En defensa de la “América Morena”

La historia de un descendiente del pueblo Toba: un testimonio sobre cómo vivir sin perder su identidad y luchar contra “intereses mezquinos del hombre blanco”, una mirada sobre el mundo que respeta a cada elemento como “las partes de un todo”.

Tony Reyes León es un descendiente Toba que vive en Esteban Echeverría: músico folklórico y melódico, escritor, conocedor de su pueblo, busca difundir las costumbres de sus antepasados y defender el derecho básico a la identidad. “En 1940, un grupo de hermanos se encontró en la ciudad de Pátzcuaro, en México, para discutir sobre los mismos temas que nos preocupan hoy: integridad, discriminación, conservación de la cosmovisión”, comienza Tony, con ansias de contar desde el inicio su lucha por la identidad de su “gloriosa raza Qom, mal llamada Toba”.

Fue el 19 de abril de 1940 que se realizó el “1° Congreso Indigenista Interamericano” con representantes de las diferentes poblaciones autóctonas de la “América Morena”, como él la define. Cinco años más tarde, Argentina adhirió a la convocatoria con el decreto 7550 a partir del cual se constituyó como miembro permanente del Congreso. En pleno siglo XXI, los pueblos originarios siguen la lucha por no ingresar en la “vorágine del sistema”.

—¿Cómo es defender sus costumbres y vivir en un mundo que intenta imponer estereotipos muy alejados de la lucha que ustedes encabezan?
—Luchamos a brazo partido contra todo eso. Y lo hacemos también por nuestros descendientes, porque ya muchos de nosotros están cayendo en esa vorágine. Para evitarlo, estamos en contacto con nuestros mayores, para que la identidad no nos sea enajenada. Siempre luchamos por el respeto a nuestra lengua, costumbres, comida; porque cada pueblo originario debe ser respetado en su calidad de nación.
—¿Cuál es el resultado de ese “contacto” con los mayores?
—Tratamos de estar con ellos y compartir, aprender. En mi caso, somos 12 hermanos y el único que anda en estas cosas soy yo. Cuando le quise poner un nombre aborigen a mi hijo, mi propia familia puso el grito en el cielo porque con el sólo hecho de tener un nombre distinto te discriminan. Tuve que acceder a llamarlo Tomás, pero su segundo nombre es Tabaré, que significa “pueblo profundo”. En la escuela, nuestros niños tienen problemas por sus nombres. Cualquier persona puede ponerle un nombre extranjero, pero si quiere llamarlo con uno originario debe presentarse ante el juez y concurrir al Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI) para explicar el significado en instancias judiciales y defender el derecho a poner un nombre de esta parte del mundo.
—¿Cómo es el contacto con quienes no son descendientes de un pueblo indígena?
—Queremos que no nos tomen como locos o que crean que hacemos ritos mágicos. Por ejemplo, la Corpachada (N.E: celebración en honor a la Pachamama, “Madre Tierra”, durante agosto, en la que se le ofrendan alimentos y bebidas) que realizamos en la zona tiene el objetivo de crear conciencia de respeto a la tierra, no es una brujería. Es clara la importancia del cuidado de la naturaleza para contrarrestar la contaminación, el avance del deshielo. Nosotros hablamos del hermano árbol, del hermano caballo, del hermano perro, no porque estemos locos sino porque creemos que somos partes de un todo.
—¿Hay otras agrupaciones de pueblos originarios en el distrito?
—Las más cercanas están en La Plata, Bernal, Quilmes y Derqui. En Esteban Echeverría habitó la comunidad guaraní de los Querandíes, que significa “los sueños maravillosos de un pueblo”. Pero no hay registros de ellos ni descendientes que se hagan conocer. En mi caso, mis padres no quisieron enseñarme la lengua. Empecé a aprender computación para poder llegar más fácil a la información y detectar a los hermanos de la zona para poder reunirnos sin intereses políticos o comerciales y defender nuestra identidad.
—¿Esta aclaración se debe a que sí existen agrupaciones con esos intereses?
—Siempre están los intereses mezquinos de todos los tiempos, por eso hay que estar atento a saber con quién hablar, a quién contarle la información de nuestro pueblo.
—Usted dice que es descendiente de la “raza Qom”, ¿Cuál es el grado de parentesco que lo une a ella?
—Soy descendiente por línea materna. Soy hijo de una toba, mi papá es portugués. Por supuesto que Tony Reyes León es un seudónimo para mi carrera musical, en realidad mi nombre es Tomás Marcial Pereyra. Mi madre nació en “Tres isletas”, Chaco, una estación en el partido de Maipú donde hoy hay una gran ciudad. No llegué a conocer a mis abuelos maternos pero me contaban de pequeño que mi abuelo era un “cinto pesado”, andaba armado con cuchillos y rifles para defender a la comunidad; estamos hablando de principios del siglo XX…
—¿Por qué nosotros conocemos a su pueblo como “Toba”, si en realidad su nombre original es “Qom”?
—Sí, mi pueblo se llama “Qom”, mal llamado Toba. En época de la conquista, los invasores venían acompañados de escribas que registraban todo lo que ocurría. Ellos, a la vez, recorrían la zona con un “alcahuete”, que podía ser un natural del lugar o alguien que lo conocía bien. Ocurrió entonces que cuando llegaron a la zona donde estaba asentado mi pueblo, una persona que los guiaba comenzó a gritar “Toba” que significaba “carón”, porque se pelaban la frente como símbolo de identidad y de pertenencia al grupo; les avisaba a los europeos que tuviesen cuidado con esas personas de “cara grande”.
—¿Cómo definiría a su pueblo?
—Como un pueblo aguerrido pero que, sin embargo, ama la paz. Un pueblo bello, con hermosos cantos y mujeres muy lindas.

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