“En ocho años, Manu armó todo”

Silvia Casas es la fundadora y actual directora de Casa Manu, una asociación civil sin fines de lucro ubicada en Monte Grande, en el sur del conurbano bonaerense. El nombre de este hogar con “olorcito a torta” encierra una historia de amor y lucha, que Silvia comenzó en 1990 con la adopción de Emanuel (Manu), […]

Silvia Casas es la fundadora y actual directora de Casa Manu, una asociación civil sin fines de lucro ubicada en Monte Grande, en el sur del conurbano bonaerense. El nombre de este hogar con “olorcito a torta” encierra una historia de amor y lucha, que Silvia comenzó en 1990 con la adopción de Emanuel (Manu), su primer hijo del corazón.

Con solo 27 días, Manu se cruzó en la vida de esta mujer para dejarle un mensaje: Mucho Amor Nos Une. “Manu dejó hasta el nombre”, revela Silvia mientras recuerda el inicio de su compromiso con una infancia “doblemente vulnerable: por el virus y por el abandono”.

Emanuel tenía VIH. Por esos años era más difícil vivir con la enfermedad, no había tantos tratamientos y tampoco demasiada información. Pero Silvia no se dio por vencida y se esforzó para que su hijo viviera de la mejor manera. Así fue hasta el año 98, cuando Manu falleció.

Antes de su muerte, Emanuel viajó con su mamá a Francia para consultar con un médico que había estudiado un nuevo tratamiento. El viaje se concretó gracias a la solidaridad de la Cruz Roja Argentina, el Coro Kennedy y una compañía aérea.

Allí pasaron su última Navidad juntos. Silvia recuerda haber estado en una iglesia de París junto a su hijo. Lloraba mientras pensaba todo lo que había pasado y todo lo que había dejado en Argentina. Se preguntaba cómo le transmitiría a su familia lo que había vivido allí.

Manu la miró y le pregunto a su madre por qué lloraba. Antes de que ella le contestase, él le dijo: “Ya sé, es porque extrañas Monte Grande”.

Por esto Silvia afirma que Casa Manu no podía estar en otro lugar. Desde el 2003, el hogar funciona allí y a pesar de tener ahora la posibilidad de mudarse, ella volvió a elegir Monte Grande para criar a sus 12 hijos del corazón.

Actualmente, el proyecto de la nueva casa está en marcha. Pero los recursos para terminarla no alcanzan. Es por ello que aceptaron la oferta del conductor televisivo Marcelo Tinelli para que la modelo chilena Kenita Larraín los represente en el certamen “Bailando por un Sueño”, aunque ya fue eliminada. Para Silvia “un niño más en el hogar es un niño menos que sufre el abandono”.

Desde su fundación, la Asociación le dio un hogar a 25 niños con diferentes historias pero con un mismo sufrimiento: el abandono.

Pero no todo es negativo para estos chicos. Silvia rescata las ganas de ayudar de los vecinos, el amor de los voluntarios (aquellas abuelas, mamás y jóvenes) que día a día se entregan desinteresadamente a la tarea de ayudar, de enseñar y dar amor, al igual que los “Hogares Padrinos” que también le dan la posibilidad a los niños de tener una familia como cualquiera, una en la cual sentirse parte.

El hogar no tiene aspecto de institución, es más bien la casa de una familia numerosa. Del más chiquito al más grande, todos se preocupan por todos. Si a uno le pasa algo, todos están al tanto de la situación.

“Esto es Manu”, señala Silvia, mientras dos voluntarias se encargan de las tareas domésticas y los hombrecitos de la casa juegan a las figuritas en la terraza, uno de los pocos espacios al aire libre que tiene el edificio.

La vida de Silvia no fue fácil, pero a pesar de todo, sigue proyectando el bienestar de sus niños. Gracias a una beca, viajará a México este año para participar en el Congreso Mundial de SIDA. Esto la enorgullece porque el Hogar será reconocido también a nivel internacional y eso implica para ella la posibilidad de que la gente se entere de las cosas que se hacen, de la realidad de la enfermedad y la forma de vida que llevan quienes la padecen en la Argentina.

Además, Silvia asegura que ese Congreso representa la unión entre aquellos que se interesan y quieren hacer algo para modificar las cosas. Sobre todo, para dejar atrás al fantasma de la discriminación.

Silvia asegura que “Manu en ocho años armó todo”, le dejó más que su nombre, le dio la fuerza para seguir luchando y nunca bajar los brazos. Le enseñó que hay que unirse y hacer las cosas por amor.

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