realiza su actividad laboral, quienes decidieron realizarle una tomografía para evaluar su situación. Los resultados no fueron los deseados.

“En el primer estudio apareció una imagen en un pulmón, y ya en la segunda tomografía se vio que avanzaba hacia el otro, por lo que decidieron internarme a raíz de una neumonía bilateral” explicó Brea, quien además forma parte de la comisión directiva de Cicop, seccional Hospital Oñativia.

De hecho, el especialista en diabetes y nutrición remarcó que cuando vio la expresión en el rostro de la infectóloga al observar su tomografía se dio cuenta que algo no estaba bien, aunque recalcó que si bien estuvieron muy cerca de colocarle oxígeno, finalmente no fue necesario. Sin embargo, destacó que por la profesión que practica el conocimiento sobre los peligros que trae la Covid-19 son mayores, lo cual genera a su vez una fuerte preocupación.

Es un momento muy difícil porque el que trabaja en el campo de la medicina sabe las consecuencias que puede traer este virus. Por eso me da bronca cuando la gente subestima lo que pasa, ya que el que lo vive desde adentro y le pone el pecho sabe que las complicaciones pueden ser múltiples”, afirmó Brea, quien debió permanecer una semana internado y fue atendido por sus propios colegas: “De golpe un día pasás de observar lo que pasa a ser vos el que está en una cama”, indicó.

La situación de Facundo Flórez

Casi en paralelo a la fecha de inicio de los síntomas de Brea, el enfermero Facundo Flórez (30), quien se desempeña al igual que su mujer en el Oñativia, se enteró que un compañero de guardia había empezado un fin de semana a tener síntomas asociados a la Covid-19. “Esa fue la primera señal de alerta a pesar de que uno toma todos los recaudos posibles. De hecho estuve lunes y martes bien, lo cual me hacía sentir tranquilo”, relató Flórez.

Sin embargo, llegado el miércoles, los síntomas aparecieron: “Comencé a sentirme cansado, y ya el jueves amanecí con un dolor de espalda increíble que me afectaba tanto estando parado como acostado. No tenía posición. A mi compañero le había dado positivo, por lo que yo sabía que tenía muchas chances, aunque no puedo asegurar si me contagie de él porque ambos tratamos de ser siempre muy cuidadosos”, explicó quien es padre de dos hijos.

Como el dolor de espalda persistía, una ambulancia fue a la casa de Flórez y lo trasladó al hospital, donde una tomografía reveló el mismo diagnóstico que a Brea: neumonía bilateral. Inmediatamente, se decidió que lo adecuado era que quedase internado.

Apoyo entre compañeros y la angustia del aislamiento

Durante una semana, Brea y Flórez compartieron habitación en el mismo centro sanitario donde trabajan. El sostén mutuo fue clave para atravesar una etapa difícil, en la que ni siquiera es posible ver la cara de enfermeros y médicos que ingresan a la sala a atender a los pacientes, y el contacto con los familiares se da solo a través del celular. En ese aspecto, ambos remarcaron la angustia que genera quedar internado de un momento a otro, sin saber que ocurrirá.

“Los primeros días son muy difíciles, en mi caso fui a hacerme una tomografía y de golpe me internaron. Una neumonía bilateral no es una ‘gripecita’, se sabe que si hay compromiso pulmonar va para largo y en ese momento el miedo corre por todos lados. Uno piensa en la familia que no te puede ver, y como no sabés que va a pasar, la angustia que te envuelve es grande”, sostuvo Brea.

En ese orden, quien forma parte de Cicop ponderó el haber tenido la compañía de Flórez, lo cual evitó que el aislamiento fuera total. A pesar de la diferencia de edad la patología era la misma, por lo cual el soporte brindado entre ellos fue fundamental: “Todo el tiempo nos preguntábamos cómo nos sentíamos y nos dábamos palabras de aliento, estábamos pendientes de cualquier síntoma diferente. Fue mucho más llevadero que si me hubiera tocado estar solo”, expresó.

Según detalló Brea, el mínimo esfuerzo generaba un cansancio total en su cuerpo: “Ir al baño se sentía como si hubiera corrido un buen rato, cuando en realidad no era así”. A raíz de ello, tanto a él cómo su compañero le efectuaban controles para conocer la saturación de oxígeno en sangre. “Otro momento duro es cuando te informan que es posible que debas usar oxígeno”, afirmó.

Por su parte, Flórez coincidió respecto a la angustia que genera quedar internado en forma repentina: “Tengo dos hijos chicos e inmediatamente uno se asusta por ellos. Soy una persona calma y positiva, pero se que muchos compañeros la han pasado mal y eso te genera dudas”.

Para el enfermero, el haber compartido habitación con un médico fue de gran ayuda: “Omar fue un excelente compañero y me ayudó a que todo fuera más llevadero. Unas horas antes de que me dieran el alta él se pudo ir, y ese lapso que me tocó estar solo se siente feo. Uno se entera de quien te atiende si te dicen el nombre, porque solo ves dos ojos que te miran y nada más. Es una situación desagradable”.

Síntomas que perduran

Ambos pacientes recibieron plasma al poco tiempo de ingresar al centro sanitario, y aunque la gravedad del virus no llegó a ser extrema, los efectos colaterales persisten. En el caso de Flores, algo puntual comenzó a sucederle mientras estuvo internando: “En el hospital me pasaba que de golpe, mientras comía y sin motivo alguno, empezaba a tener una taquicardia fuerte con pulsaciones que llegaban a 130 por minuto. Esta enfermedad te asusta mucho porque uno no la conoce, y suceden cosas extrañas en forma repentina”, explicó.

Al respecto, el joven enfermero señaló que esas palpitaciones le continuaron ocurriendo cada tres o cuatro días, motivo por el cual deberá acudir al cardiólogo. Por su parte, según señaló Brea, su tomografía “aún refleja una imagen algo opaca en los dos pulmones”, señal inequívoca del paso del virus por su cuerpo, al mismo tiempo que destacó el “cansancio que queda por un tiempo en el cuerpo”. “Yo tengo un antecedente de un pequeño problema neurológico que me afecta los miembros inferiores y que luego de esto se agudizó, aunque de a poco lo voy recuperando”, contó.

Además, el medico clínico puso énfasis en las secuelas respiratorias que pueden quedar en la misma cicatrización de la infección, así como complicaciones cardiológicas y en algunos casos neurológicas.

Tras compartir sus vidas durante una semana en una habitación del mismo hospital al que acuden en forma periódica, ambos trabajadores sanitarios valoraron la compañía y el apoyo mutuo, en tanto que llamaron a la población “a tener más empatía y ser más responsables en este contexto tan delicado que toca atravesar”.

AUNO-23-09-2020
FC-MDY

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