La fiesta en el Gallardón

Matias Mazzocchi Cuando Horacio Elizondo marcó el final del partido, Pierters dejó de ser un ignoto jugador para convertirse en ídolo de la afición albirroja, y en simultáneo, todo Lomas comenzó a vivir un sueño hermoso, del cual nadie quería despertarse. Mientras los hinchas que estaban en Quilmes comenzaron a pegar la vuelta hacia sus […]

Matias Mazzocchi

Cuando Horacio Elizondo marcó el final del partido, Pierters dejó de ser un ignoto jugador para convertirse en ídolo de la afición albirroja, y en simultáneo, todo Lomas comenzó a vivir un sueño hermoso, del cual nadie quería despertarse.

Mientras los hinchas que estaban en Quilmes comenzaron a pegar la vuelta hacia sus pagos para festejar todos juntos. Los vecinos de Lomas salieron de sus casas para ir al Eduardo Gallardón. Familias enteras, algunos hasta con sus perros, fueron a disfrutar de un logro que le pertenecía a todo un barrio.

En el estadio se mezclaban alegrías, recuerdos de la infancia. Hasta lo que no eran hinchas fueron a festejar, porque seguro, algún hijo o esposo estaba viviendo uno de los momentos más felices de sus vidas. Tampoco faltaba algún viejito que recordaba aquel equipo de 1968, que hizo una más que aceptable campaña en Primera. “Lo del estadio no me lo olvido más. Era algo impresionante e inolvidable”, remarcó Romero.

“Fue algo increíble. No me imaginaba que iba a ver tanta gente como la que había. Llegar de la cancha y ver todas esas personas fue algo hermoso. Además, esa fue la única vez que la tribuna visitante repleta, eso me sorprendió. Algo muy lindo que compartí con todos los hinchas y mis compañeros”, evoca Pieters.

30 mil personas concurrieron al reducto de Santa Fe y Portela para vivir una fiesta teñida de rojo y blanco. Banderas, personas llorando, hasta bebés empilchados con los colores de Los Andes, marcaban el festejo de un barrio que copó el estadio para vivir un hecho histórico. “Lo de la gente no me lo olvido más”, contó Ferrer.

“El recibimiento fue impresionante. Eso fue lo más impactante. No creíamos que iba a ver tanta gente en el estadio. Ver las tribunas así, fue increíble”, agregó el goleador. “En la sede ya había mucha gente que nos acompañó hasta el estadio”, remarcó.

Cuando los jugadores, arriba de un cochebomba, arribaron al estadio para dar la vuelta olímpica se produjo la mayor alegría de la noche. Ahí, la fiesta estalló. Mezclados con los hinchas que entraron al campo de juego para cumplir alguna promesa, los jugadores, entre la maraña de simpatizantes, dieron la vuelta y festejaron con todo un pueblo, que desde ese 16 de julio del 2000, los ama y los recuerdan a cada instante.

AUNO-15-07-10
MM-LDC

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