La desconfianza de los vecinos

Un limbo cíclico: así puede resumirse la historia del Hospital Llavallol, que comenzó como una iniciativa gestionada por la comunidad y quebró en varias oportunidades. Desde su clausura en 2014, los habitantes de la localidad luchan por su reapertura. Por diferentes razones, no están de acuerdo con que la Municipalidad adquiera el inmueble.

Eugenia Muzio

Lomas de Zamora, agosto 30 (AUNO).- Un municipio con casi un millón de personas. Un hospital donde no alcanzan las camas y la sala de espera colapsa de lunes a lunes. Otro que fue construido por la comunidad y abandonado por el Estado. El Concejo Deliberante de Lomas de Zamora aprobó que la intendencia compre la deuda que estancó al Hospital Llavallol, pero los vecinos que hace años reclaman por su apertura desconfían de este repentino accionar.

Domingo Ramos Bravo, uno de los vecinos que pelea por la causa, sostuvo que “es una cuestión dudosa”, ya que las veces que intentaron acercarse a la Municipalidad nunca los recibieron; les dijeron que “no tenían la capacidad económica para atender las necesidades del centro de salud”; y delegaron la responsabilidad a la provincia. Ahora, “sin consulta de nadie, el Concejo emite un dictamen a favor de que se inicien las gestiones para la compra de la propiedad”.

El hospital comenzó como una iniciativa gestionada por la comunidad a través de una cuota social. Los terrenos fueron donados por Daniel Enz en 1943 y la sala de primeros auxilios comenzó a funcionar en 1947. A partir de los setenta comenzaron a ampliarse las instalaciones de la sala hasta conformarse el Hospital Llavallol. Las malas administraciones que le sucedieron condicionaron su quiebra en 2002.

En consecuencia, sus dueños renunciaron a su gestión y los trabajadores se hicieron cargo. En 2004 consiguieron que se aplique una ley de expropiación a título oneroso a favor de la cooperativa, pero el proyecto no prosperó y la institución volvió a quebrar. En 2014 se clausuró definitivamente y desde ese momento los vecinos, con temor a que pase a manos privadas, no dejaron de luchar por su reapertura.

En marzo de 2016, el Senado había aprobado por unanimidad la ley que permitía la expropiación del hospital, pero la gobernadora María Eugenia Vidal, quien debía dar el visto bueno, vetó la ley por decreto y volvió la situación a un limbo cíclico.

Ahora, por 3 millones 500 mil pesos la Municipalidad de Lomas parece hacerse cargo del conflicto, pero los vecinos no están conformes. “Nunca dijimos que queríamos que se vendiera el edificio, siempre dijimos que queríamos que fuera operativo”, indicó Ramos Bravo en diálogo con AUNO.

Por su parte, Bruno Amadori, otro de los llavallolenses inmerso en el caso, aseguró que “en la ordenanza que se aprobó en el Concejo, en ningún momento especifica el destino del inmueble, y eso a futuro podría malinterpretarse”.

“En esa misma reunión dos concejales pidieron implementar el artículo que detalle para qué iba a usarse el edificio, pero la mayoría negó la moción. Si realmente hay buenas intenciones por parte del municipio, ¿por qué esa ambigüedad tan irregular?”, planteó Bruno.

Concejales a favor

Desde el punto de vista vecinal, la compra del Hospital Llavallol es un acto dudoso que no hace más que reproducir el limbo inseguro en el que ya se encontraba la institución. En cambio, desde la vereda política, la concejala lomense por el Frente Para la Victoria Ana Tranfo y el concejal por el GEN Luis Figuerón vieron con buenos ojos la compra y opinaron que fue una “buena decisión” por parte del intendente, Martín Insaurralde.

En esta línea, Tranfo resaltó la necesidad de otro hospital público en la zona dado que el Gandulfo “ha quedado chico en un municipio de casi un millón de habitantes o un poco más”. Indicó que allí “hay sólo nueve camas de terapia intensiva” y que “sólo basta con ir cualquier día de la semana para darse cuenta de que la guardia colapsa. La demanda es mucha”.

Y agregó: “Estábamos esperanzados en la ley de expropiación. Cuando Vidal tenía que promulgarla —tenía fondos porque ya se había previsto en el presupuesto del año pasado— la vetó; y en el decreto que firmó dice que Lomas cuenta con las camas necesarias contando al hospital Estévez, que es un neuropsiquiátrico. No son instalaciones para todas las patologías.”

Por su parte, el concejal del GEN advirtió que éste es un “primer paso” y que “una vez que (la Municipalidad) se haga cargo de la quiebra, hay que hacer gestiones en la provincia de Buenos Aires para que se haga cargo de los fondos para que esto se ponga en marcha”. Ambos funcionarios destacaron que lo conseguido es gracias a “la lucha de los vecinos”.

Un hospital para todos

Atentos a los vaivenes políticos, Bruno y Domingo pidieron “claridad” en el asunto y afirmaron continuar con la defensa del centro de salud como propiedad de la comunidad de Llavallol y para el beneficio de todos.

“Los vecinos estamos haciendo acciones pura y exclusivamente sociales, no interferimos con la Justicia ni nos interesa la pelea ni la interna política. No se debe utilizar el hospital como una interna política porque el hospital es para todos”, opinó Ramos Bravo.

En este marco, Amadori expresó: “Hasta que ese hospital no esté abierto, y no se pueda atender tanto al rico como el pobre sin importar ideologías, religión o marginalidades, no vamos a parar. Fue construido ladrillo por ladrillo por nuestros antepasados inmediatos y no vamos a permitir que se utilice para rédito político, sino para el bien de nuestros seres queridos”.

AUNO-30-08-2016
MEM-MDY

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