Jaime Roos le puso ritmo rioplatense a Banfield

El cantautor uruguayo se presentó en Lomas de Zamora para brindar un recital durante el cual recorrió los clásicos de su repertorio. Prometió volver.

Manuel Rodríguez

Lomas de Zamora, marzo 16 (AUNO).- El cantautor uruguayo Jaime Roos brindó un recital en Banfield durante el cual recorrió 40 años de trabajo a través de una colección de sus grandes éxitos y destacó su ligazón con la ciudad, a la que prometió volver “algún día de estos”.

El músico desplegó su catálogo de ritmos y fusiones variadas, que llevaron del candombe a la impasible marcha camión murguera, con pasajes de tango, rock y cuplés carnavaleros en casi dos horas de show ante unas 200 personas que corearon sus reconocidos versos.

Una versión enérgica de “Amor profundo” abrió la noche en el Centro Cultural Padre Mugica y, sin mediar palabras, Roos acopló su tono grave al coro de murga de sus laderos, la banda 3 Millones, para luego soltar un breve “salud Banfield, buenas noches”, antes de entonar “Los futuros murguistas” y “El hombre de la calle”, uno de los temas más cantados y aplaudidos de la velada.

Ese inicio con contundencia, tanto en lo musical como en la puesta en escena dominada por la iluminación, fue la chispa efectiva para agitar a los espectadores ávidos de involucrase con la propuesta.

“Catalina” siguió el camino y más tarde el cantante hizo referencia a sus 40 años dedicados al arte. “Parece mentira, pero soy un sobreviviente”, consideró con una risa cómplice, que fue devuelta desde las butacas.

A oscuras y acompañado sólo de cuerdas y teclado, el montevideano bajó la marcha con “Las luces del estadio”, que transportó a todos al contexto de ese bar de trasnoche milonguera.

Sin tiempo para salir de allí, el resto del grupo volvió al escenario para engancharse con “Retirada”, que volvió acelerar el ritmo entre palmas en clave de candombe y el color de las luces al compás.

En un momento romántico, Roos entonó “Piropo”, para inmediatamente después dejar de lado la guitarra, unirse al coro y ceder la iniciativa a Pedro Takorián en la aclamada historia de “Brindis por Pierrot”.

Después regresó con “La hermana de la Coneja”, para modificar el clima una vez más y llevar de la alegría a la calma de la milonga profunda, con un prefacio:

—Me acuerdo de una vez que estaba con mi amigo Ángel, que tiene una disquería en Lomas de Zamora, “Don Disco”. Él me pasó un teléfono para que un amigo suyo me haga una nota en una FM zonal y resultó que ese tipo era Gabriel Mariotto.

Con el bigote frondoso, marca registrada en toda su historia, el cantautor reflejó su vínculo con Lomas y les dedicó “Aquello” al comerciante y al vicegobernador bonaerense, presentes en la sala.

Luego dijo: “Pido permiso para cantar un tango en Buenos Aires”, y con la venia de los espectadores se animó a una versión libre del dos por cuatro “De la canilla”, pieza “creada especialmente” para la tanguera Adriana Varela, que la estrenó en su material producido por Roos “Cuando el rio suena”.

El candombe “Tal vez che che” le dio continuidad al espectáculo e introdujo nuevamente al público en la cadencia afrolatina, que incentivó el acompañamiento de cada estrofa en un ambiente de fiesta.

Más tarde fue el turno de otro corista, Nicolás Grandial, que interpretó “Si me voy antes que vos”, previo a que Roos retornara con “Al Pepe Sasia”.

Para reactivar el fuego de los presentes, el compositor lanzó una serie de temas irresistibles para sus fieles: “Los olímpicos”, “Cuando juega Uruguay”, “Que el letrista no se olvide” (con solo de batería y percusión incluido) y “Adiós Juventud”, que llevaron al recital a su punto más alto.

La retirada de 1987, “Despedida del gran Tuleque”, fue la elegida para (casi) concluir el repertorio, pero los aplausos y el calor del público obligaron el retorno al escenario.

En un segmento muy personal, Roos calmó la ansiedad de la gente con dos canciones muy personales.

Así, sonó el tema uno de su primera producción “Cometa de la farola”, dedicado al cuadro de sus amores, Defensor Sporting, y luego fue el turno de “Durazno y Convención”, en homenaje al barrio de su infancia.

Con la sala de pie y con ganas de cantar un poco más, regaló otra retirada, “Colombina”, para ese público deseoso de que nunca se apague el eco de los bombos

“Hasta algún día de estos, Banfield”, fue la despedida de Jaime Roos, quien como la murga que dice y no grita, siempre volverá.

MR-AFD
AUNO-16-03-15

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