La espiral autodestructiva del ‘Taladro’

Marcos Acuña, que había asumido a la presidencia en reemplazo del renunciante Carlos Portell, decidió dar un paso al costado luego de recibir amenazas de muerte junto a su mujer en la zona de Las Lomitas. El bastón de mando quedará en manos del vice segundo, Héctor Marchetta. Mientras tanto, socios e hinchas se manifestaron en la sede y luego realizaron escraches en los domicilios de varios directivos. Un club que no sólo desciende de categoría con la pelota en los pies.

Florencia Tagliafico

Lomas de Zamora, junio 28 (AUNO).- La convulsionada situación institucional que vive Banfield sumó este miércoles un nuevo eslabón. Tras la anunciada renuncia del presidente Carlos Portell, el vice primero, Marcos Acuña, que iba a quedar a cargo del club, recibió amenazas de muerte y avisó que abandonará sus funciones en las próximas horas. Por lo tanto, el bastón de mando recaería en manos del vice segundo, Héctor Marchetta. Casi al mismo tiempo, unos 300 hinchas y socios se manifestaron en la sede social al compás del “que se vayan todos” y así allanar el camino para que se abra la convocatoria a elecciones.

Acuña, hombre de extrema confianza del intentente lomense, Martín Insaurralde, decidió dar un paso al costado a horas de ser ungido como sucesor de Portell luego de haber sido interceptado junto a su mujer en la zona de Las Lomitas. Allí, tras cruzarle un auto, le advirtieron que si continuaba en la política del club sería “secuestrado y asesinado”.

La inesperada salida de Acuña desembocaría en la asunción de Héctor Marchetta, que poco tiempo atras reemplazó al fallecido Marcelo Martínez en la vicepresidencia segunda de la institución. Médico de profesión, Marchetta es el director de la Unidad de Pronta Atención (UPA) que funciona desde hace meses en Lomas de Zamora.

Si Marchetta no acepta el convite, la Comisión Directiva deberá elegir entre sus integrantes al nuevo titular del club, tal como indica el estatuto. El llamado a elecciones sólo resultará necesario en caso de que renuncien nueve de los integrantes de la mesa chica. Hasta el momento, sólo hubo cuatro bajas (Carlos y Pablo Portell, Rafael Soler y Acuña), sumada a la dimisión de Pablo Viggiano, que oficiaba como vocal suplente.

Mientras tanto, más de 300 hinchas del ‘Taladro’ se reunieron en la sede social para reclamar la renuncia de todos los dirigentes de la actual y convulsionada Comisión Directiva. Marcharon hasta Maipú y Alsina, avenida que cortaron durante aproximadamente media hora. Y luego realizaron escraches en las puertas de las casas de Carlos Portell y otras autoridades.

La sede social ubicada en Valentín Vergara al 1600 presentaba una imagen poco habitual. Estaba cerrada, con las luces totalmente apagadas y rodeada por policías. Un cartel en la puerta anunciaba que el miércoles 27 la sede permanecería cerrada por el paro de la CGT en realidad, fue una huelga del gremio de camioneros y sindicatos afines, quedando curiosamente suspendidas todas las actividades.

A pesar de que no había nadie dentro del edificio, los manifestantes dejaron en evidencia su enojo contra la dirigencia y su malestar por la reciente perdida de la categoría. El primer apuntado fue el ex presidente Portell. Se escucharon las ya clásicas consignas “Que se vayan todos” y “El club es de los socios”. Además, por primera vez, también hubo cánticos contra el intendente Insaurralde.

Pero no sólo a través de las canciones expresaron su bronca los hinchas auto convocados. También colgaron banderas con diferentes frases: “Acuña, Pasty, Viñuales, Muñiz renuncien ya” y “Basta de municipales” eran algunas.

Luego de casi 45 minutos, decidieron ir a Maipú y Alsina al grito de “Soy de Banfield”. Todo transcurría con normalidad hasta que al pasar por “La Mascota”, un local de indumentaria tradicional en Banfield, donde trabaja un vocal del club, Carlos Martínez, algunos hinchas empezaron a insultarlo y la policía debió interceder hasta que bajaron las cortinas del negocio.

Ya sobre Alsina cortaron la calle y continuaron con su protesta durante casi media hora más. Hasta que a algunos se les ocurrió ir a la casa de Esteban Muñiz, uno de los dirigentes. El grupo se dividió. La mitad se quedó cortando la avenida mientras el resto se alejaba hacía el destino elegido. Más tarde se manifestaron en las puertas de las casas de Portell y otros directivos.

La crisis parece no tener fin y los hinchas, en su afán de hacer algo por el bien del club, terminan, quizá sin intención, dañando su imagen. Bienvenidos los reclamos pacíficos, los intentos de unión. Pero ¿en qué clase de club se está convirtiendo Banfield? ¿Cómo es posible que se amenace de muerte una persona o se vaya a hostigar a otra a su casa?

A veces las buenas intenciones se terminan desvirtuando cuando no se sabe realmente cuál es el objetivo a alcanzar. Hace mucho tiempo que es hora de empezar a pensar en Banfield.

AUNO 28-06-12
FT-MFV

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